08-03-2026, 10:56 AM
¿Una imagen?... ¿Una pintura?... ¿Un cuadro?...
Mi mente trataba de procesar la ilustre escena que se manifestaba ante mis ojos. Una escena, como si la sacaran de un óleo. Una bella señorita sirena, entrando en las cristalinas aguas del mar, con sus centellas que tiene por escamas, brillando como un lucero en su espalda, sus ojos reluciendo como un par de joyas azules, y su sonrisa con un destello igual de incandecente que el del sol de aquella hermosa playa. Una escena digna de ser inmortalizada en arte.
~Que hermosa...~ Fue lo único que albergo mi mente en los breves momentos que tardo la señorita adentrándose en las aguas.
Ese pequeño instante de solemne apreciación, me duro (como es de esperarse de esta señorita) mas bien poco, pues fue interrumpido por la dulce voz de aquella linda sirena.
"¿Tus alas siempre hacen eso?" Pregunto con curiosidad la señorita.
El pequeño brillo que apenas pintaban mis ojos, se apago. Gire mi cabeza, apartando la mirada de la señorita mestiza. ¿Para que la señorita no viera mis ojos?. ¿Para voltear ver mis alas?. Ambas respuestas eran correctas.
En ese preciso instante, al volver a ser consiente de mis alas. El brillo apagado de un pasado lejano, resquebrajo mis ojos. Mi vista siguió una pequeña pluma que era arrastrada por el oleaje hasta faldas de la señorita. Seguí su figura con la mirada hasta tener su rostro nuevamente ante mi, al mismo tiempo, el color no tan vivo de mis pupilas regreso y forzando una pequeña sonrisa con un ápice de tristeza aun en ella, le respondí a la señorita.
-Es un pequeño hábito que tengo desde niño- Dije mientras giraba mi vista para ver mis alas blancas brillando con el agua del mar. Se sacudieron un poco, volviendo a reflejar mi inquietud.
La inocente pregunta de la señorita me había devuelto viejos recuerdos que prefería mantener enterrados. Hace mucho que deje de culparme por ello. Pero aun podía escuchar las voces de esos bastardos, aun podía escuchar las tantas maldiciones que proclamaron contra mis alas, tantas que muchas las creí.
Todos esos pensamientos se disiparon en cuanto la señorita sirena toco mi palma, y el brillo regreso a mi rostro iluminado por la belleza de la semi sirena. Despeje mi mente y decidí concentrarme en la misión, que eso siempre me ayudaba en estos casos.
"Príncipe Einarr. No tengas nervios, ya lo he hecho antes… ¡A Malvavisco le encanto! Y a ti también"
~¿Malvadisco?~ La duda se presento en mi rostro. ~¿Quien es malvadisco?... A veces no logro seguirle el hilo a esta señorita... Espera. Principe?~ Mi rostro reflejo aún más confusión.
-¿Príncipe?- Le pregunté extrañado a la señorita. ~Espera. ¿Como sabe mi nombre?. Acaso lo escuchó de algún lado???. Me conocerá de antes???.~ Mi mente daba vueltas tratando de comprender las palabras de la señorita, mientras ella cruzaba a mi lado entrelazando sus dedos con los mios, abriéndose paso entre el suave oleaje del mar. Ante la duda como era de mi costumbre, tome con fuerza mi dial dentro del bolsillo. Aún no podía confiarme del todo.
La señorita semisirena regreso su vista hacia mi, el agua ya le llegaba hasta la cintura, mientras que el brillo del oleaje se reflejaba en su piel y dotaba de un destello especial a sus ojos. Eso provocó que mi remolino de duda se pausara por un segundo.
~No. Einarr. Concentración por favor, no debes de confiarte por una cara bonita~ -Disculpe. Señorita. De donde es que saaaaa!!... - La mestiza, de repente y sin aviso, me atrajo con ella hacia aguas más profundas.
-Espere!... Señorita!- Trate de mantenerme a flote como podia, utilizando mis alas como flotadores naturales, chapoteando como un un gato que a sido traicionado por su dueña, siendo arrojado a la bañera.
"Deberías usar esa mano que tienes en el bolsillo, sino vas a hundirse, Príncipe Einarr" Dijo la señorita mientras se acercaba.
~Mierda. Se dio cuenta de mi mano. Pero tiene razon, si no utilizó mis brazos me voy a hundir~ Rechiztando, retire mi mano de la seguridad de mi dial, y la utilice para mantenerme a flote.
