04-03-2026, 10:49 PM
36 de Verano, año 17
Una bahía, Isla de Baterilla
Una bahía, Isla de Baterilla
El tiempo en altamar siempre pegaba bien al pelinegro, la bruma, la brisa, el olor del mar, las corrientes y la marea, regalando ese vaivén suave cuando se encuentra calmo el mar. Samba había quedado atrás, y ahora aguardaban nuevos horizontes, a la distancia la isla de Baterilla asomaba, tímida, poco a poco perdiendo la vergüenza para verse cada vez más imponente. El cielo estaba totalmente despejado, y se veía alguna que otra gaviota anunciando tierra por delante. Esos dos días allí en altamar, se había logrado sentir realmente libre, sin ataduras, sin nadie que quiera imponer formas, maneras, leyes, nada… Solo el, Miyori, y el mar. Había sido un viaje encantador, dentro de lo sacrificado y lo precario además de improvisado, pero no podía quejarse, añoraba echarse a la mar, y dejar que el viento le llevase, aunque ésta vez, le toco transpirar la gota gorda, el bote era de remos… Y claro, no iba a pedirle a Miyori que diera ni una palada, era algo que pensó desde un principio ocuparse él.
Allí en el bote, sentado en el extremo opuesto a la isla, Cill se encontraba sentado de cara a ésta. El remado ahora era más leve, más suave, contando con la gracia de que estando pronto a tierra, el oleaje hacia casi todo el trabajo, dejándole así un último aliento de relajo al pelinegro que había remado como un condenado día y noche en pleno altamar. Del opuesto del bote, se encontraba Miyori, acomodada acostada como cabía usando un alijo de provisiones como almohada y tapada con la capa de Cill cubriéndola oficiando de manta mientras dormía. En medio de ellos, descansaba Lucky Sharp, la katana de Cill, el sombrero de Miyori, como también Amphirite, su azulado violín. La observó con una sonrisa, leve, pero cargada de satisfacción y tranquilidad al contar con la compañía de ella, quien, contra todo pronóstico, le había sonreído a aquel sueño loco de un pirata que solo buscaba libertad.
Estando ya cerca del destino, una bahía un poco más alejada de los puertos principales, lugar que había elegido Cill para su llegada, para así poder evitar un poco la afluencia de gente en los puertos principales, puesto que ahora ya había carteles con recompensa siendo buscados vivos o muertos ambos dos. Acercándose a Miyori, asomándose hacia ella, tomó su sombrero con la diestra, y le retiró su capa con la otra mano y la colocó a un lado. Cill se puso el sombrero de ella un momento para no apoyarlo nuevamente en otro sitio, y con la mano detrás del hombro de ella, la movio suavemente hasta que despertara
—Miyori, vamos, es hora de despertar — le dijo amablemente sonriendo para romper contacto visual con ella y ver hacia la isla. — En breves llegaremos a Baterilla… ¿Es tu hogar no? Hace mucho tiempo no vengo aquí — le comentó volviendo a verla con una sonrisa. Y cuando ésta se incorporó un poco, le acomodó los cabellos suavemente y colocó el sombrero de su propia cabeza en la de ella. — No querrás perder tu sombrero, Miyo — espetó entre risas.
Volviendo a su lugar, ahora sí, volviendo a retomar ritmo y acompañar a la marea que les empujaba a la bahía ayudando él mismo también poniéndose a remar. Fueron unos cuantos minutos, quizás una hora, pero ya habían llegado. El bote no importaba, habían alcanzado finalmente su destino, y seguramente, el comienzo de muchas aventuras y peligros de ahí en adelante, solo faltaba encontrar a quien sabía o quería creer, ya estaría allí para encontrarse con ellos.
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