05-03-2026, 05:27 PM
El show fue para los afortunados que llegaron a apreciarlo desde el mero principio, y no perdió tiempo en lucirse frente a los espectadores que admiraron el modo tan limpio en que se quitó al tipejo de encima, porque lo hizo con algo que por aquellos lares se valora muchísimo: El baile.
Se ganó algo de respeto, incluso oliendo a colonias caras o representando a la fuerza militar del gobierno mundial con su uniforme, perteneciente a la marina, y pudo volver en completa calma a su sitio, de no ser porque fue súbitamente interrumpido por un nuevo personaje que no se esperaba para nada. Una túnica blanca, símbolos pertenecientes a la iglesia, el velo pulcro sobre su cabeza dejando únicamente a la vista ese rostro de facciones refinadas...
Sí, una monja, estaba clarísimo.
—¿Pelea? Oh hermana, tuve la suerte de poder resolver mis asuntos con métodos más... puros. —resaltó, sintiendo el calor del alcohol en el abdomen esparcirse al resto de su cuerpo. Claro que la siguió cuando ella decidió dirigirse a la barra, detalle que consiguió sorprenderlo, aunque fue en ese momento que se quedó pensando en lo que escuchó, ¿acaso acababa de maullar?
Llegando a su sitio, casualmente junto al de la monja, presenció la interacción, y no pudo evitar caer en que acababa de llamarlo "anciano". Automáticamente sus iris subieron al máximo de su capacidad, observando los mechones blancos caer sobre su frente, ¿era debido al color de pelo? ¿Tanto se podía confundir?
Pero decidió no interrumpirla y aceptar la invitación, con dos incógnitas claras. Primero, ¿por qué una monja se comportaba tan coqueta? Y segundo... ¿qué hacía bebiendo en un lugar como ese? Las dudas eran demasiadas como para quedarse callado. —Verá, hermana... me encantaría no tener que corregirla, pero no soy ningún anciano. Tengo veinticuatro años, y seis de servicio a la marina. El color de cabello es natural. —reafirmó, sujetando entonces el vaso que le invitaron y bebiendo un pequeño trago.
Era fuerte, sí. Normalmente esas bebidas no mermaban su aguante a los sabores potentes, pero sí le subían rápido, por ello se permitió el seguir hablando —De todas formas, ¿qué hace aquí, hermana? No es habitual ver a gente de su fe concurrir a sitios como este para beber. —se perfiló hacia ella, quien debido a su extraño comportamiento, había robado toda su atención.
—No la juzgo, para nada. Sólo me causa curiosidad. —y con un leve gesto sonriente, decidió presentarse por fin. —Ah, mis modales... mi nombre es Shin Hasegawa, encantado. —concluyó, más que dispuesto a escuchar las respuestas a sus dudas.
Se ganó algo de respeto, incluso oliendo a colonias caras o representando a la fuerza militar del gobierno mundial con su uniforme, perteneciente a la marina, y pudo volver en completa calma a su sitio, de no ser porque fue súbitamente interrumpido por un nuevo personaje que no se esperaba para nada. Una túnica blanca, símbolos pertenecientes a la iglesia, el velo pulcro sobre su cabeza dejando únicamente a la vista ese rostro de facciones refinadas...
Sí, una monja, estaba clarísimo.
—¿Pelea? Oh hermana, tuve la suerte de poder resolver mis asuntos con métodos más... puros. —resaltó, sintiendo el calor del alcohol en el abdomen esparcirse al resto de su cuerpo. Claro que la siguió cuando ella decidió dirigirse a la barra, detalle que consiguió sorprenderlo, aunque fue en ese momento que se quedó pensando en lo que escuchó, ¿acaso acababa de maullar?
Llegando a su sitio, casualmente junto al de la monja, presenció la interacción, y no pudo evitar caer en que acababa de llamarlo "anciano". Automáticamente sus iris subieron al máximo de su capacidad, observando los mechones blancos caer sobre su frente, ¿era debido al color de pelo? ¿Tanto se podía confundir?
Pero decidió no interrumpirla y aceptar la invitación, con dos incógnitas claras. Primero, ¿por qué una monja se comportaba tan coqueta? Y segundo... ¿qué hacía bebiendo en un lugar como ese? Las dudas eran demasiadas como para quedarse callado. —Verá, hermana... me encantaría no tener que corregirla, pero no soy ningún anciano. Tengo veinticuatro años, y seis de servicio a la marina. El color de cabello es natural. —reafirmó, sujetando entonces el vaso que le invitaron y bebiendo un pequeño trago.
Era fuerte, sí. Normalmente esas bebidas no mermaban su aguante a los sabores potentes, pero sí le subían rápido, por ello se permitió el seguir hablando —De todas formas, ¿qué hace aquí, hermana? No es habitual ver a gente de su fe concurrir a sitios como este para beber. —se perfiló hacia ella, quien debido a su extraño comportamiento, había robado toda su atención.
—No la juzgo, para nada. Sólo me causa curiosidad. —y con un leve gesto sonriente, decidió presentarse por fin. —Ah, mis modales... mi nombre es Shin Hasegawa, encantado. —concluyó, más que dispuesto a escuchar las respuestas a sus dudas.
![[Imagen: vEBNZb3.png]](https://i.imgur.com/vEBNZb3.png)