Para cuando devolvi la atención a la señorita, ella ya se encontraba cruzando sus brazos sobre mi cuello, sin importarle el espacio personal y con la inocencia de una mariposa.
Mis ojos se pasmaron con el brillo de los suyos, como hinoptizados por su color celestino. Era mucho tiempo ya el que pasó de la última vez que me acercaba físicamente tanto a otra persona, siempre trataba de mantener mi distancia a cualquiera, incluso a mis más allegados. Sin embargo, esta señorita lograba romper todas mis defensas como si fueran nada, como un remolino de emociones arrasando con mi refugio de insensibilidad.
Como un acto reflejo mis alas se extendieron y rodearon con cariño a la dulce señorita, aunque pronto me di cuenta de la situación y las retire, al mismo tiempo que mis mejillas se empezaban a pintar de rojo. Aún así mi vista seguía clavada con la suya y cuando la señorita junto nuestras frentes, simplemente me deje llevar por su brazos y me hundi junto a ella.
El paisaje que nos resivio fue mágico, el agua cristalina nos daba libre paso a la vista del fondo de la costa, y como era de esperar, estaba fascinado por todo lo que me rodeaba. Mis ojos se llenaron de una inmensa ilusion tratando de grabar en mi retina las maravillas que las aguas del Gran Line tenían para ofrecerme, tantos peces que nunca había visto, tanta vegetación que nunca me habría imaginado, todo era simplemente hermoso. Mi vista se desvio un poco para ver a la bella semisirena que nadaba junto a mi, arrastrandome por las corrientes oceánicas, viendo ondulear su hermoso cabello, fusionándose casi por completo con las cristalinas aguas, decidi plegar mis alas para no estorbarle el impulso y poder navegar más fácilmente junto a ella, mientras trataba de guiar la mediante señales hacia el naufragio.
~Esto es realmente hermoso... Nunca crei estar viendo este paisaje en persona~ Dije devolviendo la mirada al fondo marino. ~Ahora que lo pienso. La señorita si sabrá que no puedo respirar bajo el agua ¿verdad?~
En ese instante sentí un pequeño empujón desde mi cuello e inmediatamente la señorita nos había sacado a la superficie. Inmediatamente la señorita me tomo del rostro diciendome "Repira, Príncipe, Respira" A lo que yo hice caso de inmediato tomando una gran bocanada de aire. Aún así el brillo intenso del sol me había segado por un par de segundo al salir, y fue sólo después de recuperar el aliento que no te su bello rostro frente a mi, con su cabello celeste flotando junto al mar.
-Cof cof- termine tosiendo un poco de agua que había tragado por la impresión del momento.
~Otra vez con lo de Príncipe. Aún no me acostumbro. Creo que soy de todo menos un principe~ -Si le soy sincero. Por un momento entre en pánico de que no recordará que no puedo respirar haya abajo- Dije sonriendo con toque cálido, pues después de ver tan bella escena, mi actitud había cambiado un poco. ~Mi comentario no fue algo grosero?, espero que no se moleste por eso?~ Pensé al último.
-Creo que el barco no debe de estar mucho mas lejos, si nada por aquí seguramente lo vera- Mi sonrisa cálida se mantenía, pues seguía emocionado.
La señorita sirena se separó de mi y comenzó a explorar en las aguas circundantes en busca del naufragio cuando por fin lo encontró. Comencé a nadar en dirección al llamado de la sirena, buscando rastro del naufragio que no eran pocos. La señorita nadaba junto a mi, tranquila y serena, como si estuviera en su propia casa, que tal vez para ella si lo era.
Y como era costumbre. La señorita me empezo a bombardear con un aluvio de preguntas. Para bien o para mal el tiempo que pase cuidando de aquella pequeña, me habían preparado para enfrentar estas situaciones (y probablemente por estar igualmente emocionado) me dediqué a tratar de responderle a la señorita y con suerte mantener el hilo de la conversación.
-No creo que las nubes se puedan comer- Le respondi mientras trataba de nadar utilizando mis alas como un empujón extra. -Alguien con alas negras?. Probablemente era un Lunariano, no se mucho sobre ellos, pero digamos que en parte yo también soy como el, aunque seguramente mucho más debil- Ese último comentario estaba un poco tintado con mis traumas en mis días en Ikaros.
Note como la señorita me iba protegiendo de los escombros que flotaban por ahí. Lo cual me pareció un gesto tierno, aunque eso me hizo percatarme de la inesperada fuerza de la chica.
