01-03-2026, 09:05 PM
Frente a la mirada de Shin pasan muchas cosas, recuerdos desgarradores, que lo abrazan en todo el cuerpo clavándole las uñas hasta hacerlo sangrar. Todo, porque Ruri ha decidido decir unas pocas palabras puntuales que le habría gustado repetir aquella ocasión, más no tuvo la oportunidad. Sus ojos cerúleos se pierden en la nada durante míseros segundos antes de volver a hacer contacto visual y sonreír como si nada hubiese pasado.
—No vuelvas a pensar eso de mí, ¿eh? Creo que esta es la prueba que necesitabas. —y le habría dado un toquecito en la frente de no ser porque fue la propia chica quien se acercó, adelantándose a los hechos y dándole un fuerte golpe en la espalda que le quitó una cantidad de polvo de encima que ni siquiera sabía que tenía. Por supuesto, Hasegawa exageró su reacción incluso y si no le dolió realmente —¡Au, au, au! ¡Ten más cuidado! Acabo de sobrevivir al equivalente de un volcán en erupción... —sí, fiel a su estilo engrandece las hazañas —¡Además, estoy muy viejo! ¡Mis huesos no son lo que eran! —en sus bellos veinticuatro años toma el descaro para pronunciar esas palabras.
Las lágrimas y el contorno de sus ojos enrojecidos consiguen remover cosas en Shin, pero claro que es demasiado "cool" como para mostrar emociones, o cualquier tipo de sinónimo de debilidad. Todo parte de la misma máscara, el mismo concepto de fortaleza que lo mueve desde el día en que lo perdió todo, una filosofía que lo desconecta poco a poco del resto, mucho más luego de obtener su fruta del Diablo.
—Ya, ya, recuerda que los fuertes no lloramos, Ruri. Y tú debes ser igual de fuerte que yo algún día. —vuelve a señalarse con el pulgar, sonriendo repleto de confianza y transmitiendo la misma vibra que siempre lo mueve, una llena de soberbia, ego y seguridad, tan fuerte que hace creíble la idea que plasma sobre la mesa.
Es entonces que sujeta aquello que ella le cedió, escuchando su anécdota, y mientras vuelve a caminar a su lado le revuelve el cabello como pequeño gesto cariñoso —Lo importante es que ambos ganamos nuestras batallas, sabía que era buena idea confiar en ti, ¡pero la próxima te entrenaré personalmente antes de la misión! Debes estar lista para todos los peligros que puedan ocurrir en el futuro... —el incendio sigue propagándose, y el dúo victorioso se pierde en la escena, como fiel reflejo de lo que dice, una muestra de que todos viven en un mundo salvaje.
Sin embargo, quedan muchos enigmas. Los juegos de clanes en el pergamino, el jefe de Minato y por supuesto, la burocracia de solicitar refuerzos para contener el incendio. El descanso estaba bastante lejos de concretarse.
—No vuelvas a pensar eso de mí, ¿eh? Creo que esta es la prueba que necesitabas. —y le habría dado un toquecito en la frente de no ser porque fue la propia chica quien se acercó, adelantándose a los hechos y dándole un fuerte golpe en la espalda que le quitó una cantidad de polvo de encima que ni siquiera sabía que tenía. Por supuesto, Hasegawa exageró su reacción incluso y si no le dolió realmente —¡Au, au, au! ¡Ten más cuidado! Acabo de sobrevivir al equivalente de un volcán en erupción... —sí, fiel a su estilo engrandece las hazañas —¡Además, estoy muy viejo! ¡Mis huesos no son lo que eran! —en sus bellos veinticuatro años toma el descaro para pronunciar esas palabras.
Las lágrimas y el contorno de sus ojos enrojecidos consiguen remover cosas en Shin, pero claro que es demasiado "cool" como para mostrar emociones, o cualquier tipo de sinónimo de debilidad. Todo parte de la misma máscara, el mismo concepto de fortaleza que lo mueve desde el día en que lo perdió todo, una filosofía que lo desconecta poco a poco del resto, mucho más luego de obtener su fruta del Diablo.
—Ya, ya, recuerda que los fuertes no lloramos, Ruri. Y tú debes ser igual de fuerte que yo algún día. —vuelve a señalarse con el pulgar, sonriendo repleto de confianza y transmitiendo la misma vibra que siempre lo mueve, una llena de soberbia, ego y seguridad, tan fuerte que hace creíble la idea que plasma sobre la mesa.
Es entonces que sujeta aquello que ella le cedió, escuchando su anécdota, y mientras vuelve a caminar a su lado le revuelve el cabello como pequeño gesto cariñoso —Lo importante es que ambos ganamos nuestras batallas, sabía que era buena idea confiar en ti, ¡pero la próxima te entrenaré personalmente antes de la misión! Debes estar lista para todos los peligros que puedan ocurrir en el futuro... —el incendio sigue propagándose, y el dúo victorioso se pierde en la escena, como fiel reflejo de lo que dice, una muestra de que todos viven en un mundo salvaje.
Sin embargo, quedan muchos enigmas. Los juegos de clanes en el pergamino, el jefe de Minato y por supuesto, la burocracia de solicitar refuerzos para contener el incendio. El descanso estaba bastante lejos de concretarse.
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![[Imagen: vEBNZb3.png]](https://i.imgur.com/vEBNZb3.png)
