Parte II: Un sabor nuevo en una vida repetida [PASADO | Uker]
#6
Su pequeño espectáculo había pasado a segundo plano, la reunión que se daba a un par de habitaciones de distancia no lo incluía más que en alma, en esos platillos a los que había dedicado su tiempo y esfuerzo. Por algo le pagaban por eso y no para hacer presencia.

Sin mucho más que hacer, recorrió los pasillos del lugar en soledad, dirigiéndose de nuevo hacia la cocina. Solo quería asegurarse de que todo estuviera en orden y nadie necesitara ayuda, pero al pasar por la puerta fue recibido por varios aplausos de los 5 cocineros que se encontraban ahí, los cuales tenían su turno para hacer guardia. Dijeron que lo habían oído, que los dejó sorprendidos a todos, que no podían entender cómo alguien tan joven se animaría a presentarse de esa manera sin haberlo preparado. Comieron un platillo preparado de manera rápida por ellos mientras hablaban de sus vidas, claramente incluyendo al más joven, quien sonreía mientras respondía a sus dudas.

Poco más de una hora habrá pasado cuando la puerta del patio interior volvió a abrirse. Uker salió por esta y dejó que se cerrara tras de él sin su ayuda, pues tenía las manos ocupadas. En su zurda un plato sobre el que descansaban una manzana y un cuchillo. En su diestra, un libro bastante fino, un pequeño acompañamiento para la larga noche que todavía le esperaba. ¿De que era el libro? Poco importa en este momento, no es interesante ni importante para la historia. Buscó un banco, uno que por su tamaño casi parecía una cama para él, acomodó el libro a su lado mientras cortaba cuidadosamente la fruta en varios trozos, comenzando a leer y comer para al menos tener algo que hacer.

Una pequeña ave se acercó al muchacho, posándose al otro lado del banco y observándolo. El hombre se acercó a esta y notó que traía algo en su pata, se trataba de un ave mensajera, con una carta para él. Tomó el contenido y acarició con cuidado la cabeza del animal dos veces, que revoloteo un poco sus alas ante el gesto, para luego salir volando de vuelta. Uker comenzó a desdoblar el papel, queriendo ver el contenido, pero una voz conocida le quitó su atención.

Recién cuando la mujer habló pudo darse cuenta de que se encontraba ahí, girando la cabeza para verla, algo sorprendido de encontrarla justamente ahí. - ¿Asherah? -. Se olvidó de la formalidad debido a la sorpresa, pero no hubo tiempo de corregir ese pequeño error, pues las palabras ajenas llegaron antes.

“¿Saber qué?”. Ella misma decía que él no podía saberlo, entonces, ¿Qué era? Se la notaba peor, algo debía haber pasado. Se rio, forzadamente, un gesto tan notorio que el muchacho se levantó de su asiento y fue hacia ella. - Tranquila, fuera lo que fuera podemos… -. La respuesta llegó, una que el cocinero tampoco esperaba. ¿La comprometieron? Era algo normal en estas familias, ¿no es así? Pero ella se veía tan dolida, no parecía haber estado enterada de eso antes de ser anunciado. - Yo… yo… lo sient… -. No pudo terminar, ella le pidió refugio, algo real, fuera de esa reunión de máscaras, alejarse de ese cúmulo de gente que solo la veían como algo que intercambiar. - Tranquila, tranquila -.

Se acercó a ella, su voz bajó y dejó que sus miradas se crucen. - Ven, siéntate conmigo -. Le ofreció su mano, acompañarla hacia el mismo asiento que antes estaba ocupando él. - No es lo normal, no lo es. O no debería serlo, no crecía en una familia así para… lo siento, nunca fui muy bueno con mis palabras -. Le costaba tranquilizar a la gente, no era su fuerte, podía escucharlos y comprenderlos, pero las palabras eran un terreno irregular para él. - Algo real…eh… -. Pensó un momento mientras ambos tomaban asiento y él guardaba el papel que no pudo leer en su bolsillo. - No se si será de tu agrado, pero puedo contarte sobre como aprendí a cantar -. No se le ocurría nada más, al menos no en ese momento.

