¿Crónica de un nunca jamás? :: Privado :: Pasado
#15
Narrador / María Merlot



……………………….

Dolor…
Miedo…
¿Cuál predominaba?
El segundo, por supuesto.

Escuchó el hueso de su pequeño brazo romperse, gritó y lloró de dolor… pero nunca se superpuso al miedo que la aprisionaba en la agonía del desastre. Los ojos fríos del tritón y su voz sin emociones calaron en ella, quien no dejó nunca de intentar zafarse, de liberarse para correr hacia su padre cangrejo. Ese nombre, nombre que no era suyo, él lo decía con una embriaguez aterradora y posesiva.

¡¡Ya voy Piraña!! Tu papá va a salvarte.

La voz de Juan Sebastián, llegó hasta sus oídos. Él no mentía, él siempre le dijo la verdad. Él la salvaría, no dejaría que ese moreno malvado, ni los otros dos habitantes del mar le hicieran daño. La valentía y rebeldía que mostró en la jaula sumergida, el valor de saber que el crustáceo la protegería… le dio ánimos y fuerzas para responderle al cruel individuo que destruyó su paseo nocturno.

Tú eres igual a nosotros ¿No es así? Me pregunto si eres consciente de ello.

— N-no soy igual a ustedes… n-no soy un monstruo — le respondió con la voz entrecortada, con la histeria, las lágrimas y el dolor de su brazo. No iba a dejar de luchar, nunca, no podía rendirse, tenía que soltarse, tenía que volver a casa, había un árbol de manzanas que sembrar, una escuela a la cual asistir, un destino glorioso y brillante al lado de su padre cangrejo. María miró al Tritón con todo el asco que a sus 13 años podía sentir hacia algo o alguien. Él ni se inmuto, parecía tan dueño de todo, tan dueño de ella, tan dueño de la vida misma. Y lo era… como lo descubriría eventualmente.

¿Crees que no te habría vendido para escapar de su situación?

Las palabras de un adulto, las palabras de alguien cuyos ojos no mostraban nada, solo vacío… la congelaron en el sitio. Negó con la cabeza, con una fuerza que parecía podía estrangular su pequeño cuello — N-no sa-sabes na-nada… — le refuto con desprecio. Su Leviatan no era malo. El cangrejo le salvó la vida, le tuvo paciencia, limpio sus lágrimas, cuido su encía herida, la alimento, la abrazó, le dio un hogar pero por sobre todas las cosas materiales, le dio esperanza, le dio una vida, le enseñó a sonreír, le enseño la bondad, le enseñó el significado del amor, puro y desinteresado, le dio una familia… aunque fueran dos, era suficiente, porque juntos tenían todo lo que necesitaban, ni más ni menos. Juan Sebastián pudo hacerle daño, utilizarla, venderla, maltratarla, humillarla, pero nunca hizo nada de eso… él simplemente le abrió su corazón y le mostro lo que significaba ser amada, sin medias tintas, sin nada a cambio.

Desháganse de él. Su “hija” ya no lo necesitará.

¿Qué dijo?

El pánico la invadió, esas palabras no… ¡NO! Ella si lo necesitaba, siempre lo necesitaría, aunque fuera una adulta, aunque fuera una anciana… siempre necesitaría a su “Padre”. ¿Quién más la cuidaría, abrazaría... la amaría sino él? Sin importarle su brazo roto, empezó con más fuerza a intentar liberarse, si tuviera una espada se lo cortaría solo para correr hacia el cangrejo — NOOOOOO… ¡VETE HUYE! PAPÁ, SÁLVATE…— gritó a todo pulmón, desgarradoramente, no quería que él muriera… en su mente en blanco, solo Juan Sebastián dibujo en colores, vivos y radiantes, no podía morir, él no. Tenía que irse, no importaba ella. La semi sirena, solo quería que el crustáceo estuviera sano y salvo, si eso significaba sacrificarse.

Mejor dejo a tu imaginación lo que van a hacerle.