~No lo había pensado hasta ahora, pero si ella quisiera podría acabar conmigo. Al fin y al cabo estámos en su terreno.~ Ese pensamiento me hizo tragar saliva.
Pero nuevamente la voz encantadora interrumpió mi duda. "Saltemos y volemos por unos preciosos segundos" Propuso la señorita, deslumbrandome una vez más con su sonrisa.
-... Me encantaría- Le respondi a la señorita devolviéndole la sonrisa. Aunque las dudas me invadian, la actitud de esta señorita podía fácilmente conmigo. Es como si tuviera el mar en su pelo y su sonrisa fuera el sol que se refleja en el, siendo los zafiros de sus ojos el detalle que completa su rostro de mar.
Entre los escombros que navegaban con la corriente, hubo uno que llamo mi atencion, así que antes de que la señorita lo auyentase, la detuve.
-Espere señorita. Creo que encontré algo.- Deje que los escombros flotaran hacia mi y me aferre a ellos amortiguando el impacto con mis alas.
Se trataba de una caja flotando sobre un montón de maderos que le hacían de balsa. La Caja era similar a la de los suministros que había conseguido (robado) de aquella torre de piedra malgastada. Me subí en la improvisada balsa con algo de dificultad, ya que mis alas de pollo mojado me volvían más torpe, luego destape la cubierta de la caja haciendo un poco de palanca con un trozo de madera de los que flotaban junto a ella, lo cual no fue muy difícil.
En el interior de la caja había una cantidad variada de cosas, entre objetos de uso cotidiano y papeles maltrechos, todo empapado y dañado por el agua. ~Al parecer es una caja de suministros personales de alguno de los pasajeros~ .
Mis ojos luego captaron un pequeño par de objetos que hicieron que mi corazón se resquebrajara al tomarlos entre mis manos. Era un par de pequeños zapatos rojos junto a un marco roto con una foto en el, ya rota y maltrecha por el agua, pero aún reconocible. En la foto se veian los rostros de una pareja joven junto a su pequeña hija, y en uno de los bordes una fecha 27 de otoño del año 16.
Un nudo se formó en mi garganta mientras volvía a poner las cosas en su lugar y cerraba la caja. ~¿Por que?~ Era mi duda. Alguien habia provocado lo de aquella noche, alguien había matado a todas esas personas inocentes y nos había puesto en un estúpido juego, alguien tenía que pagar. Mi mirada se afilió por un segundo, para luego volver a relajarse al recordar a la dulce sirena que yacia nadando serca de mi.
-Prometo que encontrare a los culpables de esto y los haré pagar. Descansen en paz- Dije casi como un susurro mientras mantenía mi palma sobre la tapa de la caja.
Regrese mi atención a la señorita que estaba flotando en el agua no muy lejos de mi. Intente forzar una sonrisa para que no sospechara, al parecer a esta señorita le había afectado de alguna otra manera todo lo de esa noche, y no queria exponerla más a esos recuerdos dolorosos.
-Al parecer no había nada de utilidad- Mi sonrisa se volvió una más débil. -Tal vez no encontremos muchas cosas de utilidad haya abajo señorita. ¿Aún así quiere bajar conmigo a buscar?- me dirigi a ella insinuando en dejar la exploración del naufragio hasta aquí, pues lo que menos quería era verse apagar la sonrisa que tanto me había cautivado todo este tiempo.
-Si quiere, podemos hacer lo de saltar del risco y así aprovechamos para secarnos- Dije con un tono más alegre, no quería que la señorita notará lo que ocurria. Sólo me quedaba esperar su reacción, se que tal vez haya un par de cosas por ahí que tengan algo de valor, pero lo que ahora me importaba es no hacer desaparecer la sonrisa de esta señorita.
~Ya vendré yo luego a explorar por mi cuenta. Total, ya se donde se encuentra el barco gracias a la señorita~ Pensaba en una justificación para abandonar mi mision, solo por mi capricho de no entristecer a la medio sirena.
Mi mente trataba de procesar la ilustre escena que se manifestaba ante mis ojos. Una escena, como si la sacaran de un óleo. Una bella señorita sirena, entrando en las cristalinas aguas del mar, con sus centellas que tiene por escamas, brillando como un lucero en su espalda, sus ojos reluciendo como un par de joyas azules, y su sonrisa con un destello igual de incandecente que el del sol de aquella hermosa playa. Una escena digna de ser inmortalizada en arte.
