28-02-2026, 08:02 AM
Rápido, rápido, rápido.
¡RÁPIDO!
¡RÁPIDO!
Las palabras resuenan en los oídos de la amazona, golpeando su mente como si la estrellaran contra los muros de su propio cráneo. Las dispersas palabras, como si se tratasen de diseminados hilos, comienzan a entrelazarse, tejiendo una dolorosa verdad: Las lágrimas de una madre que suplica por auxilio.
“Arriba”
“Star”
“Pirata”
“Star”
“Pirata”
¿Qué más necesita aquella que se deja cegar por la rabia y el insano deseo de quebrar huesos? ¿Quién ha osado poner una mano sobre la infante de personalidad vibrante, sueños entrañables y sinceros sentimientos?
Desde lo más profundo de su inconsciente emerge una conocida y candorosa voz, aquella capaz de herir y reconfortar al mismo tiempo, la misma que escucha en sus sueños más personales y anhelantes; provocando que el gesto de la fémina se deforme en un intento extraño entre cólera y angustioso pesar. Aún así sus pasos no se detienen ante nada, no, ella asciende las escaleras a paso apresurado.
”¡Mami, Nin! ¿Podemos comprar azúcar para hacer manzanas acarameladas? ¡Vi en el periódico que las venden en las ferias!”
¿Cómo puede alguien atreverse a infundir miedo en un infante? ¿De llevárselo a rastras para satisfacer un deseo egoísta? Los sueños de un niño, por inocentes que parezcan, jamás serán inferiores a los de un adulto mezquino. Al contrario, la fémina de mirada oscura siempre ha valorado más las aspiraciones de los pequeños; comprende a la perfección que en sus manos descansa el porvenir, que la mayoría aún conserva la pureza propia de aquellos que no temen proclamar en voz alta sus anhelos. Desde desear comer manzanas acarameladas o un trozo de carne fresca, hasta querer continuar con el legado de un padre, queriendo convertirse en domadora de dragones.
Una única puerta en la planta superior se encuentra abierta, de ella surge el abominable murmullo de un monstruo atormentado a la pequeña protagonista del cuento. El cuerpo de la amazona tiembla. ¿Ira? ¿Odio? ¿Miedo? El estómago se siente vacío, la garganta se escuece y la comisura de los orbes arde. Es la mezcla más repugnante con la que puede convivir pero, aún así, debe hacerlo.
Sin perder el tiempo la fémina irrumpe en la habitación con un rápido desplazamiento, mientras su brazo derecho gira dos veces con rapidez. Le basta distinguir la figura que se encuentra de espaldas a la puerta, profiriendo una verborrea incesante, para no vacilar en su decisión de ataque: ese hombre es su objetivo. Star yace en el suelo, presa del miedo, entre lágrimas que parten el corazón de la fémina. Runin se aferra a los indómitos sentimientos de coraje para avanzar. ¿Qué le ha hecho? No lo sabe con certeza, pero prefiere golpear y luego preguntar, porque si cuestiona primero… no sabe cómo podrá reaccionar.
Runin lanza un violento puñetazo ascendente a la altura del riñón derecho de su adversario, por debajo de las costillas. —¡STAR TRIAL! —Brama al impactar. No contenta con ello, da un ligero paso corto hacia atrás, lo justo para tensar los músculos de sus piernas como un resorte a punto de estallar, volviendo a arremeter de nuevo sin conceder un solo segundo de respiro, impulsándose con fuerza hacia el frente. —¡SHOOTING STAR! —Un segundo golpe conecta con el mismo punto del primer ataque: El riñón derecho.
—¡RETROCEDE, STAR! —Ordena, implora o exige; a esas alturas ni siquiera sabe la expresión que pueda portar su rostro. —Mientras esté aquí nadie te tocará, cariño. ¡Nadie! —La fémina se mantiene observando a su enemigo, no baja la guardia ni retrocede mientras grita, sino que vuelve a girar su brazo derecho a gran velocidad, teniendo la intención de mantenerse a la ofensiva. Runin Kitay ha perdido hasta la última gota de templanza, entregándose por completo a su instinto de preservación: no el propio, sino el de Star. Porque en ese instante, lo único que le importa a la amazona, es la seguridad de ella y claro, romperle la cara al enmascarado.
BOLSA DE ESTRELLITAS


