27-02-2026, 06:32 AM
El caos tenía una cola pomposa y orejas de animal. Nyra era lo más parecido a un cachorro de golden retriever, corriendo por todas partes con su nuevo juguete. Jamás habría imaginado que un Mushi Mushi pudiera ilusionar tantísimo a alguien. El problema era que sus gritos se solapaban con el tono monocorde de Kael. Aún así, mientras me alejaba de él, me pareció escuchar que insinuaba algo de Samba.
Antes de dirigirme al timón y comenzar con los preparativos, me acerqué a Nyra y le di una palmadita en la cabeza.
—Rigoberto —dije a la par que le mostraba mi caracol—. Por cierto, ¿qué pasó en Samba? ¿Kael y tú estáis liados? He insinuado que había algo entre vosotros y me ha dicho que te pregunte.
Alcé una ceja como si la respuesta pudiera interesarme.
—¿Va todo bien, Dimitri? ¿Cómo llevas el mando al timón? ¿Necesitas alguna cosa?
—¿Tienes algo para el dolor de cabeza? —voz áspera, fruto del malestar y de la fuerza con la que el dolor me había hecho apretar la mandíbula—. Me vendría bastante bien ahora mismo.
El reino de Briss por fin se divisaba en el horizonte. Estaba deseando llegar, echar el ancla y encerrarme a oscuras en uno de los camarotes.
—Por cierto, Kael, ¿cuál es tu versión sobre lo que ocurrió en Samba?
Le dediqué un vistazo de soslayo a través de la montura de las gafas. Quizás, si me distraía lo suficiente, podría dejar de pensar en las ganas que tenía de contraerme sobre mí mismo y cerrar con fuerza los ojos.
Antes de dirigirme al timón y comenzar con los preparativos, me acerqué a Nyra y le di una palmadita en la cabeza.
—Rigoberto —dije a la par que le mostraba mi caracol—. Por cierto, ¿qué pasó en Samba? ¿Kael y tú estáis liados? He insinuado que había algo entre vosotros y me ha dicho que te pregunte.
Alcé una ceja como si la respuesta pudiera interesarme.
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El trayecto se fue complicando a medida que el dolor de cabeza incrementó. No sabía que aspecto tenía, pero podía imaginar la tez pálida y ojerosa. Me había calado la gorra para tratar de paliar los efectos que el sol, en su punto más álgido, me provocaba. Las gafas negras mitigaban ligeramente el aura de las migrañas. —¿Va todo bien, Dimitri? ¿Cómo llevas el mando al timón? ¿Necesitas alguna cosa?
—¿Tienes algo para el dolor de cabeza? —voz áspera, fruto del malestar y de la fuerza con la que el dolor me había hecho apretar la mandíbula—. Me vendría bastante bien ahora mismo.
El reino de Briss por fin se divisaba en el horizonte. Estaba deseando llegar, echar el ancla y encerrarme a oscuras en uno de los camarotes.
—Por cierto, Kael, ¿cuál es tu versión sobre lo que ocurrió en Samba?
Le dediqué un vistazo de soslayo a través de la montura de las gafas. Quizás, si me distraía lo suficiente, podría dejar de pensar en las ganas que tenía de contraerme sobre mí mismo y cerrar con fuerza los ojos.
