04-03-2026, 06:59 PM
El viento rugió y el destino danzó entre sus huracanados movimientos. Aletee mientras que aquel pequeño desastre me hacía girar por los aires, tomando así, de nuevo el control en mi desplazamiento. Las casas debajo de mi pararon de convertirse en colores borrosos y la tierra empezó a engrandecerse a medida que caía. Antes de tocar el suelo otro leve aleteo que me hizo controlar la caída sin daño. Había caído en una de las calles al sur por las que subía hacia aquella plaza. El ancho de la calle abarcaba 20 metros de acera en acera, al final, la calle giraba a la derecha, luego a la izquierda, luego a la derecha, y tras una avenida de 200 metros llevaba hacia la plaza. Acababa de recorrer ese camino.
Enfrente de mí, a 10 metros dos cuerpos más cayeron. El primero, enorme, se precipitó llevándose por delante las cuerdas de un tendedero de una casa residencial de la calle, rompiendo el mismo a su paso y generando que toda la ropa tendida saliera disparada. Era el hombre que me quería sonar y que conocía. Mi haki se expandió 15 metros a la redonda, dejando que entendiera mínimamente las intenciones de aquel enigmático sujeto. Mientras se levantaba pude ver como en su cabeza una prenda de la colada había quedado atorada en su cabeza. Eran unas bragas de color rosa pálido con pequeños corazones, tan grandes como para que a aquel ser se le quedaran ajustadas en la cabeza como un gorro y dos grandes
mechones salían de los agujeros de las piernas como si fueran cuernos.
El otro, un tipo estirado, tonificado, todo lo opuesto a lo que yo representaba en este mundo. Aquellos que cuidan su fachada por dentro están completamente sucios. Rebotó contra el muro opuesto de la calle, chocando contra la pared, justo al lado de un ventanal. Su cuerpo después rebotó contra el suelo.
Entre ellos había 15 metros de distancia, haciendo los 3 un triángulo con nuestras posiciones.
Los transeúntes nos miraban atónitos, sin entender porque habíamos caído o como. Algunos cuchicheaban entre ellos sin ningún tipo de vergüenza otros seguían con su vida como si la lluvia de 3 personas no tuviera nada de raro o especial.
Descargué la tensión de mis brazos con un leve movimiento y troné los huesos de mi cuello con un movimiento de negación. Aparentemente ausente ante la situación, pensando en una única cosa.
Tenía que volver a la plaza, aquel viejo… Aquel hombre era una leyenda. Había oído de él, mi maestro lo reconoció como alguien capaz de ser digno de la fuerza, su heredero y señor, y aquello solo indicaba una cosa. Si era capaz de derrotar a la montaña podría convertirme en grano… Si era capaz de derrotar a aquel hombre podría demostrar que era digno. Si era capaz de derrotar al viejo líder, podría entonces consumir la Rikki. Entonces mi camino habría terminado, sería libre de las ataduras de mi peregrinaje y podría encontrar mis sueños, que siempre habían volado alto por encima de mis senderos, como aves que me observan desde lo lejos, aterradas de aterrizar por miedo a la incertidumbre.
Empecé a caminar ignorando a ambos y pasé por medio de ellos, con un paso tranquilo. Pues conocía el camino y el camino me llevaba a enfrentar a Akatora. Apretando con fuerza mi espada y con el haki activo, camine el sendero de la fuerza para encontrarme con mi destino.
Enfrente de mí, a 10 metros dos cuerpos más cayeron. El primero, enorme, se precipitó llevándose por delante las cuerdas de un tendedero de una casa residencial de la calle, rompiendo el mismo a su paso y generando que toda la ropa tendida saliera disparada. Era el hombre que me quería sonar y que conocía. Mi haki se expandió 15 metros a la redonda, dejando que entendiera mínimamente las intenciones de aquel enigmático sujeto. Mientras se levantaba pude ver como en su cabeza una prenda de la colada había quedado atorada en su cabeza. Eran unas bragas de color rosa pálido con pequeños corazones, tan grandes como para que a aquel ser se le quedaran ajustadas en la cabeza como un gorro y dos grandes
mechones salían de los agujeros de las piernas como si fueran cuernos.
El otro, un tipo estirado, tonificado, todo lo opuesto a lo que yo representaba en este mundo. Aquellos que cuidan su fachada por dentro están completamente sucios. Rebotó contra el muro opuesto de la calle, chocando contra la pared, justo al lado de un ventanal. Su cuerpo después rebotó contra el suelo.
Entre ellos había 15 metros de distancia, haciendo los 3 un triángulo con nuestras posiciones.
Los transeúntes nos miraban atónitos, sin entender porque habíamos caído o como. Algunos cuchicheaban entre ellos sin ningún tipo de vergüenza otros seguían con su vida como si la lluvia de 3 personas no tuviera nada de raro o especial.
Descargué la tensión de mis brazos con un leve movimiento y troné los huesos de mi cuello con un movimiento de negación. Aparentemente ausente ante la situación, pensando en una única cosa.
Tenía que volver a la plaza, aquel viejo… Aquel hombre era una leyenda. Había oído de él, mi maestro lo reconoció como alguien capaz de ser digno de la fuerza, su heredero y señor, y aquello solo indicaba una cosa. Si era capaz de derrotar a la montaña podría convertirme en grano… Si era capaz de derrotar a aquel hombre podría demostrar que era digno. Si era capaz de derrotar al viejo líder, podría entonces consumir la Rikki. Entonces mi camino habría terminado, sería libre de las ataduras de mi peregrinaje y podría encontrar mis sueños, que siempre habían volado alto por encima de mis senderos, como aves que me observan desde lo lejos, aterradas de aterrizar por miedo a la incertidumbre.
Empecé a caminar ignorando a ambos y pasé por medio de ellos, con un paso tranquilo. Pues conocía el camino y el camino me llevaba a enfrentar a Akatora. Apretando con fuerza mi espada y con el haki activo, camine el sendero de la fuerza para encontrarme con mi destino.
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