01-03-2026, 10:09 PM
El corte en espiral había abierto la espalda del albino en una línea amplia y humeante, y durante un instante el olor a carne chamuscada se mezcló con el vapor volcánico que ascendía desde las grietas del suelo, creando una atmósfera aún más densa y sofocante. Sin embargo, la reacción del Sujeto A-0 no fue el alarido ciego de una bestia herida, sino una contracción violenta de toda su musculatura seguida de un giro abrupto que forzó a la herida a cerrarse parcialmente bajo la tensión de sus fibras hipertrofiadas. La sangre descendía por su pelaje blanco en regueros oscuros, pero su postura no colapsó; incluso cuando el tajo en el talón de Aquiles de su pierna derecha comprometió claramente su apoyo, el albino redistribuyó su peso con una adaptación casi inmediata, apoyando más masa sobre la pierna izquierda y flexionando la derecha lo justo para evitar que el daño lo inmovilizara por completo.
Sus ojos, sensibles a la intensidad lumínica, se entrecerraron ante el fulgor azul que recorría el cuerpo de su adversario, y durante un segundo apartó ligeramente la mirada directa, no por miedo sino por cálculo, utilizando la visión periférica y el reflejo rojizo de la lava en las paredes para seguir los movimientos sin exponerse plenamente al destello eléctrico. La leve mueca que cruzó su rostro no era de dolor, sino de reconocimiento ante la naturaleza del poder desplegado frente a él.
-Más… luz… más rápido…- gruñó con voz rasgada, articulando mejor que antes pese a la tensión del combate. -Así… mejor. Aprendo… cuando duele.-
Con una fuerza que desmentía la lesión en su tendón, golpeó el suelo con el puño izquierdo, no buscando impactar directamente sino fracturar la superficie volcánica bajo sus pies. La roca, ya debilitada por el calor interno, se resquebrajó en una explosión de fragmentos afilados que salieron despedidos en múltiples direcciones, obligando a reaccionar ante una lluvia de proyectiles irregulares. Aprovechando el breve caos generado por el estallido, el albino avanzó no con un salto amplio que exigiera apoyo pleno de su pierna dañada, sino con desplazamientos cortos y explosivos, impulsándose con la potencia de su tren superior y usando los brazos para ganar tracción contra el suelo como si fuera una bestia cuadrúpeda en plena carga.
Cuando acortó la distancia, no intentó un barrido amplio como antes, sino una secuencia más compacta y técnica: un amago alto con el brazo derecho que ocultaba un agarre bajo dirigido a la cintura, buscando capturar y aplastar en un abrazo de presión bruta que neutralizara la ventaja de velocidad otorgada por el Electro. Al mismo tiempo, su pierna derecha, pese al corte profundo en el tendón, ejecutó un movimiento inesperado; no un apoyo prolongado, sino una patada corta y violenta dirigida al suelo cercano para levantar otra nube de polvo y ceniza incandescente, intentando nublar la vista y reducir el impacto de la sensibilidad lumínica que lo afectaba.
Su voz volvió a emerger entre respiraciones pesadas pero controladas.
-Electricidad… no basta. Yo… ajusto cuerpo… ajusto ritmo…- sus labios se tensaron en una expresión que imitaba una sonrisa torcida. -Tú… rápido ahora. Yo… más resistente.-
El albino no negaba la herida ni la velocidad superior de su oponente; la incorporaba a su ecuación, reduciendo desplazamientos largos, priorizando agarres y golpes de corta distancia donde la diferencia de reflejos pudiera neutralizarse con masa y presión, todo mientras protegía instintivamente su pierna derecha dañada y evitaba exponerse directamente al brillo eléctrico prolongado que irritaba sus ojos adaptados a la penumbra.
Sus ojos, sensibles a la intensidad lumínica, se entrecerraron ante el fulgor azul que recorría el cuerpo de su adversario, y durante un segundo apartó ligeramente la mirada directa, no por miedo sino por cálculo, utilizando la visión periférica y el reflejo rojizo de la lava en las paredes para seguir los movimientos sin exponerse plenamente al destello eléctrico. La leve mueca que cruzó su rostro no era de dolor, sino de reconocimiento ante la naturaleza del poder desplegado frente a él.
-Más… luz… más rápido…- gruñó con voz rasgada, articulando mejor que antes pese a la tensión del combate. -Así… mejor. Aprendo… cuando duele.-
Con una fuerza que desmentía la lesión en su tendón, golpeó el suelo con el puño izquierdo, no buscando impactar directamente sino fracturar la superficie volcánica bajo sus pies. La roca, ya debilitada por el calor interno, se resquebrajó en una explosión de fragmentos afilados que salieron despedidos en múltiples direcciones, obligando a reaccionar ante una lluvia de proyectiles irregulares. Aprovechando el breve caos generado por el estallido, el albino avanzó no con un salto amplio que exigiera apoyo pleno de su pierna dañada, sino con desplazamientos cortos y explosivos, impulsándose con la potencia de su tren superior y usando los brazos para ganar tracción contra el suelo como si fuera una bestia cuadrúpeda en plena carga.
Cuando acortó la distancia, no intentó un barrido amplio como antes, sino una secuencia más compacta y técnica: un amago alto con el brazo derecho que ocultaba un agarre bajo dirigido a la cintura, buscando capturar y aplastar en un abrazo de presión bruta que neutralizara la ventaja de velocidad otorgada por el Electro. Al mismo tiempo, su pierna derecha, pese al corte profundo en el tendón, ejecutó un movimiento inesperado; no un apoyo prolongado, sino una patada corta y violenta dirigida al suelo cercano para levantar otra nube de polvo y ceniza incandescente, intentando nublar la vista y reducir el impacto de la sensibilidad lumínica que lo afectaba.
Su voz volvió a emerger entre respiraciones pesadas pero controladas.
-Electricidad… no basta. Yo… ajusto cuerpo… ajusto ritmo…- sus labios se tensaron en una expresión que imitaba una sonrisa torcida. -Tú… rápido ahora. Yo… más resistente.-
El albino no negaba la herida ni la velocidad superior de su oponente; la incorporaba a su ecuación, reduciendo desplazamientos largos, priorizando agarres y golpes de corta distancia donde la diferencia de reflejos pudiera neutralizarse con masa y presión, todo mientras protegía instintivamente su pierna derecha dañada y evitaba exponerse directamente al brillo eléctrico prolongado que irritaba sus ojos adaptados a la penumbra.
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