Acuerdos de Otoño [ Pasado Social | Kibai | +18 ]
#16
El estallido de la uva entre sus labios no fue el final, sino la mecha que lo prendió todo. Para un cocinero como Kibai, el sabor era una ciencia; para su naturaleza de depredador, era una señal. Pero lo que Asherah le devolvió en aquel beso no fue solo azúcar y jugo, fue un desafío silencioso que le recorrió la espina dorsal como una descarga eléctrica.

Cuando la lengua de la Lunarian rozó la suya, el instinto de Mink de Kibai dio un vuelco. Sintió la textura de sus propias papilas felinas interactuando con la suavidad de ella, un contraste que lo anclaba a la realidad mientras su mente empezaba a flotar. Ella no se limitaba a recibir; estaba explorando, aprendiendo de él con una parsimonia que resultaba más devastadora que cualquier avance agresivo.

Kibai sintió la mano de Asherah en su cola, y un espasmo involuntario recorrió el apéndice moteado. No era solo contacto; era una caricia consciente que deshacía su fachada de oficial de la Marina. La presión de la palma de ella sobre su muslo y luego en su pecho, justo encima del corazón que martilleaba con fuerza sorda contra sus costillas, terminó de romper el último dique de su autocontrol profesional.

— Asherah... — el nombre escapó de sus labios como un suspiro ronco cuando ella se apartó apenas unos milímetros.

La observó relamerse el hilo de jugo en la comisura. No había rastro de la timidez civil; lo que veía en esos ojos aguamarina era una voluntad de hierro envuelta en seda. Kibai ya no se sentía el cazador que dirigía la velada; se sentía un partícipe necesario en un ritual mucho más antiguo y profundo.

La diferencia de tamaño, que antes era un obstáculo logístico, se convirtió en una ventaja embriagadora. Estar así, envuelto por sus alas, rodeando con su cola esa cintura que parecía diseñada para ser reclamada, le otorgaba una sensación de posesión y entrega absoluta.

Kibai no retrocedió ante la mirada inquisitiva de ella. Al contrario, acortó la distancia que ella había dejado para respirar. Su mano, que aún sostenía el resto del racimo vacío, cayó olvidada sobre el kimono extendido. En su lugar, sus dedos subieron por el cuello de Asherah, delineando la mandíbula con una delicadeza que contrastaba con la tensión de sus músculos. Con un delicado, aunque firme gesto, ladeó la cabeza de la Lunarian hacia la derecha, y deslizó su lengua desde el hueco de la clavícula hasta la línea de su mandíbula, permitiéndose el rozar levemente la piel de la lunarian con la punta de sus colmillos.

Cuando ella, en respuesta, alzó la mano para rozar sus bigotes, una descarga eléctrica recorrió a Kibai, haciendo tensar su cola alrededor del talle de Asherah, siendo recompensado con un ahogado sobresalto. Bajando aún más si cabía el tono grave de su garganta, Kibai se separó lo justo de la Lunarian para colocar una de las manos bajo su mandíbula, justo donde la blusa blanca de encaje se unía con su piel. Tensando levemente su agarre por ambos lados del cuello de Asherah , Kibai se adelantó para besarla de nuevo antes de sacar las garras y deslizarlas hacia abajo en una trayectoria deliveradamente lenta, rompiendo cada fibra de tela y apenas rozando la piel que había debajo para dividirla en dos mitades simétricas.

Usando su cola como apoyo, Kibai separó a la joven una vez más para contemplar su obra: los pechos de la joven, redondos y pesados, se erguían firmes ante él, iluminados aún por los últimos resplandores de los fuegos artificiales. El mink se tomó apenas un segundo, un momento para recorrer cada centímetro de la piel al descubierto, el modo en el que el collar que le había regalado captaba la luz de la luna y del festival que seguía celebrándose bajo ellos. SIn embargo, la tentación para seguir explorando su cuerpo era demasiado fuerte para seguir estudiándola de otra manera que no fuese mediante el tacto.

