04-03-2026, 12:11 AM
El clima era agradable, refrescante, con una brisa que llegaba arrastrada desde el mar. Hacía tiempo que no me emocionaba tanto por regresar a casa. Mi tiempo en Samba fue productivo y divertido, conocí a muchas personas en el camino, y cada una dejó en mi corazón una lección invaluable.
Es el lugar donde mi aventura comenzó. Allí descubrí la libertad y la confianza para soñar gracias a Cill, mi capitán, mi amigo, mi compañero, simplemente no puedo imaginar un mundo sin él, y… si la vida me lo permite, quiero convertirme en alguien digno de poder compartir su camino.
En ese momento caminaba por el puerto de Samba, dejando que mis pisadas hiciera crujir suavemente las resistentes tablas de madera. Las velas izadas de los diferentes embarcaciones atracados en el muelle anunciaban nuevos viajes hacia distintos puntos del gran océano, sin embargo, había uno en particular que me llamaba con más fuerza, el llamado hacia mi hogar que ya podía incluso divisarlo en el horizonte, mi anhelo de volver y abrazar a mis seres queridos.
No era solo llegar. Era descubrir los nuevos acontecimientos que la gente murmuraba entre susurros inquietos. El último periódico había sido demasiado jugoso, lleno de información, pero no memoricé nada siendo sincera. Tal vez porque, en el fondo, sabía que pronto lo viviría por mí misma.
Solo hubo una cosa que realmente captó mi atención entre todos esos anuncios, los encabezados sobre las nuevas búsquedas de piratas destacados. Ahora mi cabeza tenía precio, nada comparable a la suma total de Cill o al de otros piratas más peligrosos, pero aún así, mis manos estaban manchadas por actos que jamás cometí.
Entre mis cosas nunca podía faltar Amphitrite, mi violín azul, mi objeto más precioso entre todas mis cosas. No era nadie sin música, si algún día me faltara… sería un cuerpo sin vida, deambulando sin significado en cualquier puerto o en cualquier esquina del mundo.
Al divisar a Cill esperándome, con brazos alzados para llamar mi atención, parado en un bote de remos, le dediqué una sonrisa sutil y afable. Junto a él me aguardaba un rumbo conocido, pero envuelto en la promesa de una nueva aventura. Con cuidado me subí al navío que él consiguió para nuestro pronto viaje. Sostuve mi sombrero con una mano para evitar que el viento lo arrebatará de mi cabeza, y con mi mirada azulada observando sus rivales, el océano y el cielo, mi corazón anhelo volver a casa. —- Será divertido volver a casa, y encontrarnos con caras nuevas.
Es el lugar donde mi aventura comenzó. Allí descubrí la libertad y la confianza para soñar gracias a Cill, mi capitán, mi amigo, mi compañero, simplemente no puedo imaginar un mundo sin él, y… si la vida me lo permite, quiero convertirme en alguien digno de poder compartir su camino.
En ese momento caminaba por el puerto de Samba, dejando que mis pisadas hiciera crujir suavemente las resistentes tablas de madera. Las velas izadas de los diferentes embarcaciones atracados en el muelle anunciaban nuevos viajes hacia distintos puntos del gran océano, sin embargo, había uno en particular que me llamaba con más fuerza, el llamado hacia mi hogar que ya podía incluso divisarlo en el horizonte, mi anhelo de volver y abrazar a mis seres queridos.
No era solo llegar. Era descubrir los nuevos acontecimientos que la gente murmuraba entre susurros inquietos. El último periódico había sido demasiado jugoso, lleno de información, pero no memoricé nada siendo sincera. Tal vez porque, en el fondo, sabía que pronto lo viviría por mí misma.
Solo hubo una cosa que realmente captó mi atención entre todos esos anuncios, los encabezados sobre las nuevas búsquedas de piratas destacados. Ahora mi cabeza tenía precio, nada comparable a la suma total de Cill o al de otros piratas más peligrosos, pero aún así, mis manos estaban manchadas por actos que jamás cometí.
Entre mis cosas nunca podía faltar Amphitrite, mi violín azul, mi objeto más precioso entre todas mis cosas. No era nadie sin música, si algún día me faltara… sería un cuerpo sin vida, deambulando sin significado en cualquier puerto o en cualquier esquina del mundo.
Al divisar a Cill esperándome, con brazos alzados para llamar mi atención, parado en un bote de remos, le dediqué una sonrisa sutil y afable. Junto a él me aguardaba un rumbo conocido, pero envuelto en la promesa de una nueva aventura. Con cuidado me subí al navío que él consiguió para nuestro pronto viaje. Sostuve mi sombrero con una mano para evitar que el viento lo arrebatará de mi cabeza, y con mi mirada azulada observando sus rivales, el océano y el cielo, mi corazón anhelo volver a casa. —- Será divertido volver a casa, y encontrarnos con caras nuevas.
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Cita Diálogo / Habla / *Piensa*
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