08-03-2026, 06:06 AM
El joven uniformado no tenía arrugas y su espíritu también se le veía más animado, más tonto, pero ¿eso me importaba? Había algo que quería hacer que no se trataba de trabajar, eso podía dejarlo para después, porque de lo que no me quería perder era del hermoso muchacho. —Esta bien, te voy a creer… Asi que eres jovencito, ¿has estado con alguien mayor que tú? ¿quieres divertirte, verdad? Mi trabajo se trata de dar…— Mi cuerpo se levantó del asiento y se acercó lentamente hacia donde estaba él sentado. Él era alto, pero sentado quedaba a la altura de mis tetas y sonreí porque era lo que esperaba. Las manos se aferraron de nuevo a la cabellera ajena, tomándolo de la nuca para apegar su cara junto a mis blandas y grandes tetas. Su oido quedó sobre mi pecho donde latía mi corazón con rapidez.
Un momento me tomé para que mis manos acariciaran sus hebras constantemente como si fuese un niño especial mientras que su cabeza seguía recostada en mis blando pecho que resaltaba por la túnica apretada. No lo conocía, pero parecía que alguien con uniforme necesitaba algo de diversión y descanso, un descanso un poco… cansador, aunque la idea que tengo es que yo haga todo. —Quiero irme de aquí, ven, al lado de aquí está la casa donde me estoy quedando— Le dije colocando mi mano sobre la suya y con un pequeño roce terminé tomando de su mano y lo jalé sin usar tanta fuerza, logrando separar su trasero yo del asiento.
Lo veia de reojo, con una sonrisa dibujada en mis labios, no quería hacerle daño, todo iba a estar bien. Salimos para después llevarlo por la derecha, a unos pasos estaba la casa que le decía, era grande, tenía jardín, no era una casa millonaria, pero era una muy bien cuidada y sabía que estaba vacía —Es aquí, aqui te quiero dar toda la diversión que quieras— Al abrir la puerta lo empujé hasta el fondo de la casa, ahí estaba la habitación y una cama, pero lo que hice fue empujarlo contra la pared del pasillo.
El jadeo se escapaba de la boca, las manos presionaban con fuerza el pecho del hombre, las mejillas se me ponían calientes, rojas, como mi cuerpo, estaba en extasis, quería controlar a este hermoso hombre y tenerlo en este momento… tenerlo dentro, de alguna forma, por lo que mi rostro se acerco al ajeno, sintiendo su aroma, sin embargo sus labios no fueron besados. En este caso mi boca… mi boca… mordí mis labios y bajé con las manos encima del cuerpo, rozando hasta caer arrodillada.
Lamí los labios que había mordido, mi corazon estaba estúpido y lo miré a él mientras acercaba mi cara hasta su entrepierna. Mi nariz sentía el bulto encima de su pantalón, mi carita lo seguía viendo mientras que mis labios ahora eran los que tocaban aquella zona. Mmm… ¿qué nos ibamos a encontrar ahí abajo? Desaté su cinturón como si supiese su funcionamiento. Agarré con fuerza sus pantalones y se los bajé completamente con rápidez para que el otro no pudiese reaccionar a tiempo, se los bajé con todo incluido y vi aquel gran miembro del joven.
—Todo va a estar bien. ¿Te cuento un secreto? No soy una monja… creo que… ya lo sabes. Necesito que alguien me haga sentir bien, me siento tan sola. La quiero… quiero darte cariño— Mis ojos estaban esperando qué diria el hombre expuesto ante alguien como yo, ante una tipa que vestía de monja, pero que no lo era, solo era una mujer que había estado encerrada por tanto tiempo que deseaba alguien que la acompañara en un momento de soledad. Mis labios besaron con tal delicadeza la piel de su miembro, subía con cuidado hasta la punta y la lengua juguetona salió para lamérsela.
Lo volví a agarrar con fuerza, de sus caderas, de su trasero, medí con mi boca hasta cuanto podía abrirla y sin ninguna verguenza alguna, solo me la metí completamente dentro de la húmeda, apretada boca, con unos pequeños movimientos con la lengua para saborear y mojarlo más…
Un momento me tomé para que mis manos acariciaran sus hebras constantemente como si fuese un niño especial mientras que su cabeza seguía recostada en mis blando pecho que resaltaba por la túnica apretada. No lo conocía, pero parecía que alguien con uniforme necesitaba algo de diversión y descanso, un descanso un poco… cansador, aunque la idea que tengo es que yo haga todo. —Quiero irme de aquí, ven, al lado de aquí está la casa donde me estoy quedando— Le dije colocando mi mano sobre la suya y con un pequeño roce terminé tomando de su mano y lo jalé sin usar tanta fuerza, logrando separar su trasero yo del asiento.
Lo veia de reojo, con una sonrisa dibujada en mis labios, no quería hacerle daño, todo iba a estar bien. Salimos para después llevarlo por la derecha, a unos pasos estaba la casa que le decía, era grande, tenía jardín, no era una casa millonaria, pero era una muy bien cuidada y sabía que estaba vacía —Es aquí, aqui te quiero dar toda la diversión que quieras— Al abrir la puerta lo empujé hasta el fondo de la casa, ahí estaba la habitación y una cama, pero lo que hice fue empujarlo contra la pared del pasillo.
El jadeo se escapaba de la boca, las manos presionaban con fuerza el pecho del hombre, las mejillas se me ponían calientes, rojas, como mi cuerpo, estaba en extasis, quería controlar a este hermoso hombre y tenerlo en este momento… tenerlo dentro, de alguna forma, por lo que mi rostro se acerco al ajeno, sintiendo su aroma, sin embargo sus labios no fueron besados. En este caso mi boca… mi boca… mordí mis labios y bajé con las manos encima del cuerpo, rozando hasta caer arrodillada.
Lamí los labios que había mordido, mi corazon estaba estúpido y lo miré a él mientras acercaba mi cara hasta su entrepierna. Mi nariz sentía el bulto encima de su pantalón, mi carita lo seguía viendo mientras que mis labios ahora eran los que tocaban aquella zona. Mmm… ¿qué nos ibamos a encontrar ahí abajo? Desaté su cinturón como si supiese su funcionamiento. Agarré con fuerza sus pantalones y se los bajé completamente con rápidez para que el otro no pudiese reaccionar a tiempo, se los bajé con todo incluido y vi aquel gran miembro del joven.
—Todo va a estar bien. ¿Te cuento un secreto? No soy una monja… creo que… ya lo sabes. Necesito que alguien me haga sentir bien, me siento tan sola. La quiero… quiero darte cariño— Mis ojos estaban esperando qué diria el hombre expuesto ante alguien como yo, ante una tipa que vestía de monja, pero que no lo era, solo era una mujer que había estado encerrada por tanto tiempo que deseaba alguien que la acompañara en un momento de soledad. Mis labios besaron con tal delicadeza la piel de su miembro, subía con cuidado hasta la punta y la lengua juguetona salió para lamérsela.
Lo volví a agarrar con fuerza, de sus caderas, de su trasero, medí con mi boca hasta cuanto podía abrirla y sin ninguna verguenza alguna, solo me la metí completamente dentro de la húmeda, apretada boca, con unos pequeños movimientos con la lengua para saborear y mojarlo más…
