05-03-2026, 02:44 AM
Elara sintió que el mundo se detenía... era una sensación muy brusca, como si sus pies hubieran dejado de tocar el suelo de verdad. Cuando esa mano grande y firme la sujetó por la cintura, sintió un calor que le recorrió todo el cuerpo, desde las alas hasta las puntas de los dedos. ¡Estaba tan cerca! Sus sentidos aumentados no la dejaban en paz; podía oler el aroma a mar que desprendía Kaizer y ver de cerca cada detalle de sus tatuajes y la dureza de sus pectorales. Se quedó muy pálida y muy quieta, como si fuera una muñequita de porcelana que temía romperse si se movía.
Cuando él la soltó y escuchó su voz tan grave y tan rasposa, Elara sintió que las orejas le pitaban de la pura emoción. ¡Le estaba dando una orden! Y a ella le encantaba que alguien tan imponente le dijera qué hacer, nee~.
— ¡A-ah! ¡Nee~! Lo siento mucho, señor Kaizer... es que soy un poco torpe, muy torpe — balbuceó ella, bajando la mirada de inmediato porque no podía aguantar el brillo de esos ojos dorados sin ponerse todavía más roja. — Prometo mirar mejor por donde camino... ¡se lo prometo de verdad! No quería causarle molestias nada más llegar — añadió con un hilo de voz, jugueteando nerviosa con el borde de su túnica manchada.
Escuchar su nombre y saber que de verdad era su compañero la hizo dar un pequeño saltito, aunque esta vez se aseguró de mantener el equilibrio para no volver a tropezar. Sus alas dieron un aleteo ruidoso y desordenado, delatando lo feliz que estaba de tener a alguien tan "macizo" a su lado.
— ¡Sí! ¡Nee~! Yo soy Elara Vangrim... y voy a ser su compañera. ¡Owen me dijo que vendría alguien increíble, pero no sabía que sería alguien tan... tan sólido! — confesó con su honestidad de siempre, volviendo a mirarlo solo un segundo antes de notar que las orejas de él también estaban rojas. ¡Eso la puso todavía más nerviosa! — ¡O-oh! Sus orejas... ¡nee~! Son muy bonitas. ¡Digo! ¡Usted es muy... muy imponente! — exclamó tapándose la boca rápido, dándose cuenta de que estaba hablando de más por culpa de su fetichismo.
Se quedó ahí, pequeñita frente a él, con una actitud muy sumisa y esperando que él le dijera qué debían hacer ahora. Estaba totalmente entregada a su nuevo compañero rubio, pensando que era la persona más guapa que había pisado el puerto en años. ¡Tenía muchísima suerte de que la Revolución le mandara a alguien así, nee~!
Cuando él la soltó y escuchó su voz tan grave y tan rasposa, Elara sintió que las orejas le pitaban de la pura emoción. ¡Le estaba dando una orden! Y a ella le encantaba que alguien tan imponente le dijera qué hacer, nee~.
— ¡A-ah! ¡Nee~! Lo siento mucho, señor Kaizer... es que soy un poco torpe, muy torpe — balbuceó ella, bajando la mirada de inmediato porque no podía aguantar el brillo de esos ojos dorados sin ponerse todavía más roja. — Prometo mirar mejor por donde camino... ¡se lo prometo de verdad! No quería causarle molestias nada más llegar — añadió con un hilo de voz, jugueteando nerviosa con el borde de su túnica manchada.
Escuchar su nombre y saber que de verdad era su compañero la hizo dar un pequeño saltito, aunque esta vez se aseguró de mantener el equilibrio para no volver a tropezar. Sus alas dieron un aleteo ruidoso y desordenado, delatando lo feliz que estaba de tener a alguien tan "macizo" a su lado.
— ¡Sí! ¡Nee~! Yo soy Elara Vangrim... y voy a ser su compañera. ¡Owen me dijo que vendría alguien increíble, pero no sabía que sería alguien tan... tan sólido! — confesó con su honestidad de siempre, volviendo a mirarlo solo un segundo antes de notar que las orejas de él también estaban rojas. ¡Eso la puso todavía más nerviosa! — ¡O-oh! Sus orejas... ¡nee~! Son muy bonitas. ¡Digo! ¡Usted es muy... muy imponente! — exclamó tapándose la boca rápido, dándose cuenta de que estaba hablando de más por culpa de su fetichismo.
Se quedó ahí, pequeñita frente a él, con una actitud muy sumisa y esperando que él le dijera qué debían hacer ahora. Estaba totalmente entregada a su nuevo compañero rubio, pensando que era la persona más guapa que había pisado el puerto en años. ¡Tenía muchísima suerte de que la Revolución le mandara a alguien así, nee~!
