06-03-2026, 12:22 AM
Bastante normal encontrarse con peleas en los bares y la música ni se detenía, con la diferencia de que el anciano sabía moverse bien, demasiado bien para alguien al que había catalogado así con solo verlo. Pero es que era su apariencia… Aprecié un poco de su sus movimientos mientras estaba allí entre la gente y no sé como es que su cadera no se rompía o crujía ¿Estaba acostumbrado a las peleas?
Miré su figura sin pudor, subiendo y bajando con curiosidad. Igual tenía un buen culo, un gran cuerpo, se le notaba por su forma de vestir, sin embargo ignoraba completamente de qué se trataba, tampoco me interesaba investigarlo, mis ojos estaban encima de su espalda ancha, el trazo de su trasero y cuando finalmente se dio la vuelta para volver a su sitio, disimulé la vista hasta su pecho
Hasta que me vió, nos vimos.
Detrás de mi velo observaba la cara de jovencito que tenía el anciano y por tantas tonterías que me metieron en la cabeza es que me imaginé que se trataba de un anciano inmortal. Tragué saliva, impresionada al escucharlo decir “métodos más puros”, puede que estaba frente a uno de esos seres especiales que los creyentes y las monjas suelen dar su devoción y amor todos los días.
Si su color de cabello es natural, más me costaba creer que lo que me decía fuese verdad, ¿en serio veinticuatro años?. Pero al menos era todo un caballero, sonreí cuando lo ví tomar del vaso del que le había invitado. —Oh… Miau. Vaya, lo lamento, ¿no eres un anciano? Creo… creo que tienes razón, pero no lo sé, ¿en serio ese es tu pelo? No había visto un hombre tan bonito. ¿Te lo han dicho?— Mis manos se fueron a mi vaso y con las yemas de los dedos acaricié el cristal, quería acariciar otra cosa, pues luego de decir su nombre, acerqué una de mis manos hasta la cabellera blanca del hombre de uniforme desconocido.
Invadí suavemente su espacio, mientras mis dedos alcanzaron las puntas de su cabello, hundí mi mano en ellos hasta su cuero cabelludo como si estuviese tocando una suave nube y al cerrar mi mano, como un puño, lo agarré de allí, pero no con fuerza, sino que… quería saber si se deshacía al tocarlo, pero no… —Espera. Miau. ¿Será de nieve? Oh. Miau. No, no lo es, de verdad es tu cabello jisjisjis— le sonreí. Mi mano soltó cada fibra suya y bajó para acariciar el rostro ajeno.
—Mi nombre es Lana. No creo que me juzgues, Shin Hasegawa.— Me sentía comoda con el tipo, era fácil de acariciar, fácil de apreciar, pero mi mano se alejó finalmente, dejó de molestar al hombre para poder volver a donde estaba mi vaso. —Miau. Estoy haciendo un trabajo, ¿y tú que haces aquí?— Al final de todo el trabajo de buscar a la tipa que me pidieron a buscar pasó a otro plano. Me quité el velo de la cabeza dejándolo colgando entre mis hombros y tomé un sorbo, el cual estuvo rico.
Miré su figura sin pudor, subiendo y bajando con curiosidad. Igual tenía un buen culo, un gran cuerpo, se le notaba por su forma de vestir, sin embargo ignoraba completamente de qué se trataba, tampoco me interesaba investigarlo, mis ojos estaban encima de su espalda ancha, el trazo de su trasero y cuando finalmente se dio la vuelta para volver a su sitio, disimulé la vista hasta su pecho
Hasta que me vió, nos vimos.
Detrás de mi velo observaba la cara de jovencito que tenía el anciano y por tantas tonterías que me metieron en la cabeza es que me imaginé que se trataba de un anciano inmortal. Tragué saliva, impresionada al escucharlo decir “métodos más puros”, puede que estaba frente a uno de esos seres especiales que los creyentes y las monjas suelen dar su devoción y amor todos los días.
Si su color de cabello es natural, más me costaba creer que lo que me decía fuese verdad, ¿en serio veinticuatro años?. Pero al menos era todo un caballero, sonreí cuando lo ví tomar del vaso del que le había invitado. —Oh… Miau. Vaya, lo lamento, ¿no eres un anciano? Creo… creo que tienes razón, pero no lo sé, ¿en serio ese es tu pelo? No había visto un hombre tan bonito. ¿Te lo han dicho?— Mis manos se fueron a mi vaso y con las yemas de los dedos acaricié el cristal, quería acariciar otra cosa, pues luego de decir su nombre, acerqué una de mis manos hasta la cabellera blanca del hombre de uniforme desconocido.
Invadí suavemente su espacio, mientras mis dedos alcanzaron las puntas de su cabello, hundí mi mano en ellos hasta su cuero cabelludo como si estuviese tocando una suave nube y al cerrar mi mano, como un puño, lo agarré de allí, pero no con fuerza, sino que… quería saber si se deshacía al tocarlo, pero no… —Espera. Miau. ¿Será de nieve? Oh. Miau. No, no lo es, de verdad es tu cabello jisjisjis— le sonreí. Mi mano soltó cada fibra suya y bajó para acariciar el rostro ajeno.
—Mi nombre es Lana. No creo que me juzgues, Shin Hasegawa.— Me sentía comoda con el tipo, era fácil de acariciar, fácil de apreciar, pero mi mano se alejó finalmente, dejó de molestar al hombre para poder volver a donde estaba mi vaso. —Miau. Estoy haciendo un trabajo, ¿y tú que haces aquí?— Al final de todo el trabajo de buscar a la tipa que me pidieron a buscar pasó a otro plano. Me quité el velo de la cabeza dejándolo colgando entre mis hombros y tomé un sorbo, el cual estuvo rico.
