Naufragio de Plumas y Escamas :: Pasado :: Privado
#7
Narrador / María Merlot

………………………..

¿Había conocido a alguien como él?
No, el alado la sorprendía con su timidez.

María lo observaba de reojo, siguiendo sus gestos, y viendo en sus orbes y postura una lucha interna. ¿Estaría enfermo? No, no tenía que ver con malestar en su cuerpo, sino más bien con su personalidad. No solo parecía un ángel, sin dudas era uno… y eso lo elevaba por encima de los peluches, él era simplemente adorable. El Príncipe Einarr, sería así por siempre y para siempre en su cabeza. No solo por su particular forma de ser, tan fresca y única en su mundo, sino porque sus acciones la cautivaron por si solas. Alguien como él nunca le haría daño, alguien como el ángel era un lugar seguro… y eso hizo que le gustara mucho más. Lo decidió en el instante en que lo vio aguantar la risa por aquella vergüenza suya de la arena, y la ayudo a quitarse esas invasoras partículas de la cara.

Creo que con eso esta

Y la sonrisa fue el cierre, si llego a dudarlo (no lo hizo), una suave y cálida sonrisa, sin nada oculto, sin forzar dulzura o respirar profundo en busca de calma. Él era genuino, de una forma tan inocente que la hizo sonreír también, desde su corazón, alumbrando sus de por si hermosas facciones. No solía ponerse metas, solo vivía el presente, pero no iba a dejar esa playa sin que el ángel fuera su amigo…

Bueno, de echo como le digo, no puedo volar.

Con su afirmación la celeste inclino la cabeza, haciendo que la larga cabellera cayera como una cascada cristalina a su lado. ¿Los ángeles de alas blancas no volaban? Esa era una información interesante, y muy de cotillear la verdad, considerando que Brownie, que tenía alas negras, podía volar y muy bien. Entonces no irían volando hacia el naufragio, tendrían que nadar, o solo ella lo haría, aunque ese pensamiento se desvaneció cuando lo vio dejando sus cosas bajo resguardo en una roca. María lo siguió con la mirada llena de curiosidad por cada acción, era meticuloso, diferente a ella que tenia los zapatos a un lado, y ahí se quedarían… ¿Quién se los robaría? Ella se quito la camisa overside que actuaba como suéter, y la dejo caer sobre su calzado.

No se la ubicación exacta del barco, pero llevo un rato analizando el flujo de los escombros y tengo cierta noción de su ubicación.

La voz del masculino se mantuvo por más tiempo, ella lo miraba a él mientras él miraba el horizonte. Su cabello negro, su piel pálida, sus ojos profundos… todo en conjunto lo hacia una vista agradable pero su aura, lo hacia cálido. No era un hombre, era un ángel, y ella se convencía cada vez más de eso. Llevo sus manos atrás, escuchándolo con atención, y asintiendo, podía notar la pasión por la exploración que emanaba de este. Eso la hizo querer ayudarlo más.

Cuando sin aviso fue hacia el mar, la sonrisa en los labios de la semi sirena se amplió, ahora era un ángel acuático. Por primera vez en un rato levanto la mirada hacia el horizonte, buscando con su buena vista lo que tenía tan cautivado a su futuro buen amigo. Restos del naufragio vivido. Aquel barco comercial los trajo a este mar, los saco del tranquilo South Blue, le dejo una peculiar aventura… que trajo un destello rojo a sus recuerdos, un rojo que posiblemente no vería de nuevo, nunca jamás… porque una cosa era hacer una declaración publica absurda y luego enfrentarse a esta cara a cara. No, no, no, en sus planes no estaba ese encuentro, solo postales según lo prometidó. ¡Por suerte el mundo era muy grande!…

Supongo que puedo guiarla hasta el naufragio, aunque no prometo seguirte el ritmo.

