04-03-2026, 12:58 AM
Odié la mañana del 34 de verano.
Odié el cambio de vientos que auguraba tormenta, tal y como los rumores del pueblo vaticinaban. Odié el dolor de cabeza. Odié el hedor a humedad y esa sensación apremiante en el pecho que sabía a lágrimas contenidas. Era un día de mierda. Por supuesto, St. George jamás habría utilizado una expresión tan barriobajera.
Me dirigí al timón sin mediar palabra. Volví a calarme la gorra, como siempre que navegaba, para evitar que el reflejo de la luz sobre la cubierta me nublara aún más la vista. No llevábamos demasiado trayecto cuando Nyra apareció a la carrera.
―No me puedo creer que los Mushi Mushi se tomen tan a la ligera una carrera por una montaña de comida…
Habría dejado escapar una carcajada si la cabeza no estuviera a punto de estallarme. Juré por todos los mares que si Nyra volvía a alzar la voz, la tiraría por la borda y alegaría que saltó solita para jugar a ser Gyojin. Contuve un suspiro. A pesar de las ganas que tenía de responder entre resoplidos, forcé una sonrisa algo débil.
―Ganará Rigoberto ―sentencié con tono cómplice.
Me froté los ojos con el antebrazo. Las nubes ya comenzaban a arremolinarse en el horizonte.
―Se acerca la tormenta… ―murmuré, la mandíbula apretada al igual que mis manos sobre el timón―. Ya que estás aquí… ¿te importaría quedarte o avisar a Hae-won para que lo haga? ―Miré a Nyra de soslayo. El cansancio debía ser evidente en mi palidez―. Son las migrañas, otra vez. Cuando empiece la tormenta me vendría bien un par de ojos extras.
Barco en condiciones cuestionables, navegante en condiciones deplorables y clima en condiciones nefastas. Cualquiera en su sano juicio sabría que zarpar no era buena idea. Por desgracia, habíamos recibido órdenes directas de regresar a Baterilla de inmediato.
Odié el cambio de vientos que auguraba tormenta, tal y como los rumores del pueblo vaticinaban. Odié el dolor de cabeza. Odié el hedor a humedad y esa sensación apremiante en el pecho que sabía a lágrimas contenidas. Era un día de mierda. Por supuesto, St. George jamás habría utilizado una expresión tan barriobajera.
Me dirigí al timón sin mediar palabra. Volví a calarme la gorra, como siempre que navegaba, para evitar que el reflejo de la luz sobre la cubierta me nublara aún más la vista. No llevábamos demasiado trayecto cuando Nyra apareció a la carrera.
―No me puedo creer que los Mushi Mushi se tomen tan a la ligera una carrera por una montaña de comida…
Habría dejado escapar una carcajada si la cabeza no estuviera a punto de estallarme. Juré por todos los mares que si Nyra volvía a alzar la voz, la tiraría por la borda y alegaría que saltó solita para jugar a ser Gyojin. Contuve un suspiro. A pesar de las ganas que tenía de responder entre resoplidos, forcé una sonrisa algo débil.
―Ganará Rigoberto ―sentencié con tono cómplice.
Me froté los ojos con el antebrazo. Las nubes ya comenzaban a arremolinarse en el horizonte.
―Se acerca la tormenta… ―murmuré, la mandíbula apretada al igual que mis manos sobre el timón―. Ya que estás aquí… ¿te importaría quedarte o avisar a Hae-won para que lo haga? ―Miré a Nyra de soslayo. El cansancio debía ser evidente en mi palidez―. Son las migrañas, otra vez. Cuando empiece la tormenta me vendría bien un par de ojos extras.
Barco en condiciones cuestionables, navegante en condiciones deplorables y clima en condiciones nefastas. Cualquiera en su sano juicio sabría que zarpar no era buena idea. Por desgracia, habíamos recibido órdenes directas de regresar a Baterilla de inmediato.
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