06-03-2026, 05:17 PM
El enano pelirrojo se acercó por mi derecha hasta quedar a 2 metros frente a mí y arrebató la botella de mi mano derecha sin dudarlo. El grandulón, aunque no más que yo, rodeó por la izquierda, quedando a 3 metros, un metro por detrás del pelirrojo dejándolo así ubicado entre ambos, y tomó la de mi mano izquierda con la misma naturalidad e inocencia de un niño a quien se le ofrece un dulce. El campo quedó completamente vacío a nuestro alrededor, no había ni un alma en los juegos, ni un alma en el campo, solo el balón detenido contra el poste sur y el arroyo corriendo tranquilo por el borde este. Veinticinco metros de tierra polvorienta a cada lado, la portería norte a 10 metros a mis espaldas. Le di un trago largo al whisky. Mediocre, como siempre, pero era lo que había. Observe satisfecho como los dos bebían. El grandullón vació el contenido del envase de un tirón y pareció que algo le recorrió el cuerpo de arriba abajo, como una corriente. El pelirrojo del yeso se llevó su botella a la boca y bebió con la misma decisión, aunque lo que siguió fue distinto a lo que le paso al grandulón, y yo lo reconocía perfectamente, sus ojos cambiaron de foco, su postura se aflojó ligeramente, el ron que había usado para mejorar aquel refresco hacía su trabajo.
“¡Dame otra, putito!” – exclamó el pelirrojo. Putito. ¿Putito? ¿Yo? El pelirrojo del yeso, el mismo que acababa de aceptar mi refresco, el mismo que salió volando por los aires igual que yo, me llamaba putito a mí – “¿Putito?” – repetí en voz baja, casi sin volumen, metí la mano derecha en el cinturón y saqué una de las hachas cortas en un movimiento limpio y la sujeté por el mango con firmeza, giré el torso hacia la derecha y la lancé de plano contra el torso del pelirrojo como si fuera un batazo, con toda la masa de mi brazo detrás del golpe – “¡HŌMURAN!” – rugí y el canto del hacha fue a dar en su torso con la suficiente fuerza para mandarlo 23 metros hacia el sur. Y sin esperar a ver dónde caía ya tenía la segunda hacha corta en la mano antes de que el eco de mi grito se disipara, con ambas hachas realice un movimiento en forma de X directo al torso del rubio que estaba parado como un pendejo frente a mi – “¡TITAN AXE!” – grite, dejando una hermosa marca sangrienta en forma de X en toda la cara de aquel imbécil que se había presentado como Ubbe, empujándole 5 metros hacia el sur, rompiéndole las gafas y cegándole de paso. Los ataques levantaron una nube de polvo a mi alrededor, suficiente para distraer a cualquiera que estuviera mirando de lo que estaba empezando a cambiar con mi cuerpo. Mientras aquella estela de polvo se limpiaba, sin moverme de mi posición bramé – “¡Putito tu puta madre pelirrojo! ¡Grrr!” – avance 1 metro hacia adelante y gruñendo contesté eventualmente a la pregunta que hiciera el pelirrojo antes de salir volando por los aires – “¡Soy Burrich! ¡Discípulo de Akatora! ¡Grrr!” – y sin dar mas detalles de Akatora, pues es una leyenda viviente, agregué – “Vengan a por mí, gusanos, estoy aburrido.”
“¡Dame otra, putito!” – exclamó el pelirrojo. Putito. ¿Putito? ¿Yo? El pelirrojo del yeso, el mismo que acababa de aceptar mi refresco, el mismo que salió volando por los aires igual que yo, me llamaba putito a mí – “¿Putito?” – repetí en voz baja, casi sin volumen, metí la mano derecha en el cinturón y saqué una de las hachas cortas en un movimiento limpio y la sujeté por el mango con firmeza, giré el torso hacia la derecha y la lancé de plano contra el torso del pelirrojo como si fuera un batazo, con toda la masa de mi brazo detrás del golpe – “¡HŌMURAN!” – rugí y el canto del hacha fue a dar en su torso con la suficiente fuerza para mandarlo 23 metros hacia el sur. Y sin esperar a ver dónde caía ya tenía la segunda hacha corta en la mano antes de que el eco de mi grito se disipara, con ambas hachas realice un movimiento en forma de X directo al torso del rubio que estaba parado como un pendejo frente a mi – “¡TITAN AXE!” – grite, dejando una hermosa marca sangrienta en forma de X en toda la cara de aquel imbécil que se había presentado como Ubbe, empujándole 5 metros hacia el sur, rompiéndole las gafas y cegándole de paso. Los ataques levantaron una nube de polvo a mi alrededor, suficiente para distraer a cualquiera que estuviera mirando de lo que estaba empezando a cambiar con mi cuerpo. Mientras aquella estela de polvo se limpiaba, sin moverme de mi posición bramé – “¡Putito tu puta madre pelirrojo! ¡Grrr!” – avance 1 metro hacia adelante y gruñendo contesté eventualmente a la pregunta que hiciera el pelirrojo antes de salir volando por los aires – “¡Soy Burrich! ¡Discípulo de Akatora! ¡Grrr!” – y sin dar mas detalles de Akatora, pues es una leyenda viviente, agregué – “Vengan a por mí, gusanos, estoy aburrido.”
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