El sonido del cuerpo del viejo Zheng contra el piso, los gritos de María, la desesperación de Juan. El escenario del desastre, la puesta en escena de monstruos que disfrutaban de hacer daño.

Juan no huyó.

Juan no la abandonó.

Juan en sus ojos reflejaba la determinación de salvarla.

Su papá la ayudaría.

La salvaría.

Todo estaría bien.

Se columpiarian en su árbol de manzanas dentro de unos años.

Todo sería un recuerdo doloroso, nada más.

Entonces, ellos se interpusieron: Morado y Verde.

Su captor la sujetó con fuerza contra su pecho.

Salto hacia atrás.

Los orbes de María nunca dejaron a su padre.

Fueron segundos eternos, en cámara lenta.

Las lágrimas quedando atrás, el sombrero colorido volando de su cabeza, la desesperación en sus ojos ámbar y el grito que salió de su alma.

— PAPAAAAAAAAAAAAAAAAAAAÁ —

Por debajo de su voz, la de los otros gyojines, gritando lo que parecían técnicas contra el cangrejo. Dos contra uno. No había posibilidad, nunca lo hubo. El agua la recibió, en cualquier otro momento la disfrutaría, en ese instante la odio… el vertiginoso viaje en los brazos del tritón se sintió perpetuo, su cuerpo se retorcía, las lágrimas se perdían entre el mar. La mente de la niña se rompió, tanto como su propio corazón. Cuando el frío de la noche los acobijo de nuevo… estaban en su territorio, en un barco.

— Bienvenida a tu nuevo hogar, Kassandra — le susurro al oído, luego la lanzó contra la fría madera — Traigan a Corina, deseo presentarle a su nueva pupila — su voz sonó normal, como quien habla del clima, sin quitar los orbes de la peliazul mientras sus labios formaban una sonrisa. Respiro bajo el agua, su curiosidad fue saciada, sus ideas iban cobrando vida.

María vio a su alrededor, estaba mojada, y las lágrimas se confundían con las gotas del basto océano. Vio gyojines, vio humanos encadenados. Ella ya había estado en un barco de esclavos… antes de que Juan la encontrara, solo que este lo percibió diferente pero no importaba, no se quedaría mucho tiempo, tenía que ir a buscar a Leviatan. Antes que pudiera levantarse, Pedro ya estaba a su lado, con un pie sobre su pequeña cabeza. A la distancia vio el brillo de determinación en sus ojos, la rompería e iba a disfrutarlo…

— Kassandra. ¿Quieres escapar? Hazlo, inténtalo una, cien, mil veces, si eso te hace sentir viva pero — se relamió los labios, y continuó — … siempre te buscaré, te encontraré y te arrastrare de regreso. Aprenderás por las buenas o por las malas, a dónde perteneces y sobretodo quien es tu amo — presiono con un poco más de fuerza la cabeza de la mestiza, lo que hizo que soltara un grito. Esa declaración la perseguiría por siempre, el escalofrío proveniente del terror la recorrió.

Con una sincronización fulminante, llegaron los otros dos monstruos. Chorreando agua, limpios, sin rastro de la sangre de la masacre perpetuada.

— Shishishishi Están todos muertos, Capitán — el gyojon morado fue el que hablo.

— ¡NO! — grito con sus últimas fuerzas, intentando liberarse del pisotón del hombre, fue en vano. Pedro presionó un poco más su cabeza — … mienten… déjame ir… con… mi… papá — balbuceo el mundo estaba oscureciéndose frente a sus ojos, el dolor físico, mental y emocional la abrazo, llevándola a la inconsciencia...

Ese día perdió al ser que más amaba.
Ese día los grillos nacieron.
Ese día su vida se torció.

Y descubrió, que solo su mente le pertenecía…

THE END.

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RE: ¿Crónica de un nunca jamás? :: Privado :: Pasado - por Maria Merlot - 08-03-2026, 02:04 AM

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