Sus pensamientos regresaron al ángel, quien extendió su mano en una invitación silenciosa hacia la aventura. María lo miro a los ojos ¿él vería el brillo de travesura en estos? No lo sabía, pero cuando el agua mojo sus pies, ya se sentía en casa, cuando llego hasta sus rodillas ya estaba deseando tirarse de cabeza a las profundidades le costó no hacerlo. Debia llegar al joven sin salpicarlo — ¿Tus alas siempre hacen eso? — pregunto curiosa viendo como las plumas caían y eran arrastradas por la corriente, luego tomo su mano: primero palma sobre palma, luego entrelazo sus dedos, si iban a nadar juntos, no podía perder su agarre — Príncipe Einarr. No tengas nervios, ya lo he hecho antes… ¡A Malvavisco le encanto! Y a ti también, más aún porque vamos por un tesoro perdido… y no hay prisa por volver a la orilla — sonrió recordando como el paseo con el apuesto hombre de cabellos blancos y ojos hipnóticos fue vertiginoso, después de todo no quería dejar mucho tiempo a su Unnie sola en la playa… esta vez sería distinto, nadie los estaba esperando, bueno, solo Hato, pero supuso que la paciencia era una virtud de las piruletas.

María paso a su lado, caminando con calma, no quería asustarlo. Sin soltar su mano, cuando el agua le llego a la cintura, volteo a verlo… y sus ojos brillaron aun más porque estaba a punto de llevárselo a nadar. Sin previo aviso se dejo caer de espaldas, atrayéndolo con ella, que uso sus pies para impulsarse, y alejarlos un poco mas de la orilla. Ahora ambos estaban mojados, pero aun así no se movieron mucho, aunque ya no tocaban el fondo — Deberías usar esa mano que tienes en el bolsillo, sino vas a hundirse, Príncipe Einarr — bromeo con él, soltando su mano para acercarse y pasar sus brazos por el cuello masculino, dentro del agua las alturas no significaban nada — Respira Profundo, Abre bien los ojos… — le dijo pegando su frente de la suya, sin ningún tipo de malicia. Sus orbes no dejaban de brillar…

Antes de cualquier respuesta…
Los hundió…
Le sonrió con calidez…
Y cuando toco el lecho marino los volvió a impulsar.

Esta vez, no hacia la superficie, sino en un arco fueron hacia adelante, a aquel lugar que los ojos del hombre veían con ganas de explorar. María lo tenia abrazado por el cuello, mientras con sus pies/piernas nadaba; y aunque el paisaje era cristalino, con peces, corales y toda una conjugación marina, en su cabeza solo existían números ¿Números? Si, estaba contando, serían 25 segundos exactos. Y cuando el conteo llego a los 25, los saco a la superficie. El sol los recibió, y la brisa los abrazo. María fue soltando los brazos del cuello del ángel para sujetarle las mejillas y obligarlo a mirarla — Respira, Príncipe, Respira — lo animo esperando su reacción, quizás debería de dejar de hacerle eso a las personas. No todos podían respirar bajo el agua como ella.

La semi sirena al fin lo soltó, y nado a su alrededor, viendo un par de maderas flotando sin rumbo. Fue hacia allá, sin alejarse mucho de su amigo. Luego solo se dejó hundir. Si, a lo lejos podía ver… lo que quedaba del barco comercial. Cuando regreso a la superficie, busco con la mirada al pececito emplumado, cuando lo diviso fue a su encuentro — Príncipe Einarr, por allá lo veo. Ven, vamos… — esta vez no lo jaloneo, ella lo iba a dejar nadar por si solo, sin irse muy lejos, nadando a su alrededor como un delfín amistoso — ¿Crees que las nubes sepan a algodón de azúcar? Se ven tan suaves como uno… en el foso conocí a alguien como tu pero no exactamente como tú, Brownie tenía alas negras… ¿Por qué las de él son negras y las tuyas blancas? Y tenía también una flamita que alumbraba todo, como el collar de un gatito… — iba hablándole con su característico encanto, y suave voz, aunque cuando veía que venía algún resto de madera peligrosa se adelantaba y con una palmada al agua desvía su trayectoria — ¡Cuando acabemos aquí busquemos el risco más alto que dé al mar! Saltemos y volemos por unos preciosos segundos... — le propuso sonriendo ante la locura de su pensamiento.

Le gustaba el mar, le agradaba la tierra… pero ahora que había conocido a dos personas aladas, se preguntaba como sería volar… y tocar las nubes.

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RE: Naufragio de Plumas y Escamas :: Pasado :: Privado - por Maria Merlot - 01-03-2026, 05:47 PM

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