01-03-2026, 10:44 PM
Moja sintió el cambio en su peso antes de comprender sus palabras. La rigidez en sus manos, la forma en que su mirada evitaba la suya, el leve temblor que no tenía nada que ver con el baile sino con algo mucho más profundo. Cuando leyó lo que escribió sobre su pecho y vio la sangre filtrarse a través del vendaje por la presión descuidada de sus propios dedos, reaccionó sin brusquedad pero con decisión, apartando con cuidado su mano herida y sujetándola entre las suyas para impedir que siguiera lastimándose. No la soltó. No la sacudió. No la obligó a mirarlo.
-Seraphine- dijo con voz baja, firme y serena, usando su nombre completo con una intención clara de anclarla al presente, -mírame.-
No fue una orden dura, sino una invitación sostenida.
Con una de sus manos, tomó suavemente su muñeca y la apartó de sus labios para que dejara de morderse, mientras con la otra estabilizaba su cintura para que no perdiera el equilibrio. Se inclinó apenas para quedar a su altura real, no la de la diferencia física, sino la de la conversación.
-No hiciste lo mismo que él- continuó con calma. -No hubo fuerza. No hubo miedo impuesto. No hubo intención de herir.-
Sus ojos dorados no mostraban juicio ni decepción, solo una claridad tranquila.
-Me besaste y te detuviste. Eso es una diferencia enorme.-
Dejó que esas palabras se asentaran antes de añadir algo que no había planeado decir en voz alta esa noche.
-Fue mi primer beso.-
No lo dijo con vergüenza, aunque sus orejas descendieron levemente al admitirlo. Tampoco lo dijo para dramatizar. Lo dijo como una verdad simple que equilibraba la balanza de su culpa imaginaria.
-No me quedé inmóvil porque me disgustara. Me quedé inmóvil porque no lo esperaba… y porque no sabía cómo reaccionar.-
Sus dedos ajustaron ligeramente el agarre en sus manos, asegurándose de que la presión fuera firme pero reconfortante.
-No estoy herido. No me hiciste daño. Y no eres un monstruo por querer algo y probarlo.-
Al escuchar que no iba a conocer nada bueno, Moja negó lentamente con la cabeza, acercándose lo suficiente para que su voz no tuviera que competir con la música lejana.
-No decides eso por mí.-
Había una fuerza distinta en esa frase, no agresiva, sino inquebrantable.
-Lo bueno o lo malo que conozca es elección mía. Y ahora mismo estoy eligiendo quedarme aquí, sosteniéndote, no irme.-
Con cuidado, levantó una mano hasta apartar los mechones que cubrían su rostro, sin invadir más de lo necesario.
-No estás sucia. No estás rota. Y no eres igual a quien te hizo daño.-
Su tono no buscaba convencerla a la fuerza, sino ofrecerle un punto firme donde apoyarse.
-Si decides que no quieres continuar, lo respetaré. Si decides que sí, iremos despacio. Pero no voy a aceptar que te reduzcas a lo que te hicieron.-
Sostuvo su mirada finalmente, sin apartarse.
-Y no voy a dejar que te lastimes por algo que no fue un error.-
El festival seguía alrededor, pero para Moja, en ese instante, lo único importante era que ella no se desmoronara creyendo que no merecía estar allí.
-Seraphine- dijo con voz baja, firme y serena, usando su nombre completo con una intención clara de anclarla al presente, -mírame.-
No fue una orden dura, sino una invitación sostenida.
Con una de sus manos, tomó suavemente su muñeca y la apartó de sus labios para que dejara de morderse, mientras con la otra estabilizaba su cintura para que no perdiera el equilibrio. Se inclinó apenas para quedar a su altura real, no la de la diferencia física, sino la de la conversación.
-No hiciste lo mismo que él- continuó con calma. -No hubo fuerza. No hubo miedo impuesto. No hubo intención de herir.-
Sus ojos dorados no mostraban juicio ni decepción, solo una claridad tranquila.
-Me besaste y te detuviste. Eso es una diferencia enorme.-
Dejó que esas palabras se asentaran antes de añadir algo que no había planeado decir en voz alta esa noche.
-Fue mi primer beso.-
No lo dijo con vergüenza, aunque sus orejas descendieron levemente al admitirlo. Tampoco lo dijo para dramatizar. Lo dijo como una verdad simple que equilibraba la balanza de su culpa imaginaria.
-No me quedé inmóvil porque me disgustara. Me quedé inmóvil porque no lo esperaba… y porque no sabía cómo reaccionar.-
Sus dedos ajustaron ligeramente el agarre en sus manos, asegurándose de que la presión fuera firme pero reconfortante.
-No estoy herido. No me hiciste daño. Y no eres un monstruo por querer algo y probarlo.-
Al escuchar que no iba a conocer nada bueno, Moja negó lentamente con la cabeza, acercándose lo suficiente para que su voz no tuviera que competir con la música lejana.
-No decides eso por mí.-
Había una fuerza distinta en esa frase, no agresiva, sino inquebrantable.
-Lo bueno o lo malo que conozca es elección mía. Y ahora mismo estoy eligiendo quedarme aquí, sosteniéndote, no irme.-
Con cuidado, levantó una mano hasta apartar los mechones que cubrían su rostro, sin invadir más de lo necesario.
-No estás sucia. No estás rota. Y no eres igual a quien te hizo daño.-
Su tono no buscaba convencerla a la fuerza, sino ofrecerle un punto firme donde apoyarse.
-Si decides que no quieres continuar, lo respetaré. Si decides que sí, iremos despacio. Pero no voy a aceptar que te reduzcas a lo que te hicieron.-
Sostuvo su mirada finalmente, sin apartarse.
-Y no voy a dejar que te lastimes por algo que no fue un error.-
El festival seguía alrededor, pero para Moja, en ese instante, lo único importante era que ella no se desmoronara creyendo que no merecía estar allí.
*Pienso* -Hablo- Narro
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