[P.Relativo] Encuentro en el puerto de Baquella
#10
La primera piedra le dio en la mejilla izquierda con la solemnidad de una gota de agua cayendo sobre una roca. Kazan se detuvo en mitad del paso, bajó los ojos hacia el suelo para localizar el proyectil, los subió despacio hacia Seraphine, y durante un instante completo no hizo absolutamente nada, sosteniendo la mirada de la skypean con la misma paciencia de siempre. La segunda piedra llegó antes de que ese instante terminara y lo alcanzó en el puente de la nariz con una puntería que, en otras circunstancias y contra otro objetivo, habría sido motivo de cierto problema. -Ga-ha-ha-ha-ha.- La risa salió desde el fondo del pecho. Kazan dejó que la risa se apagara sola, sin prisa, y cuando terminó giró el kanaboo sobre el hombro con un movimiento lento y deliberado, sopesando la palabra que Seraphine acababa de defender con dos rocas y una expresión que no tenía ni un gramo de ironía en ella.

-Caballero.- La repitió como si la estuviera midiendo, rodándola en la boca para ver qué peso tenía. -Por las profundidades... si el título lo otorga quien recibe la ayuda y no quien la da, supongo que no tengo argumento válido en contra. Me has dejado sin defensa con dos piedras de nada, cosa que muy poca gente puede decir.- No desarrolló más el tema. Seraphine había dicho lo que dijo con el corazón por delante de cualquier cálculo y ese tipo de frases no necesitan que nadie les construya un marco alrededor porque ya traen el suyo.

Cuando ella tiró de lo más cercano que encontró en su radio de alcance y señaló el suelo con el ceño fruncido reclamando dos abrazos que aparentemente llevaban tiempo en deuda, Kazan la miró para saber que estaba reclamando no una cualidad retorica si no algo serio. Tocó una vez la base del cuerno derecho con el índice, exhaló despacio, y se agachó. El muelle protestó en cuatro puntos simultáneos, las tablas bajo sus rodillas cedieron varios centímetros antes de decidir aguantar, y cuando su torso quedó aproximadamente a la altura de Seraphine, extendió el brazo izquierdo con precacuion, el tipo que se aprende después de años de calcular que la fuerza que uno tiene y la fragilidad de lo que uno aprecia son dos magnitudes que no se pueden ignorar mutuamente.

-Uno.- dijo en voz baj. -El segundo lo cobras cuando terminemos de comer. Los abrazos con hambre no cuentan, eso lo sé desde hace mucho tiempo.-

Guardó la pipa en el fajón rojo antes de levantarse, sin encenderla, dejando que el momento tuviera el silencio que merecía.

Cuando el grupo comenzó a moverse hacia el pueblo y Mizuki tomó la mano de Seraphine con la naturalidad de quien ha establecido un protocolo antiextravíos que funciona mejor que cualquier mapa, la pregunta sobre el lenguaje de señas llegó mientras andaban por el camino de piedra que conectaba el puerto con las primeras casas blancas de Baquella. Kazan procesó la pregunta durante tres pasos completos, sus pisadas levantando pequeñas nubes de polvo, el sol de mediodía aplastando todo con potencia. -Sí.- Una palabra. Sin adorno, sin preámbulo. -Debí haberlo aprendido antes, y eso es algo que no tiene excusa que valga.- Hizo una pausa breve, orientando levemente el torso hacia Mizuki sin dejar de caminar. -Escucha bien: una persona que no puede hablar en voz alta no debería tener que adaptar su idioma al de quien sí puede. Eso funciona al revés, siempre ha funcionado al revés, y la única razón por la que no lo aprendí antes es que nadie me lo enseñó de esa manera y no tuve la inteligencia de deducirlo solo.- Miró de reojo a Seraphine mientras terminaba la frase. Solo un instante, sin señalar que iba dirigido a ella, dejando que lo cogiera si quería cogerlo.

El puesto del pescador se anunciaba a sí mismo por el olfato mucho antes que por cualquier otra señal: olor a brasa, a sal, a atún abriéndose sobre hierro caliente, una cadena de información sensorial que llegaba desde unos cuarenta metros y no dejaba espacio a la ambigüedad. Kazan se detuvo frente a la terraza techada con vigas de madera gruesa, evaluó la estructura con la mirada práctica de quien ha aprendido carpintería suficiente para saber qué aguanta qué, y se sentó en el suelo cruzando las piernas con el cuidado deliberado que ponía en todos los movimientos cuando había superficies de piedra y arquitectura local implicada. El techo de palma le llegaba a la altura del pecho, dejando los hombros, los cuernos y la cabeza a cielo abierto bajo el sol directo, lo cual era, objetivamente, la mejor solución disponible. El kanaboo fue al suelo a su derecha. Sacó la pipa, la encendió, y el primer humo del día le cruzó los pulmones con la satisfacción densa y familiar de una deuda saldada.

-Por las profundidades...- exhaló despacio, con los ojos entrecerrados de alivio genuino, dejando que el humo se disolviera en el aire brillante sobre el tejado. -Tengo algo que proponeros a las dos. Pero primero pedimos el atún, porque lo que voy a decir merece que nadie tenga hambre mientras lo escucha.-

[Imagen: cPasgyW.jpeg]


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RE: [P.Relativo] Encuentro en el puerto de Baquella - por Kazan - 04-03-2026, 10:24 AM

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