08-03-2026, 05:59 AM
Elevó sus cejas con cierta confusión. ¿Por qué prefería un huevo destruido y sin cuidado al que le acababa de ofrecer? Si no pudo quejarse o frenarlo fue especialmente porque el cigarrillo ahora le impedía apartarlo. Sí, era ambidiestro, pero tampoco quería una discusión estúpida por algo tan banal. Solo volteó la mirada, expulsando el humo de sus pulmones despreocupadamente.
Siempre lo repetía, pero parecía que a veces tenía que recordarle que, a diferencia de otros hombres o mujeres con las que hubiera compartido su tiempo, no había ninguno como él. De hecho nunca recordó haber cocinado siquiera para nadie, ni para un simple café. —La próxima vez, solo acéptalo, o los rompo los dos.
El cigarrillo que se encontraba entre los dedos ahora se acercaba al cenicero, utilizando su pulgar para dar una leve sacudida al objeto y dejar caer el exceso de ceniza. En un principio, sin observar al contrario. La inseguridad lo volvía a atormentar, dado que, claramente, no lo había conocido como nadie más que el tipo que era hoy. Cierto, su tipo de trabajo no era el más legal, no es que el suyo tampoco lo fuera realmente. Sus palabras lo calmaron, haciendo que sus ojos regresaran al contrario. Aparentemente, Tezca parecía, sin duda, ser diferente, como ya se suponía que lo sabía bien. Hasta entonces no se percató de la tensión hasta que sus hombros decayeron lentamente.
Extrañamente, pese a que nunca buscó las palabras que ahora le entregaba el rubio, su pecho se sintió aliviado, como si lo hubiera estado esperando toda su vida. La extraña sensación de comodidad lo envolvió como un silencioso abrazo. Sus ojos descendieron, sintiendo el alivio con el tacto del hombre. Tomó la mano que le extendía, dejando atrás el cigarrillo que solo humeaba, ahora, sobre el cenicero, después de que lo apoyara. Elevó la mano, besándola con un cuidado único. Elevó la mirada, con su rostro ahora aliviado, dejándolo ir si así lo deseaba, aunque deseaba mantener ese tacto un poco más.
La atención se volcó en el café, tomando su primer sorbo, ahora rebosando mayor tranquilidad, sus ojos descendiendo hacia la taza, en un corto silencio en cuanto, una vez más, le habló. Respiró hondo una vez más, si no lo había juzgado en ese inicio, menos lo iba a hacer con otras cosas, y más cuando sabía a qué se dedicaba.
Dio un nuevo sorbo al café en una pequeña pausa, cruzándose de piernas, elevando su mano sobre el lateral de su mentón y observándolo fijamente.
Dejó lentamente la taza sobre la mesa, respirando más tranquilo. Tomó de vuelta el cigarrillo que había apoyado en el cenicero para no perderlo, para dar una nueva calada en él. —Te propongo una cosa. A ver qué te parece esto. — Elevó su mirada, buscando de nuevo la mirada del contrario tras una corta pausa, extendiendo su brazo para ofrecerle el cigarrillo si deseaba dar un par de caladas. —Puedes contarme algo sobre ti también... si quieres. — Ya fuera que lo aceptara o no, sus ojos se fijarían en el contrario. —Dudo ser el único con una infancia de mierda y, por el estado de esa casa, parece que hay más de lo que parece. — Como había dicho, eso sería solo si el contrario quería. No lo iba a forzar bajo ninguna circunstancia. —Y si no quieres, solo pregunta qué quieres saber sobre mí, y te contestaré con la máxima honestidad, Tezca. Solo a ti.

—Porque eres Tezca Norova.
Siempre lo repetía, pero parecía que a veces tenía que recordarle que, a diferencia de otros hombres o mujeres con las que hubiera compartido su tiempo, no había ninguno como él. De hecho nunca recordó haber cocinado siquiera para nadie, ni para un simple café. —La próxima vez, solo acéptalo, o los rompo los dos.
El cigarrillo que se encontraba entre los dedos ahora se acercaba al cenicero, utilizando su pulgar para dar una leve sacudida al objeto y dejar caer el exceso de ceniza. En un principio, sin observar al contrario. La inseguridad lo volvía a atormentar, dado que, claramente, no lo había conocido como nadie más que el tipo que era hoy. Cierto, su tipo de trabajo no era el más legal, no es que el suyo tampoco lo fuera realmente. Sus palabras lo calmaron, haciendo que sus ojos regresaran al contrario. Aparentemente, Tezca parecía, sin duda, ser diferente, como ya se suponía que lo sabía bien. Hasta entonces no se percató de la tensión hasta que sus hombros decayeron lentamente.
Extrañamente, pese a que nunca buscó las palabras que ahora le entregaba el rubio, su pecho se sintió aliviado, como si lo hubiera estado esperando toda su vida. La extraña sensación de comodidad lo envolvió como un silencioso abrazo. Sus ojos descendieron, sintiendo el alivio con el tacto del hombre. Tomó la mano que le extendía, dejando atrás el cigarrillo que solo humeaba, ahora, sobre el cenicero, después de que lo apoyara. Elevó la mano, besándola con un cuidado único. Elevó la mirada, con su rostro ahora aliviado, dejándolo ir si así lo deseaba, aunque deseaba mantener ese tacto un poco más.

—Como te dije, es cosa del pasado.
La atención se volcó en el café, tomando su primer sorbo, ahora rebosando mayor tranquilidad, sus ojos descendiendo hacia la taza, en un corto silencio en cuanto, una vez más, le habló. Respiró hondo una vez más, si no lo había juzgado en ese inicio, menos lo iba a hacer con otras cosas, y más cuando sabía a qué se dedicaba.

—Si fuera obligado, no te hablado de mi cicatriz.
Dio un nuevo sorbo al café en una pequeña pausa, cruzándose de piernas, elevando su mano sobre el lateral de su mentón y observándolo fijamente.

—Y tampoco te lo habría propuesto si no quisiera.
Dejó lentamente la taza sobre la mesa, respirando más tranquilo. Tomó de vuelta el cigarrillo que había apoyado en el cenicero para no perderlo, para dar una nueva calada en él. —Te propongo una cosa. A ver qué te parece esto. — Elevó su mirada, buscando de nuevo la mirada del contrario tras una corta pausa, extendiendo su brazo para ofrecerle el cigarrillo si deseaba dar un par de caladas. —Puedes contarme algo sobre ti también... si quieres. — Ya fuera que lo aceptara o no, sus ojos se fijarían en el contrario. —Dudo ser el único con una infancia de mierda y, por el estado de esa casa, parece que hay más de lo que parece. — Como había dicho, eso sería solo si el contrario quería. No lo iba a forzar bajo ninguna circunstancia. —Y si no quieres, solo pregunta qué quieres saber sobre mí, y te contestaré con la máxima honestidad, Tezca. Solo a ti.
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