25-02-2026, 06:28 PM
Ha vuelto a cometer el mismo error que años atrás. Recuerda ese mismo momento, la misma situación, aquella con la que su ahora ex-compañera pelirroja lo había encontrado entrenando mientras patrullaba. Hacía sentadillas con tal de no perder el tiempo, manteniendo su físico activo para no desinflarse por las horas en las que se mantiene de pie sin hacer nada más que eso. Cuando escucha a su compañero a la espalda sabe que, definitivamente, tiene que prestar más atención a su entorno.
—No es...la primera vez que pasa.—Dice, sin dejar el ejercicio al comprobar que el castaño no parecía darle importancia.—Pero hoy...parecen especialmente animadas.
Comienza a descansar ligeramente después de la serie, observando finalmente a su compañero tras de sí, dando la espalda a las observadoras. Uniformado, la ropa planchada y perfecta. A diferencia de las facetas más voluminosas de Kael, su compañero destaca por una figura tonificada, esbelta y trabajada. Sabe que no es un combatiente como él, por lo que engrosar los músculos podría incluso ser una desventaja para un tirador. El de cabello azabache es incapaz de apreciarlo, pero sabe que las chicas no estaban allí solamente mirándolo a él.
—¿En casa?—Kael hace tiempo que no piensa en Sorbet. Lleva varias semanas fuera de su tierra natal, y sin embargo no siente ni la más mínima nostalgia por esas tierras.—La marina es mi hogar, Dimitri. Tener a una mujer esperando es algo completamente impensable para mí. Si encuentro a alguien algún día, espero que sea aquí en la Marina, o seguramente no tendré la oportunidad de estar con esa persona en mucho tiempo.
Aún así, él no ha pensado muchas veces en esa situación. Su amigo albino lo mantiene bastante alejado de la idea de una pareja, siempre interesado en conseguir una noche de pasión y energías con cualquier bailarina que le entregue la oportunidad. El Reino de Samba le ha hecho particularmente mucho daño a un joven como él...y lo ha dejado solo en ese lugar más tiempo del que debió.
Incluso en la tranquilidad de ese ambiente, con grupos de personas caminando con normalidad y un ligero toque de aburrimiento, está siendo capaz de encontrar un momento interesante en la conversación que inició su compañero. Al final, no es tan desconocido ante esa clase de comentarios.
—En realidad, creo que es una oportunidad para conocernos entre compañeros de división.—Aunque esa palabra se le atragante en la garganta como un bocado grande de carne sin masticar.—¿Hay alguien en la división que haya llamado tu atención particularmente?
Tanto en el buen como el mal sentido, Kael siempre puede aprovechar pequeños retazos de información sobre la opinión que tienen entre ellos los compañeros de su equipo. La gente no parecía muy atenta a lo que ellos hablasen entre sí de todas formas, y salvo aquellas chicas y un grupo de chicos sentados no muy lejos de estas con cara de pocos amigos, el resto de personajes no hacían más que seguir con sus vidas como perfectos transeúntes.
La conversación se vio ligeramente entrecortada al notar como se acerca una de las chicas que, hasta la fecha nunca habían tomado la valentía de hacerlo directamente hasta ellos. No habían ofrecido el número directamente, sino que querían que ambos caballeros participasen en una salida junto a aquellas damas.
—Por supuesto. Será un placer—Tomaría educadamente la extensión de Den Den Mushi, guardándola en el bolsillo.
Pero aquella acción no pareció gustar a todos en el lugar. Los hombres sentados no mucho más lejos, con esa cara de pocos amigos, pusieron una mueca en sus rostros aún peor al comprobar la popularidad de los dos soldados, generando enfado. Uno de ellos decidió incluso acercarse hasta las chicas, quiénes, totalmente enfocadas en su amiga y en la emoción de la situación, no parecieron darse cuenta del acercamiento. Kael ofreció un par de toques en el hombro a su compañero con sutileza. No busca dar alarma, más si levantar la atención. Nadie en su sano juicio vería de buenas maneras un hombre como ese acercándose a tan alegres damiselas.
Desde aquella distancia, es imposible poder oír lo que dicen, pero cuando la distancia fue demasiado corta como para alejarse con seguridad para las chicas, la dicha fue reemplazada por nerviosismo y muchísima incomodidad. El marine se detuvo, observando el escenario.
—Ese hombre perfectamente podría estar armado. ¿Tienes el arma cargada?—Claramente, no va a quedarse sin hacer nada.—No tienen por qué correr peligro, pero es mejor estar seguros.
A paso tranquilo, a diferencia de la actitud orgullosa de un Marine, se acercaría tratando de no llamar la atención del enfadado esperpento. Apenas tardó unos cuantos segundos en alcanzarlos con la suficiente cercanía como para que su voz fuese escuchada.
—¿Va todo bien por aquí?—Habló, continuando los pasos uno a uno mientras trata de estar a su alcance.
—¡Tú no tienes nada que hacer aquí, Marine! ¿No tienes ningún pirata que atrapar? ¡Seguro que ahora mismo están robando en el puerto y vosotros aquí sin hacer nada!
