05-03-2026, 11:55 PM
(Última modificación: 06-03-2026, 12:22 AM por Choi Hae-won.)
«No hay límites, Ángel. Tienes todas las puertas abiertas, recuérdalo.»
Cuando Kael ingresa y deja las cosas, Hae-won le sonríe, agradecida al pelinegro por preguntar acerca del estado de su compañero. Con calma, le dice que se encuentra bien y que, en efecto, solo requiere un poco de descanso para poder funcionar mejor. Toma todos los objetos que le son dejados, y sonríe luego de que el caballero se retira.
Hae-won, por su parte, decide quedarse luego de que Kael se fue. Tomar ese lugar, sentarse allí mientras acaricia el cabello del convalesciente con suavidad es lo único que le permite mantener los pensamientos ubicados en aquello que realmente importa: su bienestar. No busca abrir heridas; tampoco quiere que él le dé explicaciones de lo que siente ni cómo se siente, si él no quiere hacerlo.
Lo que sí puede hacer en esos momentos es acompañarlo como buenamente puede. Por eso mismo está en ese lugar y no se ha movido demasiado, más allá de buscar alguna manera de cubrir su malestar como puede. Él le había dado la posibilidad de abrir todas las puertas que marcan sus límites hace unos días, cuando fueron a comprar esos materiales en Briss. A eso se aferra cuando ella, testaruda y terca como es, decide quedarse.
—Oye, Dima —El tono de su voz es cauteloso, cuidado y tranquilo—... Hmmm… ¿Querido? ¿Cómo te encuentras ahora mismo? ¿Qué tal estás?
Está siendo ella misma, como siempre que tiene que hacer preguntas. Es una costumbre suya que ha empezado a notar desde el momento en el que empezó a relacionarse con más personas. Años atrás, eran dos contra un mundo entero, y el mundo había vencido con todo lo que ello implicaba, llevándose a su maestro por causa de la enfermedad. Mirar a Dimitri en ese estado remueve cosas que hace tiempo había decidido mantener ocultas bajo la alfombra.
Por eso, cuando se lleva el cabello detrás de la oreja, como siempre lo hace, se endereza un poco para darle el espacio necesario para respirar. Es un gesto común, tranquilo, agradecido. Una de esas parcelas de su mundo que le reserva solo a él, porque nace de ella.
—¿Tienes dolores de cabeza ahora mismo? Si quieres, puedo irme para dejarte descansar… Tal vez eso deba hacer…
Hae-won, por su parte, decide quedarse luego de que Kael se fue. Tomar ese lugar, sentarse allí mientras acaricia el cabello del convalesciente con suavidad es lo único que le permite mantener los pensamientos ubicados en aquello que realmente importa: su bienestar. No busca abrir heridas; tampoco quiere que él le dé explicaciones de lo que siente ni cómo se siente, si él no quiere hacerlo.
Lo que sí puede hacer en esos momentos es acompañarlo como buenamente puede. Por eso mismo está en ese lugar y no se ha movido demasiado, más allá de buscar alguna manera de cubrir su malestar como puede. Él le había dado la posibilidad de abrir todas las puertas que marcan sus límites hace unos días, cuando fueron a comprar esos materiales en Briss. A eso se aferra cuando ella, testaruda y terca como es, decide quedarse.
—Oye, Dima —El tono de su voz es cauteloso, cuidado y tranquilo—... Hmmm… ¿Querido? ¿Cómo te encuentras ahora mismo? ¿Qué tal estás?
Está siendo ella misma, como siempre que tiene que hacer preguntas. Es una costumbre suya que ha empezado a notar desde el momento en el que empezó a relacionarse con más personas. Años atrás, eran dos contra un mundo entero, y el mundo había vencido con todo lo que ello implicaba, llevándose a su maestro por causa de la enfermedad. Mirar a Dimitri en ese estado remueve cosas que hace tiempo había decidido mantener ocultas bajo la alfombra.
Por eso, cuando se lleva el cabello detrás de la oreja, como siempre lo hace, se endereza un poco para darle el espacio necesario para respirar. Es un gesto común, tranquilo, agradecido. Una de esas parcelas de su mundo que le reserva solo a él, porque nace de ella.
—¿Tienes dolores de cabeza ahora mismo? Si quieres, puedo irme para dejarte descansar… Tal vez eso deba hacer…
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