Todas las auras en el interior de mi cúpula me hablaban sobre lo que sentían, los sentimientos de los demás eran igual de visibles para mi que el mismo suelo que ahora pisaba.
Los dos que han salido despedidos conmigo son fuertes, pero no más que el anciano. No más que una pérdida de tiempo. Interactúan entre ellos brevemente, la llama del belicismo se enciende, pero rápidamente se apagaba mientras paso entre ellos. A mi derecha el enorme fortachón me mira con sorpresa, lo siento. ¿Lo conozco? Lo suficiente como para saber que no hay nadie en mi camino. Mis pasos enmudecen cuando de repente su voz ronca se elevaba sobre los edificios vociferando su aura se astilla como colmillos hacia mi y siento su ira y acción hostil. Me giro hacia él.
Tras su rugido el suelo tiembla y su espada agrieta la acera, cargando ahora en ella un trozo de tierra. ¿Así trataba a su arma? La angustia por el hierro sagrado que la forma me retuerce el estómago como un nudo ardiente.
Mis pupilas se empequeñecen mientras mi espíritu se expande resquebrajando las losas del suelo y agrietando el suelo. Las ropas del suelo que ha desgarrado aquel ser salen disparadas, mi aura relampaguea a nuestro alrededor completamente desatada.
Mi haki del rey presiona su voluntad, mientras el viento aúlla escapando de mi como si pudiera gobernarlo.
La otra persona meramente interesante de la calle huye del combate, siento el miedo en él, sale del rango de acción de mi haki y desaparece entre la gente que también empieza a abandonar completamente la calle despavorida por la brutalidad de aquel gran hombre y mi haki desatado.
Su discurso termina. Se autodenomina heredero. Un aleteo. Me impulso con un salto horizontal, mis pies al ras del suelo hacen parecer que levito mientras cierro mi postura como si estuviera dando un abrazo a la nada, mi brazo izquierdo por encima del derecho y la espada empuñada en la diestra. La distancia se esfuma y recorro con un silbido silencioso los 7,5 metros que nos separan, mi espada describe un movimiento fugaz e impacta contra la mano con la que sujeta su arma, el sonido de un trueno estalla tras el golpe. Si no sabe tratarla no la merece, el acero de mi hoja secciona sus falanges obligando a que la suelte. Sigo avanzando, pues mis pies no han tocado el suelo y con un grácil giro mortal cambio la posición de mi cuerpo antes de impactar contra la pared. Mis pies chocan contra la piedra a 2 metros y medio a su espalda. Aguanto la sacudida flexionando las piernas a la vez que recuperó la postura, mis pies retumba contra el muro que me soporta y el tiempo se para por un momento, dejándome completamente en horizontal contra el suelo, como si un extraño poder hiciera que la gravedad me ignorase.
Los dos que han salido despedidos conmigo son fuertes, pero no más que el anciano. No más que una pérdida de tiempo. Interactúan entre ellos brevemente, la llama del belicismo se enciende, pero rápidamente se apagaba mientras paso entre ellos. A mi derecha el enorme fortachón me mira con sorpresa, lo siento. ¿Lo conozco? Lo suficiente como para saber que no hay nadie en mi camino. Mis pasos enmudecen cuando de repente su voz ronca se elevaba sobre los edificios vociferando su aura se astilla como colmillos hacia mi y siento su ira y acción hostil. Me giro hacia él.
Tras su rugido el suelo tiembla y su espada agrieta la acera, cargando ahora en ella un trozo de tierra. ¿Así trataba a su arma? La angustia por el hierro sagrado que la forma me retuerce el estómago como un nudo ardiente.
Mis pupilas se empequeñecen mientras mi espíritu se expande resquebrajando las losas del suelo y agrietando el suelo. Las ropas del suelo que ha desgarrado aquel ser salen disparadas, mi aura relampaguea a nuestro alrededor completamente desatada.
Mi haki del rey presiona su voluntad, mientras el viento aúlla escapando de mi como si pudiera gobernarlo.
La otra persona meramente interesante de la calle huye del combate, siento el miedo en él, sale del rango de acción de mi haki y desaparece entre la gente que también empieza a abandonar completamente la calle despavorida por la brutalidad de aquel gran hombre y mi haki desatado.
Su discurso termina. Se autodenomina heredero. Un aleteo. Me impulso con un salto horizontal, mis pies al ras del suelo hacen parecer que levito mientras cierro mi postura como si estuviera dando un abrazo a la nada, mi brazo izquierdo por encima del derecho y la espada empuñada en la diestra. La distancia se esfuma y recorro con un silbido silencioso los 7,5 metros que nos separan, mi espada describe un movimiento fugaz e impacta contra la mano con la que sujeta su arma, el sonido de un trueno estalla tras el golpe. Si no sabe tratarla no la merece, el acero de mi hoja secciona sus falanges obligando a que la suelte. Sigo avanzando, pues mis pies no han tocado el suelo y con un grácil giro mortal cambio la posición de mi cuerpo antes de impactar contra la pared. Mis pies chocan contra la piedra a 2 metros y medio a su espalda. Aguanto la sacudida flexionando las piernas a la vez que recuperó la postura, mis pies retumba contra el muro que me soporta y el tiempo se para por un momento, dejándome completamente en horizontal contra el suelo, como si un extraño poder hiciera que la gravedad me ignorase.
resumen
Aclaraciones
belico
gastos
Turno de posteo
