Horizonte personal [Presente Absoluto | Llegada]
#2
El mar no lo recibió agraciado, simplemente lo toleró. Baterilla emergió en el horizonte como una cicatriz que apenas había comenzado a curar. No era una isla que aclamara su nombre, no seducía con colores ni promesas. Se alzaba sobria, tranquila, con costas humildes y muelles de madera envejecida, como si hubiese aprendido que el tiempo siempre golpeaba a todo y a todos.

El barco aminoró la marcha, su avance se ralentizó entre crujidos y órdenes de sus tripulantes. El moreno observó en silencia, con el periódico aun doblado y arrugado entre sus manos, como si pretendiera fingir interés en el contenido de aquel papel. Con reconocer un par de rostros conocidos le era más que suficiente. Lo guardaría entre sus bolsillos. Sin saber por qué.

Cuando la quilla rozó el puerto y la pasarela descendió con un chillido áspero, el lunarian fue uno de los últimos en avanzar. Siempre los últimos tienen la ventaja, mayor visión. El ir y venir de los comerciantes, pescadores y viajeros componían una sinfonía desordenada, pero viva, humana. Olor a redes húmedas, a hierro oxidado, a fruta siendo comida en la zona. El murmullo era constante, pero no hostil. No todavía. Podría descender sin problema alguno.

Sus botas tocaron la madera del muelle con la firmeza de alguien que sabía que no esperaba ninguna bienvenida. El viento marino se enredó en su cabello blanco, empujó las negras plumas de sus alas, como si la propia isla se hubiese dado cuenta de que ya estaba allí, casi como un ser vivo. Aún cubierto, aun encapuchado, sus presencia pesaba. Demasiado alto. Demasiado ancho. Demasiado distinto a los locales. Una vez más. Algunas miradas se alzaron, quizás para juzgarlo. O quizás no. No era como las de la noche del festival. Aquellas llevaban el filo de la embriaguez y la chispa de la violencia fácil. Estas eran distintitas. Curiosidad tal vez.

Alek avanzó sin prisa. Había llegado. El destino marcado había sido alcanzado, aunque la incógnita que le generaba el suyo propio le arañaba por dentro, difusos, afilado, desconocido.

Cruzó el muelle con rapidez y se internó en las calles con la misma gracia con la que surcaba los cielos nocturnos, silencioso, atento, ágil pese a su tamaño. Las fachadas de madera y piedra parecían inclinarse unas hacia otras, cuchicheando sobre él. Un niño señaló antes de que su madre le bajara la mano con discreción. Un anciano lo sostuvo con la mirada un segundo más de lo normal.

¿Miedo?
¿Respeto?
¿Curiosidad?

La paranoia, su vieja compañera, le susurró en el oído. Pero no había hogueras ni risas ebrias aquí. No había sangre reciente reclamando venganza. Solo la vida cotidiana de una isla que respiraba a su propio ritmo. Se detuvo un instante en una esquina desde la que podía ver el puerto sin ser visto. Su mano, casi por instinto, rozó el arma en su cintura. Seguía allí, siempre allí. Su única constante.

Había llegado al lugar prometido. Ahora solo quedaba comprobar si las promesas, incluso incompletas, tenían algún peso en este mundo. El viento cambió, trayendo el olor a mar abierto. Ese que había tenido bajo la nariz durante todo el trayecto, pero que ahora se mezclaba con la vida cotidiana de la isla. Alek alzó el mentó, dejando que aquella brisa golpeara su cara. El viaje había terminado.

Aunque su trayecto acababa de comenzar una vez más.


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RE: Horizonte personal [Presente Absoluto | Llegada] - por Alek - 26-02-2026, 09:29 PM

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