02-03-2026, 05:34 AM
Desde que me uní a este grupo de personas hemos tenido unos cuantos encuentros en Samba. Nada demasiado espectacular, conversaciones, planes a medias, risas que siempre parecían esconder algo más, pero esta vez es diferente, esta vez no estamos sentados en una mesa ni refugiados en un bar ruidoso, esta vez vamos a salir. El barco del capitán se mece suavemente bajo mis pies mientras el mar respira alrededor de nosotros. Estoy en cubierta, recostada contra el mástil, dejando que mi cuerpo se balancee con el movimiento natural de las olas. Mis tentáculos se mueven despacio, como si recordaran por sí solos cómo se siente estar cerca del agua abierta, yo no pregunto mucho, prefiero imaginar.
¿A dónde iremos? ¿Una isla llena de mercados descuidados? ¿Un puerto con comerciantes confiados? ¿Algún lugar donde la gente lleve joyas demasiado grandes para su propio bien? Las posibilidades se me enredan en la cabeza como corrientes cruzadas. Mis ojos recorren el barco con calma. Las cuerdas, los barriles, las mochilas de los tripulantes, los bolsillos que sobresalen demasiado, pequeñas promesas flotando por todas partes. No es mala costumbre observar. El mundo está lleno de cosas que nadie protege lo suficiente.
Dejo escapar una pequeña sonrisa mientras apoyo la mejilla contra el mástil, viajar con piratas tiene sus ventajas, quién sabe a qué sitio iremos, pero si el mar nos lleva a algún lugar interesante, estoy bastante segura de una cosa, volveré con menos preguntas y con bastantes cosas que, técnicamente, no eran mías.
El viento marino me trae olores conocidos, sal, madera húmeda, algas lejanas y ese perfume metálico de monedas que han pasado demasiado tiempo en manos equivocadas. Cierro los ojos un momento y dejo que el barco crujiente me arrulle. Por un segundo casi puedo imaginar que estoy de vuelta en el océano profundo, flotando entre corrientes tranquilas donde nadie espera nada de mí, pero el balanceo del mástil contra mi espalda me recuerda que ahora mi mar es distinto, más seco, más ruidoso y lleno de bolsillos.
Abro un ojo apenas, mirando al nuevo intruso que subió al barco y moverse por cubierta. Mis dedos se mueven solos, como si saludaran a la posibilidad. No digo que vaya a robarle a mis propios compañeros, bueno, no mucho, pero si algo pequeño se pierde por accidente, si una moneda cambia de bolsillo sin hacer ruido ¿realmente alguien puede culpar a una pobre gyojin curiosa? Ladeo la cabeza y sonrío para mí misma, después de todo, los viajes largos pueden ser muy aburridos si una no encuentra maneras de entretenerse.
¿A dónde iremos? ¿Una isla llena de mercados descuidados? ¿Un puerto con comerciantes confiados? ¿Algún lugar donde la gente lleve joyas demasiado grandes para su propio bien? Las posibilidades se me enredan en la cabeza como corrientes cruzadas. Mis ojos recorren el barco con calma. Las cuerdas, los barriles, las mochilas de los tripulantes, los bolsillos que sobresalen demasiado, pequeñas promesas flotando por todas partes. No es mala costumbre observar. El mundo está lleno de cosas que nadie protege lo suficiente.
Dejo escapar una pequeña sonrisa mientras apoyo la mejilla contra el mástil, viajar con piratas tiene sus ventajas, quién sabe a qué sitio iremos, pero si el mar nos lleva a algún lugar interesante, estoy bastante segura de una cosa, volveré con menos preguntas y con bastantes cosas que, técnicamente, no eran mías.
El viento marino me trae olores conocidos, sal, madera húmeda, algas lejanas y ese perfume metálico de monedas que han pasado demasiado tiempo en manos equivocadas. Cierro los ojos un momento y dejo que el barco crujiente me arrulle. Por un segundo casi puedo imaginar que estoy de vuelta en el océano profundo, flotando entre corrientes tranquilas donde nadie espera nada de mí, pero el balanceo del mástil contra mi espalda me recuerda que ahora mi mar es distinto, más seco, más ruidoso y lleno de bolsillos.
Abro un ojo apenas, mirando al nuevo intruso que subió al barco y moverse por cubierta. Mis dedos se mueven solos, como si saludaran a la posibilidad. No digo que vaya a robarle a mis propios compañeros, bueno, no mucho, pero si algo pequeño se pierde por accidente, si una moneda cambia de bolsillo sin hacer ruido ¿realmente alguien puede culpar a una pobre gyojin curiosa? Ladeo la cabeza y sonrío para mí misma, después de todo, los viajes largos pueden ser muy aburridos si una no encuentra maneras de entretenerse.
