10-11-2023, 09:10 PM
Mientras Alzeid estaba intentando cumplir con su objetivo, el de identificar a aquella joven pelirroja que los había estado observando durante un largo tiempo, a Daryl le pareció mejor idea enfrentarse a él por haberle tocado. Así, el grandullón volcó la mesa en la que Alzeid estaba reposando, tirándolo al suelo y sacando una espada de gran tamaño, amenazándolo directamente. - Vaya, señor Daryl... - Se lamió los labios. - No sabía que a usted le gustaban estos juegos. - Susurró, mientras introdujo el filo de la espada entre su dedo índice y su dedo corazón, sujetándola con algo de fuerza. - Lástima que las espadas no puedan hacerme mucho. Pero... me encantan. - Le pasó la lengua directamente, un gesto que generó una especie de sonido metálico que sólo las personas con buen oído lograrían percibir entre aquel bullicio que se había generado. - Irina tenía razón. Eres... un hombre. - Expresó mientras se levantaba y se colocaba el vestido y se acicalaba las coletas. Alzeid detestaba a los hombres, o por lo menos el concepto de hombre que socialmente se tenía, siempre siendo bruto y varonil. - Pero no te confundas, señor Daryl. La próxima vez... romperé su espada. - Le guiñó un ojo y con su dedo índice señaló las partes más íntimas del grandullón. Podría entenderse de muchas maneras y no voy a profundizar en eso. El arrebato de Daryl había lanzado por los aires todo lo que se encontraba en la mesa, generando una preocupación innecesaria en el camarero de la taberna. - No se preocupe, señor. Pagaré yo mismo los destrozos que este insolente ha generado. - Le dijo con una sonrisa en el rostro. Continuó acicalándose el pelo y sus pasos lo llevaron hacia la libreta de la pelirroja, quien todavía no había leído lo que había escrito. Alzeid agarró la libreta y volvió a repetir. - Como te decía... - Se acercó a la pelirroja. - ¿Por qué no nos lees lo que estabas escribiendo? - Su mirada había cambiado completamente, como si su instinto maníaco hubiese usurpado el lugar de su personalidad más sociable. Una lucha de sensaciones y emociones invadieron el interior de Alzeid, que se debatía en rebanar a Daryl por lo que acababa de hacer. Afortunadamente -o no, quién sabe- en ese momento apareció Irina, que agarró el rostro del grandulló con unos guantes que antes no tenía. ¿Tendría miedo al contacto? Sería la única razón plausible, aunque en aquel momento a Alzeid no le importaba en absoluto. Sus ojos estaban completamente centrados en la pelirroja.
El joven andrógino había ignorado por completo la situación entre Irina y Daryl hasta que el mensaje sobre la misión y sobre Glatus, su objetivo, apareció en escena. - Lástima. - Sonrió y cerró la libreta en su mano, dirigiéndose a junto Irina. Había desarrollado una especie de sentimiento positivo hacia ella. Quizá porque sabía que compartían un lado macabro y maníaco, aunque no lo mostrara tan abiertamente como él, pero lo que más le gustaba a Alzeid era su capacidad de guardar su compostura cuando su alma estaba constantemente pidiendo sangre y cadáveres. Tras el mensaje, lanzó el Den Den Mushi haciendo Alzeid, para después decirle que se fueran, invitando a Daryl a quedarse por su incompetencia. O eso había entendido Alzeid. Justo en ese momento, la joven pelirroja se presentó como una marine que, casualmente, también estaba en una misión. Y además relacionada con la suya. Incluso se propuso acompañarnos. - Vaya casualidad. - Sonrió, dándose la vuelta y poniendo la mirada sobre ella. - ¿Ahora resulta que eres marine y que casualmente tu misión coincide con la nuestra? - Preguntó, en una forma bastante irónica, acercando el rostro hacia la pelirroja. Estaba cabreado pero intentando contenerse, de alguna manera. No quiso perder más el tiempo y dejó que Irina tomase la decisión, pues era la única capacitada para hacerlo. - Que Irina decida. Si al final vienes, puedes atacar a la mascota para que no siga ladrando. - Señaló a Daryl mientras se dirigía a la barra. - Aquí tiene, señor. - Dejó un monto de billetes en la barra por los desperfectos que pudiese haber. Quizá era demasiado, ¿pero quién se preocupaba por el dinero hoy en día?
El joven andrógino había ignorado por completo la situación entre Irina y Daryl hasta que el mensaje sobre la misión y sobre Glatus, su objetivo, apareció en escena. - Lástima. - Sonrió y cerró la libreta en su mano, dirigiéndose a junto Irina. Había desarrollado una especie de sentimiento positivo hacia ella. Quizá porque sabía que compartían un lado macabro y maníaco, aunque no lo mostrara tan abiertamente como él, pero lo que más le gustaba a Alzeid era su capacidad de guardar su compostura cuando su alma estaba constantemente pidiendo sangre y cadáveres. Tras el mensaje, lanzó el Den Den Mushi haciendo Alzeid, para después decirle que se fueran, invitando a Daryl a quedarse por su incompetencia. O eso había entendido Alzeid. Justo en ese momento, la joven pelirroja se presentó como una marine que, casualmente, también estaba en una misión. Y además relacionada con la suya. Incluso se propuso acompañarnos. - Vaya casualidad. - Sonrió, dándose la vuelta y poniendo la mirada sobre ella. - ¿Ahora resulta que eres marine y que casualmente tu misión coincide con la nuestra? - Preguntó, en una forma bastante irónica, acercando el rostro hacia la pelirroja. Estaba cabreado pero intentando contenerse, de alguna manera. No quiso perder más el tiempo y dejó que Irina tomase la decisión, pues era la única capacitada para hacerlo. - Que Irina decida. Si al final vienes, puedes atacar a la mascota para que no siga ladrando. - Señaló a Daryl mientras se dirigía a la barra. - Aquí tiene, señor. - Dejó un monto de billetes en la barra por los desperfectos que pudiese haber. Quizá era demasiado, ¿pero quién se preocupaba por el dinero hoy en día?
- Agente Irina, esperaré fuera. - Otra vez usó un tono sarcástico, en una clara referencia a la vez que Irina le había llamado "agente Alzeid". Ya fuera, se desnudó completamente y sacó su antigua ropa de la mochila para volver a ponerla. Guardó el vestido en la mochila otra vez.
Karmas
