28-02-2026, 09:19 PM
Había pasado ya un mes desde aquel incidente en el que vio por última vez a su buen amigo Tensei. Desde entonces, el desvelo se había vuelto un compañero constante. No podía evitar preguntarse si había hecho lo correcto al marcharse sin intentar ayudarlo. Sin embargo, en aquel momento sus instintos le gritaron que aquel hombre rítmico estaba muy por encima de sus propias capacidades. Intervenir habría sido un suicidio. Aun así, la duda persistía. Solo esperaba que el gyojin no hubiera perdido la vida en aquel enfrentamiento.
Los días se convirtieron en semanas.
Hasta que, una mañana, llegó un sobre sellado.
No tenía remitente, lo que despertó de inmediato la desconfianza de Bones. Podría tratarse de alguien siguiéndole el rastro. Aun así, decidió abrirlo. Bastó un vistazo a la letra firme y sobria para reconocerla: era de Tensui.
La carta no ofrecía detalles sobre lo ocurrido con el okama. Ni una sola mención al resultado del combate. En cambio, incluía instrucciones precisas para encontrar un barco donde él se encontraba. Decía que necesitaba hablar con él. Asuntos de alta importancia.
Bones sostuvo la carta durante largos segundos. La caligrafía, la forma directa de expresarse… todo coincidía con su serio y estoico compañero. Finalmente, tras meditarlo lo suficiente, decidió acudir al lugar indicado.
No le tomó demasiado tiempo llegar al puerto. Su consulta se encontraba en los callejones más apartados del centro de la ciudad, así que el trayecto no era particularmente largo. Caminó con paso firme, el sonido de sus botas marcando un ritmo constante contra el suelo empedrado.
Tras unos veinte minutos divisó el sitio señalado.
El barco no estaba en el muelle principal, sino más apartado, junto a una pequeña isla rodeada de afilados roqueríos que dificultaban el acceso. Aquello no parecía una coincidencia.
Bones observó la embarcación con detenimiento mientras se aproximaba. Estaba decorada con símbolos religiosos: ornamentos budistas e hinduistas tallados en madera oscura. Había una intención clara detrás de aquella estética.
Una vez a bordo, distinguió a un hombre de camiseta negra que permanecía de espaldas. Hablaba en voz alta sobre el budismo y mencionaba a un tal “Orador”. Bones no alcanzó a comprender el contexto; había llegado en mitad de una conversación.
Sin anunciarse, dejó caer su bolso de cuero al suelo.
El impacto resonó con suficiente fuerza como para atraer la atención de los presentes. Dentro llevaba sus pociones, hierbas y herramientas médicas, cuidadosamente organizadas.
—Muy buenos días… ewa. Perdón por interrumpir su conversación. Mi nombre es Bones… Doctor Bones —dijo con tono profesional, acorde a su elegante frac adornado con huesos y pequeñas calaveras—. Estoy buscando a un buen amigo mío. Tensui. Un gyojin alto, de semblante serio y pocos amigos. Según tengo entendido, debería encontrarse por estos lugares, así que decidí echar un vistazo.
Con gesto refinado, se retiró el sombrero de copa —también decorado con diminutas calaveras— y realizó una leve inclinación a modo de saludo.
Los días se convirtieron en semanas.
Hasta que, una mañana, llegó un sobre sellado.
No tenía remitente, lo que despertó de inmediato la desconfianza de Bones. Podría tratarse de alguien siguiéndole el rastro. Aun así, decidió abrirlo. Bastó un vistazo a la letra firme y sobria para reconocerla: era de Tensui.
La carta no ofrecía detalles sobre lo ocurrido con el okama. Ni una sola mención al resultado del combate. En cambio, incluía instrucciones precisas para encontrar un barco donde él se encontraba. Decía que necesitaba hablar con él. Asuntos de alta importancia.
Bones sostuvo la carta durante largos segundos. La caligrafía, la forma directa de expresarse… todo coincidía con su serio y estoico compañero. Finalmente, tras meditarlo lo suficiente, decidió acudir al lugar indicado.
No le tomó demasiado tiempo llegar al puerto. Su consulta se encontraba en los callejones más apartados del centro de la ciudad, así que el trayecto no era particularmente largo. Caminó con paso firme, el sonido de sus botas marcando un ritmo constante contra el suelo empedrado.
Tras unos veinte minutos divisó el sitio señalado.
El barco no estaba en el muelle principal, sino más apartado, junto a una pequeña isla rodeada de afilados roqueríos que dificultaban el acceso. Aquello no parecía una coincidencia.
Bones observó la embarcación con detenimiento mientras se aproximaba. Estaba decorada con símbolos religiosos: ornamentos budistas e hinduistas tallados en madera oscura. Había una intención clara detrás de aquella estética.
Una vez a bordo, distinguió a un hombre de camiseta negra que permanecía de espaldas. Hablaba en voz alta sobre el budismo y mencionaba a un tal “Orador”. Bones no alcanzó a comprender el contexto; había llegado en mitad de una conversación.
Sin anunciarse, dejó caer su bolso de cuero al suelo.
El impacto resonó con suficiente fuerza como para atraer la atención de los presentes. Dentro llevaba sus pociones, hierbas y herramientas médicas, cuidadosamente organizadas.
—Muy buenos días… ewa. Perdón por interrumpir su conversación. Mi nombre es Bones… Doctor Bones —dijo con tono profesional, acorde a su elegante frac adornado con huesos y pequeñas calaveras—. Estoy buscando a un buen amigo mío. Tensui. Un gyojin alto, de semblante serio y pocos amigos. Según tengo entendido, debería encontrarse por estos lugares, así que decidí echar un vistazo.
Con gesto refinado, se retiró el sombrero de copa —también decorado con diminutas calaveras— y realizó una leve inclinación a modo de saludo.
