05-03-2026, 03:39 PM
37 de verano, año 17
Y lo fue.
El primer día transcurrió con esa lentitud pegajosa que solo el mar sabe ofrecer. El barco crujía como si estuviera recordándole al mundo que era de madera y no de hierro, y cada ola parecía una respiración profunda que nos mecía sin pedir permiso. Yo me instalé donde corría mejor la brisa, apoyando la lanza contra mi hombro como si fuera un cetro temporal y no un arma con la que ya me había ganado un precio en el periódico.
La chica ingenua resultó ser, en efecto, ingenua… pero no estúpida. Lo suficiente para entretenerme, no lo suficiente para dejarse arruinar por completo. Conseguí un par de bebidas gratis para sentir que el viaje no era una pérdida absoluta y una historia sobre su padre comerciante en el South Blue que no me interesaba en lo más mínimo. Asentí, sonreí, dije cosas vagas sobre destinos y oportunidades. Cuando me cansé, me retiré con elegancia.
Cuando me aburrí, la dejé con una sonrisa ensayada y regresé a cubierta.
El mar era amplio, exageradamente amplio. Azul hasta donde dolía la vista. El viento movía mi ropa con más intensidad de la que yo hubiera aprobado, pero al menos le daba dramatismo a la silueta. Saqué el periódico otra vez, desdoblándolo con cuidado casi religioso. Ahí estábamos. Mi tripulación ilustrada como si fuéramos una banda callejera con demasiado tiempo libre.
[…]
Cerca del mediodía comenzaron los murmullos. —Ya se ve tierra. —Me acerqué con calma a la borda, apoyando el peso en la lanza y entrecerrando los ojos. Y entonces la vi.
Baterilla.
Compacta. Viva. Con el puerto lleno de movimiento, gritos de marineros, comerciantes esperando carga, banderas agitándose como si saludaran mi llegada sin saberlo. Había algo en esa isla… algo que olía a historia, a secretos, a dinero mal guardado.
Me acomodé los lentes. Ajusté el cuello. Enderecé la espalda.
El barco disminuyó la velocidad y el impacto suave contra el muelle resonó bajo nuestros pies. Cuerdas volando, órdenes gritadas, madera contra madera. Dos días de viaje resumidos en un solo sonido. Esperé a mis compañeros cerca de la entrada. —Llegamos, es una lástima, desperdicié mucho tiempo… me equivoqué de persona ¿me entiendes? — Cuando el flujo fue más ordenado avancé, descendiendo por la pasarela con paso firme, cada golpe de la lanza marcando mi ritmo contra la madera. Sin apresurarme. Sin mirar atrás. Era un nuevo inicio.
Karmas

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