Atrayéndola de nuevo hacia él, Kibai llevó sus propias manos hacia su camisa, arrancando los botones de un solo tirón, dejandole a Asherah acceso libre a su pecho, mientras sus propios labios buscaban de nuevo el hueco de su clavícula y el pecho que había debajo después; y sus manos acariciaban el centro de la espalda de la Lunarian, allí dónde las alas negras nacían. La curva de las caderas de la joven quedó encajada contra la entrepierna de Kibai, y la evidencia de su excitación se hizo imposible de ignorar. Dando suave mordisco alrededor del pezón derecho, el mink notó como las garras le salían de las manos casi de manera inconsciente, desgarrando el brillante cuero de los pantalones de Asherah para aprisionar la suave piel de sus nalgas.

Empujándola suavemente sobre la delicada tela del kimono, Kibai recorrió todo el torso y el abdomen de la Lunarian, empleando tanto sus labios como su lengua para dejar un rastro brillante de piel de gallina, hasta llegar al cierre de los pantalones. Con una sonrisa traviesa, el mink miró hacia Asherah, antes de morder con delicadeza el botón, que saltó hacia fuera casi sin esfuerzo. Dando un firme tirón, Kibai deslizó el cuero hacia abajo, dejando al descubierto sus muslos torneados y la delicada ropa interior que al parecer había elegido.

Ronroneando suavemente, Kibai frotó su pelaje contra la cara interior de uno de los muslos, descendiendo hasta pasar la lengua por encima de la tela que cubría la entrepierna de la Lunarian. El sabor, caliente y salado, convirtió el ronroneo en un rugido involuntario, a medida que apartaba a un lado la fina tela para tener un mejor acceso a seguir degustando aquel plato inesperado, mientras sus manos continuaban acariciandole las piernas de Asherah, dirigiéndole divertidas miradas a la vez que intercalaba suaves mordiscos a la delicada piel de la joven.

El primer orgasmo llegó rápido. Kibai lo sintió en la forma en que sus muslos se tensaron, en el gemido desgarrado que escapó de su garganta, en el espasmo de su interior contra su lengua. No se detuvo. La sostuvo a través de cada onda, alargando el placer, bebiéndose cada gota de su respuesta. Cuando los temblores cesaron, cuando su respiración comenzó a calmarse, Kibai no se incorporó inmediatamente. Permaneció un momento más, su lengua dando los últimos lamidos suaves, casi tiernos, antes de separarse lentamente.

Pero no se levantó para volver a abrazarla. En lugar de eso, con un movimiento pausado, deliberado, Kibai se dejó caer hacia atrás. Su espalda encontró el tronco rugoso del árbol que había detrás de él, la corteza presionando contra su piel a través de la tela de su camisa entreabierta. Apoyó los antebrazos en sus propias rodillas, su pecho subiendo y bajando con respiración agitada, sus labios brillantes aún húmedos por ella.

Y entonces levantó una mano.

Un dedo. Solo uno.

Lo curvó hacia sí en un gesto inequívoco, una invitación que no admitía duda. Sus ojos verdes, brillando en la oscuridad con un hambre que no había hecho más que crecer, se clavaron en los de Asherah desde abajo. Su cola descansaba a un lado, relajada pero lista, esperando.

La diferencia de tamaño era abismal. Ella, cuatro metros de lunarian, poderosa, alada, enorme en comparación con su metro ochenta de mink. Desde su posición contra el árbol, ella lo dominaba todo, su silueta recortándose contra el cielo estrellado, sus alas desplegadas como sombras vivientes.

Y aún así, Kibai sonrió. Una sonrisa lenta, segura, que combinaba la picardía de un zorro con la certeza de un depredador que sabe exactamente lo que quiere.

Su dedo aún la señalaba, llamándola con esa osadía a medias valentía a medias locura.
[Imagen: gvCFAP2.png]
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RE: Acuerdos de Otoño [ Pasado Social | Kibai ] - por Kibai - 28-02-2026, 08:29 PM

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