~Que hermosa...~ Fue lo único que albergo mi mente en los breves momentos que tardo la señorita adentrándose en las aguas.
Ese pequeño instante de solemne apreciación, me duro (como es de esperarse de esta señorita) mas bien poco, pues fue interrumpido por la dulce voz de aquella linda sirena.
"¿Tus alas siempre hacen eso?" Pregunto con curiosidad la señorita.
El pequeño brillo que apenas pintaban mis ojos, se apago. Gire mi cabeza, apartando la mirada de la señorita mestiza. ¿Para que la señorita no viera mis ojos?. ¿Para voltear ver mis alas?. Ambas respuestas eran correctas.
En ese preciso instante, al volver a ser consiente de mis alas. El brillo apagado de un pasado lejano, resquebrajo mis ojos. Mi vista siguió una pequeña pluma que era arrastrada por el oleaje hasta faldas de la señorita. Seguí su figura con la mirada hasta tener su rostro nuevamente ante mi, al mismo tiempo, el color no tan vivo de mis pupilas regreso y forzando una pequeña sonrisa con un ápice de tristeza aun en ella, le respondí a la señorita.
-Es un pequeño hábito que tengo desde niño- Dije mientras giraba mi vista para ver mis alas blancas brillando con el agua del mar. Se sacudieron un poco, volviendo a reflejar mi inquietud.
La inocente pregunta de la señorita me había devuelto viejos recuerdos que prefería mantener enterrados. Hace mucho que deje de culparme por ello. Pero aun podía escuchar las voces de esos bastardos, aun podía escuchar las tantas maldiciones que proclamaron contra mis alas, tantas que muchas las creí.
Todos esos pensamientos se disiparon en cuanto la señorita sirena toco mi palma, y el brillo regreso a mi rostro iluminado por la belleza de la semi sirena. Despeje mi mente y decidí concentrarme en la misión, que eso siempre me ayudaba en estos casos.
"Príncipe Einarr. No tengas nervios, ya lo he hecho antes… ¡A Malvavisco le encanto! Y a ti también"
~¿Malvadisco?~ La duda se presento en mi rostro. ~¿Quien es malvadisco?... A veces no logro seguirle el hilo a esta señorita... Espera. Principe?~ Mi rostro reflejo aún más confusión.
-¿Príncipe?- Le pregunté extrañado a la señorita. ~Espera. ¿Como sabe mi nombre?. Acaso lo escuchó de algún lado???. Me conocerá de antes???.~ Mi mente daba vueltas tratando de comprender las palabras de la señorita, mientras ella cruzaba a mi lado entrelazando sus dedos con los mios, abriéndose paso entre el suave oleaje del mar. Ante la duda como era de mi costumbre, tome con fuerza mi dial dentro del bolsillo. Aún no podía confiarme del todo.
La señorita semisirena regreso su vista hacia mi, el agua ya le llegaba hasta la cintura, mientras que el brillo del oleaje se reflejaba en su piel y dotaba de un destello especial a sus ojos. Eso provocó que mi remolino de duda se pausara por un segundo.
~No. Einarr. Concentración por favor, no debes de confiarte por una cara bonita~ -Disculpe. Señorita. De donde es que saaaaa!!... - La mestiza, de repente y sin aviso, me atrajo con ella hacia aguas más profundas.
-Espere!... Señorita!- Trate de mantenerme a flote como podia, utilizando mis alas como flotadores naturales, chapoteando como un un gato que a sido traicionado por su dueña, siendo arrojado a la bañera.
"Deberías usar esa mano que tienes en el bolsillo, sino vas a hundirse, Príncipe Einarr" Dijo la señorita mientras se acercaba.
~Mierda. Se dio cuenta de mi mano. Pero tiene razon, si no utilizó mis brazos me voy a hundir~ Rechiztando, retire mi mano de la seguridad de mi dial, y la utilice para mantenerme a flote.
Para cuando devolvi la atención a la señorita, ella ya se encontraba cruzando sus brazos sobre mi cuello, sin importarle el espacio personal y con la inocencia de una mariposa.
Mis ojos se pasmaron con el brillo de los suyos, como hinoptizados por su color celestino. Era mucho tiempo ya el que pasó de la última vez que me acercaba físicamente tanto a otra persona, siempre trataba de mantener mi distancia a cualquiera, incluso a mis más allegados. Sin embargo, esta señorita lograba romper todas mis defensas como si fueran nada, como un remolino de emociones arrasando con mi refugio de insensibilidad.
