02-03-2026, 08:32 AM
No podía entenderlo.
¿Por qué habían reaccionado de esa manera ante su presencia?
Siempre creyó que su aspecto inspiraba más confianza que la que los dos fanáticos de los dinosaurios pusieron sobre él con solo verlo...¿Se veía tan pirata? Si era así, consideraría seriamente cambiar de estilo.
Suspiró, sin moverse de su lugar, mientras observaba que el hombre al que acababa de golpear no estaba tan inconsciente como creyó, aunque parecía ya no representar un peligro, aun así, no se podía dar el lujo de apartar la vista de él, a fin de cuentas, después de ver sus reacciones anteriores, quien sabe que se traían entre manos.
—¿Qué es lo que no entendemos? Pueden decirnos... Ya les dijimos que no somos piratas —. Mintió de nuevo, pero… ¿Qué más daba? El par de hombres no tenían porque enterarse de la verdad, además, por ahora, sus intenciones con los dinosaurios era entender lo que los enfermaba, no capturarlos para la venta…aunque el pelirrosa creía que eso sería un muy buen negocio. —Es verdad que soy médico y la chica lagarto está aprendiendo. Solo queríamos analizar la enfermedad de los dinosaurios —. Volvía a intentar razonar, a pesar de que seguía usando la posición de Garruk frente a él como un escudo humano.
Mientras hablaba, amarró el hilo roto del collar que le quitó al animalista y, cuando notó que estaba bien sujeto, se colocó el silbato en el cuello, para luego alzar su mirada y notar como Maki tenía entre la espada y la pared al hombre más bajito y regordete.
—¿Son necesarios tantos golpes? Necesitamos que estén conscientes para interrogarlos —. No es que tuviera problemas con matar, pero ambos hombres parecían tener al menos cierta idea de lo que estaba ocurriendo y si fueron hasta allá para averiguarlo y se metieron en una pelea por los dinosaurios, ahora no se iría del lugar sin satisfacer su curiosidad científica. —Tu lo has dicho, parecen más exploradores que guerreros y la verdad tampoco quiero seguir peleando…aquí no podría ir con un manicurista para que me arregle las uñas si se me rompen —. Jugueteó con el silbato que ahora colgaba de su cuello, a pesar de sus palabras, no hacía un intento físico por detener a Maki, aunque si le prestaba atención a su compañera, por eso sus reflejos reaccionaron a tiempo cuando escuchó sobre una “cajita importante”.
Sin necesidad de levantarse, alzó su brazo y atrapó en el aire aquella “cajita” que su compañera le aventó y, cuando la tuvo entre sus manos, observó el aparato y, sin mayor análisis, pudo darse cuenta de que era una especie de control remoto…la pregunta era… ¿Qué es lo que activaba? El médico frunció el ceño y rogó que, después de los tremendos golpes que la chica iguana le dio a aquel hombre, este no estuviera muerto ni inconsciente porque si era así, no tendría respuestas de nada.
—¿Una bomba? —Preguntó en voz alta, lo suficiente para que cualquiera que estuviera cerca lo escuchara. —Aunque lo dudo mucho, porque si aman tanto a estas criaturas no querrán hacerlas explotar…entonces… ¿Para qué es esto? —El médico movió la mano derecha —pues la izquierda aún estaba resentida por aquella bala que lo había rozado antes—, la que sostenía el mando, para mostrar la cajita en el aire, exponiéndola a la vista de los presentes y luego, bajó la mirada para centrarse en Garruk, al mismo tiempo que sus dientes mordían, sin querer, sus propios labios, una mala maña a la que recurría cada vez que estaba pensando, profundamente, en algo.
—Oye… ¿Tu no tendrás alguna cosa similar en tu chaqueta? —Ahora el pelirrosa si que se levantó del suelo, no sin antes haber metido el control remoto en su bolsillo derecho, se acercó al sujeto flaco y, con su brazo no herido, lo sujetó con firmeza de su brazo izquierdo, para quitarle la chaqueta con cuidado, no porque se preocupara por el otro hombre, si no porque, con la adrenalina de la pelea bajando, ahora si sentía más el dolor del balazo y, aunque no quería demostrarlo, cada vez se le hacía más difícil mantener la cara de póker.
Cuando logró quitarle, por fin, aquella chaqueta con parches, soltó al hombre y se alejó de él unos 30 centímetros y se encargó de sostener la prenda de ropa con su mano sana, lo que le facilitó moverla como si intentara que de ella cayera algo que pudiera ayudarlos a descifrar lo que ocurría.
Por favor, léeme