- Mi hermanastro, el hijo de mi maestro, un día llegó con la idea de que entre todos los hermanos formáramos un show en la siguiente fiesta familiar. Se hacían cada tanto, era como una tradición que tenían, pero usualmente se contrataban bandas y cantantes -. Su voz se mantuvo serena, sus ojos bailaban entre sus propios recuerdos de esa época y los ojos de la lunarian, queriendo notar cualquier incomodidad y disgusto de su parte. De nuevo, no estaba seguro de ser bueno consolando a nadie. - Nos hizo aprender a tocar instrumentos, él ya lo hacía bastante bien, pero tuvo que enseñarnos al resto. Mi destreza nunca estuvo en los instrumentos, ni siquiera ahora, pero tenía mucha facilidad para copiar las notas que él pedía, por lo que se dedicó a enseñarme canto -.

Sonreía levemente, se notaba que amaba esos recuerdos tanto como amaba a esas personas. - Habrán sido dos meses de práctica, todos nos preguntábamos qué bicho le había picado para sugerir eso y llevarlo a cabo, pero dedujimos que era otra de sus ideas excéntricas que a veces tenía -. Rio un poco al recordar varias de estas, pero que no contó en ese momento. - En la fiesta, cantamos y tocamos esa misma canción, la que tuve que cantar hace un momento, por eso podía hacerlo con seguridad. Mi hermanastro, por su parte, se separó un momento para buscar a su pareja y subirla al pequeño escenario. Bailaron como los enamorados que eran, que siempre fueron, al fin y al cabo estaban juntos desde mucho antes de que yo llegara a esa casa -. Se le escapó una pista de su pasado, pero estaba tan concentrado en hacer sentir mejor a la mujer que no se dio cuenta de ese hecho.

- Cuando la canción terminó y los instrumentos se callaron, él tomó la palabra. No necesitó hablar, simplemente se arrodilló con cuidado, puo su espalda firme, levantó la cabeza para mirarla y sacó algo de su bolsillo. Un anillo, ella casi pega un grito, él le pidió matrimonio y ella aceptó, fue el suceso de la noche -. Rio de nuevo, ahora pensando en ese momento y en la locura que significó. - Fue ahí que entendimos porque había querido que fuéramos nosotros quienes cantáramos con él, tenía preparadas otra de sus locuras, la mayor y la mejor de su vida, según sus palabras -.

Se quedó un segundo en silencio, reviviendo esas escenas en su cabeza. Sin embargo, algo hizo click. Matrimonio, una pareja feliz, hablarle de eso a alguien que fue recientemente comprometida contra su voluntad no había sido una idea lógica. - Yo… lo siento, tal vez no… no era el mejor momento para contar eso, pero… eh… -. Sus palabras se pisaron, intentando pedir perdón por hacer algo así. Se llevó las manos a la cara y dejó salir por su boca un “Ay, lo siento” cuyo sonido casi que fue tapado por sus propias manos.

Como siempre, cometió otro error.

Suspiró y sacó sus manos de su rostro, intentó volver a mirar a la mujer, esperando no haberla incomodado más. - Mira, lo siento, solo… -. Intentó encontrar mejores palabras, pero debía hablar y no quedarse callado. - No puedo comprender ese dolor, y lo siento por eso, pero puedo acompañarte. Pase lo que pase, sientas lo que sientas, te obliguen a lo que te obliguen, puedo estar ahí -. De algún modo, consiguió sonar seguro en esas palabras, sorprendiéndose a sí mismo. - Si me necesitas, puedo ser esa persona que te recuerde que nada de eso es normal, que esa fachada no tiene que definirte, que todas esas palabras que te elevan a lo más alto te van a llevar muy cerca del sol -.

- No tuve una vida así. No tuve siquiera una… -. Se detuvo. No podía contarle eso, de ninguna manera. - Tal vez no soy el indicado para esto, pero puedes contar conmigo -. Observó a los ojos a la muchacha y mantuvo la mirada por un rato. - Si necesitas un plato de comida, un compañero de tragos, unas palabras… aunque viste que no es mi fuerte. Si necesitas un ancla a tierra… No se si me necesites a mi justamente pero… -.

- Ahí estaré -
[Imagen: nxACuAB.png]
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RE: Parte II: Un sabor nuevo en una vida repetida [PASADO | Uker] - por Rackham Uker - 28-02-2026, 02:30 AM

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