Influencia en el más allá [Priv. Dr. Bones] [Pasado]
#8
La media sonrisa que Hya habia insinuado no pasó desapercibida. Nunca pasan desapercibidas. Las personas creen que controlan lo que muestran, pero el cuerpo siempre delata lo que la lengua decide callar.
 
Mientras el hablaba de tranquilidad y miedo como si fuesen ingredientes intercambiables, hice aparecer una carta entre mis dedos con la naturalidad de quien enciende un cigarro. La giré lentamente, dejando que el dorso negro capturara la luz de la lámpara sobre nosotros. No interrumpí. Un buen médico escucha antes de diagnosticar… y un buen brujo escucha antes de pactar.
 
—Curioso —murmuré con suavidad—. Habla de negociar con el organismo como si fuera un socio difícil, pero en realidad el cuerpo es el más honesto de los interlocutores. Responde a estímulos, no a moralidades.
Otra carta surgió entre mis nudillos, danzando con precisión casi hipnótica.
 
Le observé con calma cuando menciono que algunos pacientes no ven venir la inyección. La eficacia silenciosa. La rendición química. La ausencia de memoria.
 
Asentí una sola vez.
 
—Lo entiendo perfectamente. La fuerza bruta es vulgar, impredecible, innecesaria cuando se domina la fisiología adecuada. Yo tampoco disfruto romper lo que puede persuadirse con elegancia. La violencia es para cirujanos sin talento… o para marines con complejo de héroes.
 
Apoyé los codos sobre la mesa y entrelacé los dedos, dejando que las cartas desaparecieran como si nunca hubieran existido.
 
—Tranquilidad y miedo no son contradictorios. Son fases. El miedo abre la puerta, la tranquilidad la cierra. Si su paciente llega asustado, su sistema nervioso estará desbordado de cortisol y adrenalina. Eso puede complicar la inducción… pero también puede facilitarla si se dosifica correctamente el sedante adecuado. La caída es más profunda cuando se viene desde más alto.
 
Saqué el relicario del interior de mi chaleco y lo abrí apenas un segundo. No para mostrártelo. Solo para recordar. La fotografía intacta bajo el cristal devolvió mi mirada con una serenidad que este mundo no merece.
Lo cerré con un clic suave.
 
—Ahora bien —continué, inclinándome levemente hacia el chico de cabellos rosáceos.—, lo que usted busca no es solo sedación. Busca cooperación biológica. Y eso requiere precisión. No basta con dormirlos; hay que asegurarse de que el cuerpo no luche antes de caer. Podemos trabajar con precursores suaves en bebida, algo casi imperceptible, seguido de una inducción intramuscular más contundente. Rápido, limpio, sin espectáculo.
 
Me recosté en la silla, estudiando su postura, su respiración, la manera en que sostienes la copa incluso cuando no bebía.
 
—En cuanto a los casos “resignados”… esos son los más sencillos. El cansancio es el mejor aliado de la anestesia. Un cuerpo agotado no pelea, solo cede.
 
Una leve risa escapó de mis labios, baja y medida.
 
—Me agrada que valore la confidencialidad. En mi profesión, la discreción no es un servicio adicional; es la base del contrato. Mis clientes no existen. Sus pacientes tampoco. Y si alguien pregunta, jamás nos hemos visto, ewa.
Dejé que la palabra flotara con naturalidad antes de continuar.
 
—El pago por adelantado no me ofende. De hecho, lo considero una muestra saludable de compromiso. Pero no trabajo con promesas vacías ni con improvisaciones. Necesitaré datos más específicos: peso promedio de sus pacientes, estado general de salud, frecuencia cardíaca basal estimada, consumo previo de sustancias. No todos los cuerpos reaccionan igual, y yo no fabrico soluciones genéricas.
 
Me levanté con elegancia y caminé hacia la repisa que habías observado. Tomé el frasco de esencia de menta entre mis dedos, lo giré con parsimonia y lo acerqué a mi nariz.
 
Inhalé.
 
El aroma picante y fresco cortó el aire cargado del estudio.
 
—La menta está a la venta —dije sin mirarle todavía—. Es pura, destilada sin adulteraciones. Relaja, despeja, estabiliza. Algunos dicen que despierta recuerdos. Yo prefiero pensar que limpia interferencias.
 
Me giré hacia Hyakinthos. , sosteniendo el frasco a la altura de mis ojos.
 
—Si quiere probarla, considérela un adelanto simbólico de nuestra colaboración. Pero no confunda esencias con sedantes. Una acaricia el sistema nervioso; la otra lo somete.
 
Regresé a la mesa y deposité el frasco frente a su compañero.
—Le prepararé dos compuestos distintos: uno para la tranquilidad inducida, otro para la caída desde el miedo. Ambos diseñados para actuar con rapidez, mínima resistencia muscular y amnesia funcional en la mayoría de los casos. Sin convulsiones. Sin vómitos. Sin dramatismo innecesario.
 
Mis dedos hicieron aparecer una última carta. La reina de picas.
 
La dejé sobre la mesa entre nosotros.
 
—Sin embargo —añadí con voz más baja, más firme—, necesito que entienda algo antes de cerrar este trato: no tolero negligencia. Si alguien le entrega pacientes maltratados hasta el punto de comprometer su estabilidad fisiológica, eso afecta mi trabajo. Y cuando algo afecta mi trabajo, me afecta a mí. Y cuando algo me afecta a mí… suelo corregirlo personalmente.
 
Sostuve tu mirada sin parpadear.
 
—Así que sí, la información es suficiente para empezar. Pero quiero una muestra de su profesionalismo tanto como usted quiere una muestra de mis sustancias. Confianza mutua, discreción absoluta y precisión quirúrgica. Nada menos.
 
Deslicé la reina de picas hacia el con un leve movimiento.
 
—Si estamos de acuerdo, deje los berries sobre la mesa. La primera tanda estará lista en tres días. Y cuando sus pacientes caigan sin resistencia, cuando no recuerden el momento exacto en que el mundo se volvió negro, sabrá que eligió al médico correcto.
 
Sonreí apenas, elegante, contenido.
 
—Después de todo, persuadir al cuerpo es un arte… y yo no practico nada que no pueda ejecutar con excelencia impecable, ewa.
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RE: Influencia en el más allá [Priv. Dr. Bones] [Pasado] - por Dr.Bones - 03-03-2026, 08:01 AM

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