03-03-2026, 05:25 AM
El Reino de Samba terminó siendo particularmente aleccionador. Fue uno de esos lugares en los que pudo pelear, aprender y, sobre todo, conocer a un grupo de personajes particularmente distintos, Rakshasa. Las cosas, al conocerse, fueron un poco caóticas y con un marco resaltante. Sanemi, por su lado, tuvo una aventura bastante peculiar de la cual salió más que satisfecho al poder medir el nivel de poder que hasta el momento tiene, entendiendo que la brecha por mejorar es bastante grande, algo que, sin duda, piensa remediar a medida que pase el tiempo. Lo de vicecapitán aún no le terminaba de encajar, algo a lo que debería acostumbrarse con el pasar del tiempo.
El peliblanco se encontraba escuchando a Dharma, con quien tenía más tiempo de amistad sobre la forma en la que el periódico del día se lució al presentar ciertas noticias con respecto a su persona. Le llamaban “El Orador”, nunca le ha visto orar o algo parecido, puede ser por su forma de vestir, sus creencias o alguna comparación que, de momento, lo lograba encontrar -Hasta para eso la Marina es un chiste, pero te pega en algo ¿no? -Dijo con una sonrisa grande, enseñando los diente- ¡Gahahahaha…! -Una carcajada siguió sus palabras.
De pronto, nuestro protagonista, se percató que tenía su primer cartel de “Se busca”, en el momento perfecto, para abandonar Samba en todo lo alto -Dado el momento todos tendremos precio por nuestras cabezas… esto lo hace emocionante -De nuevo esa mirada en sus ojos, la de concentración, la que busca cumplir sus objetivos llenos de ambición. Tras estas últimas palabras, los otros actores se presentaron, cada uno con su particular escena.
Rakshasa estaba unido en un mismo navío. Cinco piratas que se comenzaban a labrar un nombre, unos más conocidos que otros, unos sanando heridas interiores, reflexionando o simplemente viviendo. Sanemi se puso delante del timón y comenzaría a dar las instrucciones para y salir de Samba. El viento se prestaba, apacible, pero el mar comenzaba a dar tirones, esto acrecentaba la emoción, el sonido rompiendo contra Buda era como la tonada previa –Oe malditos… ajusten la vela mayor, no quiero que se abra demasiado hacia babor, otro revise la tensión en las estocas -Ordenó como si ello fuera lo más natural del mundo.
Un silencio pareció inundar el ambiente durante un memento hasta que la voz ardiente de Sanemi volvió a escucharse -¡Suelten amarras! ¡Mantenga el ritmo! -Manos al volante y mirada enfocada en el viaje. El puerto comenzaba a quedar atrás.
El peliblanco se encontraba escuchando a Dharma, con quien tenía más tiempo de amistad sobre la forma en la que el periódico del día se lució al presentar ciertas noticias con respecto a su persona. Le llamaban “El Orador”, nunca le ha visto orar o algo parecido, puede ser por su forma de vestir, sus creencias o alguna comparación que, de momento, lo lograba encontrar -Hasta para eso la Marina es un chiste, pero te pega en algo ¿no? -Dijo con una sonrisa grande, enseñando los diente- ¡Gahahahaha…! -Una carcajada siguió sus palabras.
De pronto, nuestro protagonista, se percató que tenía su primer cartel de “Se busca”, en el momento perfecto, para abandonar Samba en todo lo alto -Dado el momento todos tendremos precio por nuestras cabezas… esto lo hace emocionante -De nuevo esa mirada en sus ojos, la de concentración, la que busca cumplir sus objetivos llenos de ambición. Tras estas últimas palabras, los otros actores se presentaron, cada uno con su particular escena.
Rakshasa estaba unido en un mismo navío. Cinco piratas que se comenzaban a labrar un nombre, unos más conocidos que otros, unos sanando heridas interiores, reflexionando o simplemente viviendo. Sanemi se puso delante del timón y comenzaría a dar las instrucciones para y salir de Samba. El viento se prestaba, apacible, pero el mar comenzaba a dar tirones, esto acrecentaba la emoción, el sonido rompiendo contra Buda era como la tonada previa –Oe malditos… ajusten la vela mayor, no quiero que se abra demasiado hacia babor, otro revise la tensión en las estocas -Ordenó como si ello fuera lo más natural del mundo.
Un silencio pareció inundar el ambiente durante un memento hasta que la voz ardiente de Sanemi volvió a escucharse -¡Suelten amarras! ¡Mantenga el ritmo! -Manos al volante y mirada enfocada en el viaje. El puerto comenzaba a quedar atrás.