Las muchachas, a pesar de la cercanía de los soldados, no parecían perder la intranquilidad. Y es que este problema, no venía solamente reflejado en ese tipo entre ellos.
—No es...la primera vez que pasa.—Dice, sin dejar el ejercicio al comprobar que el castaño no parecía darle importancia.—Pero hoy...parecen especialmente animadas.
Comienza a descansar ligeramente después de la serie, observando finalmente a su compañero tras de sí, dando la espalda a las observadoras. Uniformado, la ropa planchada y perfecta. A diferencia de las facetas más voluminosas de Kael, su compañero destaca por una figura tonificada, esbelta y trabajada. Sabe que no es un combatiente como él, por lo que engrosar los músculos podría incluso ser una desventaja para un tirador. El de cabello azabache es incapaz de apreciarlo, pero sabe que las chicas no estaban allí solamente mirándolo a él.
—¿En casa?—Kael hace tiempo que no piensa en Sorbet. Lleva varias semanas fuera de su tierra natal, y sin embargo no siente ni la más mínima nostalgia por esas tierras.—La marina es mi hogar, Dimitri. Tener a una mujer esperando es algo completamente impensable para mí. Si encuentro a alguien algún día, espero que sea aquí en la Marina, o seguramente no tendré la oportunidad de estar con esa persona en mucho tiempo.
Aún así, él no ha pensado muchas veces en esa situación. Su amigo albino lo mantiene bastante alejado de la idea de una pareja, siempre interesado en conseguir una noche de pasión y energías con cualquier bailarina que le entregue la oportunidad. El Reino de Samba le ha hecho particularmente mucho daño a un joven como él...y lo ha dejado solo en ese lugar más tiempo del que debió.
Incluso en la tranquilidad de ese ambiente, con grupos de personas caminando con normalidad y un ligero toque de aburrimiento, está siendo capaz de encontrar un momento interesante en la conversación que inició su compañero. Al final, no es tan desconocido ante esa clase de comentarios.
—En realidad, creo que es una oportunidad para conocernos entre compañeros de división.—Aunque esa palabra se le atragante en la garganta como un bocado grande de carne sin masticar.—¿Hay alguien en la división que haya llamado tu atención particularmente?
Tanto en el buen como el mal sentido, Kael siempre puede aprovechar pequeños retazos de información sobre la opinión que tienen entre ellos los compañeros de su equipo. La gente no parecía muy atenta a lo que ellos hablasen entre sí de todas formas, y salvo aquellas chicas y un grupo de chicos sentados no muy lejos de estas con cara de pocos amigos, el resto de personajes no hacían más que seguir con sus vidas como perfectos transeúntes.
La conversación se vio ligeramente entrecortada al notar como se acerca una de las chicas que, hasta la fecha nunca habían tomado la valentía de hacerlo directamente hasta ellos. No habían ofrecido el número directamente, sino que querían que ambos caballeros participasen en una salida junto a aquellas damas.
—Por supuesto. Será un placer—Tomaría educadamente la extensión de Den Den Mushi, guardándola en el bolsillo.
Pero aquella acción no pareció gustar a todos en el lugar. Los hombres sentados no mucho más lejos, con esa cara de pocos amigos, pusieron una mueca en sus rostros aún peor al comprobar la popularidad de los dos soldados, generando enfado. Uno de ellos decidió incluso acercarse hasta las chicas, quiénes, totalmente enfocadas en su amiga y en la emoción de la situación, no parecieron darse cuenta del acercamiento. Kael ofreció un par de toques en el hombro a su compañero con sutileza. No busca dar alarma, más si levantar la atención. Nadie en su sano juicio vería de buenas maneras un hombre como ese acercándose a tan alegres damiselas.
Desde aquella distancia, es imposible poder oír lo que dicen, pero cuando la distancia fue demasiado corta como para alejarse con seguridad para las chicas, la dicha fue reemplazada por nerviosismo y muchísima incomodidad. El marine se detuvo, observando el escenario.
—Ese hombre perfectamente podría estar armado. ¿Tienes el arma cargada?—Claramente, no va a quedarse sin hacer nada.—No tienen por qué correr peligro, pero es mejor estar seguros.
A paso tranquilo, a diferencia de la actitud orgullosa de un Marine, se acercaría tratando de no llamar la atención del enfadado esperpento. Apenas tardó unos cuantos segundos en alcanzarlos con la suficiente cercanía como para que su voz fuese escuchada.
—¿Va todo bien por aquí?—Habló, continuando los pasos uno a uno mientras trata de estar a su alcance.
—¡Tú no tienes nada que hacer aquí, Marine! ¿No tienes ningún pirata que atrapar? ¡Seguro que ahora mismo están robando en el puerto y vosotros aquí sin hacer nada!
Las muchachas, a pesar de la cercanía de los soldados, no parecían perder la intranquilidad. Y es que este problema, no venía solamente reflejado en ese tipo entre ellos.
