Moja percibió el cambio en el tono de la conversación antes de que las palabras lo confirmaran. El festival seguía vibrando a su alrededor, música, risas, luces que parpadeaban como luciérnagas atrapadas en faroles de papel, pero, en ese instante, el mundo parecía haberse estrechado al espacio que compartían.
Cuando ella dijo que no se olvidara de sí mismo, Moja inclinó apenas la cabeza, aceptando la advertencia con una seriedad tranquila.
-No suelo olvidarme- respondió con voz baja. -A veces solo… me pongo detrás de lo que hago.-
No era una confesión dramática, sino una constatación honesta. Durante años, su identidad había sido función, deber, estructura. Que alguien le hablara de posibilidades no le resultaba incómodo; le resultaba nuevo. Observó la forma en que ella delineaba sus propios labios con el dedo y retiraba los mechones de su pelo. No apartó el rostro, sino que lo observó con curiosidad por saber que pasaba por la mente de Seraphine.
Cuando ella afirmó que bailar era su vida y que lo amaba con todo su corazón, Moja la miró con atención distinta, más profunda. Había visto convicción antes, en marines, en revolucionarios, en hombres dispuestos a morir por ideas, pero aquello era diferente. No era ideología. Era pasión.
-Se nota- dijo. -Cuando bailas… desaparece todo lo demás.-
No era un cumplido vacío. Era observación precisa.
La pregunta llegó directa, sin rodeos, y Moja no la esquivó. Sus orejas se movieron ligeramente hacia atrás, no por incomodidad, sino por concentración. Había aprendido que responder con honestidad era más sencillo que buscar la frase correcta.
-Te conocí hoy- comenzó con calma. -No puedo prometer algo que todavía no entiendo del todo.-
No apartó la mirada de la suya.
-Me caes bien. Eso esta claro. Me interesa conocerte más. Eso también esta claro.-
Hizo una breve pausa, eligiendo las palabras con cuidado, pero sin esconderse detrás de ellas.
-No sé si es amistad o algo que podría ser más. Sería irresponsable decirlo ahora. Pero no estoy aquí por curiosidad pasajera.-
Había firmeza en su tono, pero no presión.
Cuando ella lo atrajo con la mano y acercó la manzana a sus labios, Moja la sostuvo con una mirada que mezclaba ligera incredulidad y una sombra de diversión contenida. Aceptó el gesto, inclinándose apenas para dar otro mordisco, el caramelo crujiendo entre sus dientes mientras el dulzor se mezclaba con el aire salado del puerto.
Masticó despacio, sin soltar su mano.
-No necesito definirlo esta noche- añadió tras tragar. -Prefiero que crezca como tenga que crecer.-
Sus dedos ajustaron ligeramente el agarre en los de ella, no posesivo, sino presente.
-Pero sí puedo decirte algo con certeza.-
Se inclinó apenas hacia ella, reduciendo la distancia sin invadirla.
-No te estoy usando para olvidar nada. No estoy huyendo de algo. Estoy aquí porque elegí quedarme cuando podría haberme ido.-
El ruido del festival se elevó en ese momento, como si subrayara la declaración sin solemnidad.
-Y eso, para mí, ya significa algo.-
No fue una confesión apasionada ni una promesa apresurada. Fue una base.
Luego, con una leve inclinación de cabeza, añadió:
-Ahora enséñame a bailar sin pensar demasiado… antes de que vuelva a convertirme en “don robot”.-
Había en sus ojos un brillo distinto, menos defensivo, más dispuesto. Y aunque apenas se conocían desde esa mañana, Moja estaba haciendo algo que no le resultaba natural: avanzar sin mapa, sin estrategia, dejando que el siguiente paso dependiera no del deber… sino del momento.
Cuando ella dijo que no se olvidara de sí mismo, Moja inclinó apenas la cabeza, aceptando la advertencia con una seriedad tranquila.
-No suelo olvidarme- respondió con voz baja. -A veces solo… me pongo detrás de lo que hago.-
No era una confesión dramática, sino una constatación honesta. Durante años, su identidad había sido función, deber, estructura. Que alguien le hablara de posibilidades no le resultaba incómodo; le resultaba nuevo. Observó la forma en que ella delineaba sus propios labios con el dedo y retiraba los mechones de su pelo. No apartó el rostro, sino que lo observó con curiosidad por saber que pasaba por la mente de Seraphine.
Cuando ella afirmó que bailar era su vida y que lo amaba con todo su corazón, Moja la miró con atención distinta, más profunda. Había visto convicción antes, en marines, en revolucionarios, en hombres dispuestos a morir por ideas, pero aquello era diferente. No era ideología. Era pasión.
-Se nota- dijo. -Cuando bailas… desaparece todo lo demás.-
No era un cumplido vacío. Era observación precisa.
La pregunta llegó directa, sin rodeos, y Moja no la esquivó. Sus orejas se movieron ligeramente hacia atrás, no por incomodidad, sino por concentración. Había aprendido que responder con honestidad era más sencillo que buscar la frase correcta.
-Te conocí hoy- comenzó con calma. -No puedo prometer algo que todavía no entiendo del todo.-
No apartó la mirada de la suya.
-Me caes bien. Eso esta claro. Me interesa conocerte más. Eso también esta claro.-
Hizo una breve pausa, eligiendo las palabras con cuidado, pero sin esconderse detrás de ellas.
-No sé si es amistad o algo que podría ser más. Sería irresponsable decirlo ahora. Pero no estoy aquí por curiosidad pasajera.-
Había firmeza en su tono, pero no presión.
Cuando ella lo atrajo con la mano y acercó la manzana a sus labios, Moja la sostuvo con una mirada que mezclaba ligera incredulidad y una sombra de diversión contenida. Aceptó el gesto, inclinándose apenas para dar otro mordisco, el caramelo crujiendo entre sus dientes mientras el dulzor se mezclaba con el aire salado del puerto.
Masticó despacio, sin soltar su mano.
-No necesito definirlo esta noche- añadió tras tragar. -Prefiero que crezca como tenga que crecer.-
Sus dedos ajustaron ligeramente el agarre en los de ella, no posesivo, sino presente.
-Pero sí puedo decirte algo con certeza.-
Se inclinó apenas hacia ella, reduciendo la distancia sin invadirla.
-No te estoy usando para olvidar nada. No estoy huyendo de algo. Estoy aquí porque elegí quedarme cuando podría haberme ido.-
El ruido del festival se elevó en ese momento, como si subrayara la declaración sin solemnidad.
-Y eso, para mí, ya significa algo.-
No fue una confesión apasionada ni una promesa apresurada. Fue una base.
Luego, con una leve inclinación de cabeza, añadió:
-Ahora enséñame a bailar sin pensar demasiado… antes de que vuelva a convertirme en “don robot”.-
Había en sus ojos un brillo distinto, menos defensivo, más dispuesto. Y aunque apenas se conocían desde esa mañana, Moja estaba haciendo algo que no le resultaba natural: avanzar sin mapa, sin estrategia, dejando que el siguiente paso dependiera no del deber… sino del momento.
*Pienso* -Hablo- Narro
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