10-11-2023, 07:35 AM
El fino oído de Irina vería respuesta su duda. Por las palabras que utilizó, Ikirami parecía ser reportera, estaba en el puerto "trabajando" pero las personalidades extravagantes del grupo de miembros del gobierno le llamaron tanto la atención que ... Hasta estaba apuntando cosas en un cuaderno. Irina cerró los ojos, sabía qué tenía que hacer, qué es lo que tocaba. Hacía mucho que no torturaba a alguien, por lo menos un año.
Alzeid, por otro lado, contestaría siempre con un tono fielmente sacado del reptil, daba igual lo que dijera, se sentía sibilino, ocultando verdades detrás de más mentiras. La Volkov no se fiaba de él, ni tampoco de la mujer pelirroja. Si me apuras no se fiaba ni de Daryl, que cada vez parecía estar más fuera de la órbita de Irina. No descartaba que todos estuvieran jugando sus propias cartas en dirección a la tortura del nuevo personaje, pero ninguno se movía con el sigilo que corresponde hacer eso en publico. Era bochornoso.
— A ver si es verdad y no fallas esta vez. — Contestó al polifacético Alzeid, que saldría, de nuevo, sibilinamente hacia la otra escena, donde entraría de la misma forma. Irina ya no veía una persona, veía una serpiente llegando hasta otro objetivo a la que drenarle la energía. Ese era uno de los tipos de personas más peligrosas que existían. Tal como se levantó y enfocó los primeros movimiento para con Daryl, Irina reaccionó como si ya hubiera visto el futuro. Suspiró antes. Sacó un par de guantes de látex que se colocó con finura, después se levantó y caminó con lentitud hacia la escena donde estaban todos. Lo que sucedería efectivamente estaba previsto. Ante el contacto directo Alzeid, Daryl, que dentro de lo que cabe, solía ser un hombre bastante contenido, estalló. Golpeó una mesa y agarró su arma.
Fue en ese instante que Irina se colocaría justo frente a él, sujetando sus mejillas con ambas manos. — Mírame. — Le apretó la cara. Tenía los guantes puestos, eso no evitaba el problema de Daryl, pero logró encontrar la forma mediante aquellos objetos una manera de entrar en contacto con el sin que explotara en ira al instante, se podría decir que retrasaba la molestia que el tipo sentía. Irina soltó el rostro de Daryl a los dos segundos, consciente de su problema. — Este no es el lugar. — Los ojos de la Volkov otearon el horizonte, todo el mundo estaba pendiente de ellos. El plan había fallado, días tirados a la basura por personajes que se comportaban como niños o peor aún, como piratas. Las altas esferas recibirían notificaciones sobre lo sucedido, de eso no cabía duda. — Has olvidado que estamos de misión. Has olvidado que estamos en público y sobre todo, has olvidado comentar que si estabas a punto de hacer algo, me lo tienes que decir. — Lo cierto es que entre Daryl e Irina había códigos, seguramente el hombre ya sabía que ahora venía el momento de capturar a Ikirami y practicarle las torturas correspondientes para que desvelara quién era realmente, pero antes de actuar había que decir que lo estabas haciendo. De lo contrario sucedía lo que estaba sucediendo. Descontrol.
El descontrol era el peor aliado de una persona bien aplicada. De repente un den den mushi empezó a sonar en no de sus bolsillos. Irina lo tomó con su diestra. — Agentes Daryl Kilgore e Irina Volkov, Glatus ha sido visto en las costas del Reino de Ilisia. Cierro conexión. — Se acabó la llamada. Tenebris emanaría un fuerte sonido antes de aterrizar en el hombro izquierdo de la agente. Estallaría de la fuerza el den den mushi. — Nos han tenido que dar ubicación ... Ni si quiera hemos podido llevar a cabo la misión de infiltración un par de días. — Bajó la mirada. — Esto es una vergüenza. — Lanzó el den den mushi sobre el cuerpo de Alzeid. — Nos vamos. — Miró a Daryl. — A no ser que prefieras seguir aquí comportandote como un simio. — Finalizó.
La misión les esperaba.
Alzeid, por otro lado, contestaría siempre con un tono fielmente sacado del reptil, daba igual lo que dijera, se sentía sibilino, ocultando verdades detrás de más mentiras. La Volkov no se fiaba de él, ni tampoco de la mujer pelirroja. Si me apuras no se fiaba ni de Daryl, que cada vez parecía estar más fuera de la órbita de Irina. No descartaba que todos estuvieran jugando sus propias cartas en dirección a la tortura del nuevo personaje, pero ninguno se movía con el sigilo que corresponde hacer eso en publico. Era bochornoso.
— A ver si es verdad y no fallas esta vez. — Contestó al polifacético Alzeid, que saldría, de nuevo, sibilinamente hacia la otra escena, donde entraría de la misma forma. Irina ya no veía una persona, veía una serpiente llegando hasta otro objetivo a la que drenarle la energía. Ese era uno de los tipos de personas más peligrosas que existían. Tal como se levantó y enfocó los primeros movimiento para con Daryl, Irina reaccionó como si ya hubiera visto el futuro. Suspiró antes. Sacó un par de guantes de látex que se colocó con finura, después se levantó y caminó con lentitud hacia la escena donde estaban todos. Lo que sucedería efectivamente estaba previsto. Ante el contacto directo Alzeid, Daryl, que dentro de lo que cabe, solía ser un hombre bastante contenido, estalló. Golpeó una mesa y agarró su arma.
Fue en ese instante que Irina se colocaría justo frente a él, sujetando sus mejillas con ambas manos. — Mírame. — Le apretó la cara. Tenía los guantes puestos, eso no evitaba el problema de Daryl, pero logró encontrar la forma mediante aquellos objetos una manera de entrar en contacto con el sin que explotara en ira al instante, se podría decir que retrasaba la molestia que el tipo sentía. Irina soltó el rostro de Daryl a los dos segundos, consciente de su problema. — Este no es el lugar. — Los ojos de la Volkov otearon el horizonte, todo el mundo estaba pendiente de ellos. El plan había fallado, días tirados a la basura por personajes que se comportaban como niños o peor aún, como piratas. Las altas esferas recibirían notificaciones sobre lo sucedido, de eso no cabía duda. — Has olvidado que estamos de misión. Has olvidado que estamos en público y sobre todo, has olvidado comentar que si estabas a punto de hacer algo, me lo tienes que decir. — Lo cierto es que entre Daryl e Irina había códigos, seguramente el hombre ya sabía que ahora venía el momento de capturar a Ikirami y practicarle las torturas correspondientes para que desvelara quién era realmente, pero antes de actuar había que decir que lo estabas haciendo. De lo contrario sucedía lo que estaba sucediendo. Descontrol.
El descontrol era el peor aliado de una persona bien aplicada. De repente un den den mushi empezó a sonar en no de sus bolsillos. Irina lo tomó con su diestra. — Agentes Daryl Kilgore e Irina Volkov, Glatus ha sido visto en las costas del Reino de Ilisia. Cierro conexión. — Se acabó la llamada. Tenebris emanaría un fuerte sonido antes de aterrizar en el hombro izquierdo de la agente. Estallaría de la fuerza el den den mushi. — Nos han tenido que dar ubicación ... Ni si quiera hemos podido llevar a cabo la misión de infiltración un par de días. — Bajó la mirada. — Esto es una vergüenza. — Lanzó el den den mushi sobre el cuerpo de Alzeid. — Nos vamos. — Miró a Daryl. — A no ser que prefieras seguir aquí comportandote como un simio. — Finalizó.
La misión les esperaba.
karmas