Como un acto reflejo mis alas se extendieron y rodearon con cariño a la dulce señorita, aunque pronto me di cuenta de la situación y las retire, al mismo tiempo que mis mejillas se empezaban a pintar de rojo. Aún así mi vista seguía clavada con la suya y cuando la señorita junto nuestras frentes, simplemente me deje llevar por su brazos y me hundi junto a ella.
El paisaje que nos resivio fue mágico, el agua cristalina nos daba libre paso a la vista del fondo de la costa, y como era de esperar, estaba fascinado por todo lo que me rodeaba. Mis ojos se llenaron de una inmensa ilusion tratando de grabar en mi retina las maravillas que las aguas del Gran Line tenían para ofrecerme, tantos peces que nunca había visto, tanta vegetación que nunca me habría imaginado, todo era simplemente hermoso. Mi vista se desvio un poco para ver a la bella semisirena que nadaba junto a mi, arrastrandome por las corrientes oceánicas, viendo ondulear su hermoso cabello, fusionándose casi por completo con las cristalinas aguas, decidi plegar mis alas para no estorbarle el impulso y poder navegar más fácilmente junto a ella, mientras trataba de guiar la mediante señales hacia el naufragio.
~Esto es realmente hermoso... Nunca crei estar viendo este paisaje en persona~ Dije devolviendo la mirada al fondo marino. ~Ahora que lo pienso. La señorita si sabrá que no puedo respirar bajo el agua ¿verdad?~
En ese instante sentí un pequeño empujón desde mi cuello e inmediatamente la señorita nos había sacado a la superficie. Inmediatamente la señorita me tomo del rostro diciendome "Repira, Príncipe, Respira" A lo que yo hice caso de inmediato tomando una gran bocanada de aire. Aún así el brillo intenso del sol me había segado por un par de segundo al salir, y fue sólo después de recuperar el aliento que no te su bello rostro frente a mi, con su cabello celeste flotando junto al mar.
-Cof cof- termine tosiendo un poco de agua que había tragado por la impresión del momento.
~Otra vez con lo de Príncipe. Aún no me acostumbro. Creo que soy de todo menos un principe~ -Si le soy sincero. Por un momento entre en pánico de que no recordará que no puedo respirar haya abajo- Dije sonriendo con toque cálido, pues después de ver tan bella escena, mi actitud había cambiado un poco. ~Mi comentario no fue algo grosero?, espero que no se moleste por eso?~ Pensé al último.
-Creo que el barco no debe de estar mucho mas lejos, si nada por aquí seguramente lo vera- Mi sonrisa cálida se mantenía, pues seguía emocionado.
La señorita sirena se separó de mi y comenzó a explorar en las aguas circundantes en busca del naufragio cuando por fin lo encontró. Comencé a nadar en dirección al llamado de la sirena, buscando rastro del naufragio que no eran pocos. La señorita nadaba junto a mi, tranquila y serena, como si estuviera en su propia casa, que tal vez para ella si lo era.
Y como era costumbre. La señorita me empezo a bombardear con un aluvio de preguntas. Para bien o para mal el tiempo que pase cuidando de aquella pequeña, me habían preparado para enfrentar estas situaciones (y probablemente por estar igualmente emocionado) me dediqué a tratar de responderle a la señorita y con suerte mantener el hilo de la conversación.
-No creo que las nubes se puedan comer- Le respondi mientras trataba de nadar utilizando mis alas como un empujón extra. -Alguien con alas negras?. Probablemente era un Lunariano, no se mucho sobre ellos, pero digamos que en parte yo también soy como el, aunque seguramente mucho más debil- Ese último comentario estaba un poco tintado con mis traumas en mis días en Ikaros.
Note como la señorita me iba protegiendo de los escombros que flotaban por ahí. Lo cual me pareció un gesto tierno, aunque eso me hizo percatarme de la inesperada fuerza de la chica.
~No lo había pensado hasta ahora, pero si ella quisiera podría acabar conmigo. Al fin y al cabo estámos en su terreno.~ Ese pensamiento me hizo tragar saliva.
Pero nuevamente la voz encantadora interrumpió mi duda. "Saltemos y volemos por unos preciosos segundos" Propuso la señorita, deslumbrandome una vez más con su sonrisa.
-... Me encantaría- Le respondi a la señorita devolviéndole la sonrisa. Aunque las dudas me invadian, la actitud de esta señorita podía fácilmente conmigo. Es como si tuviera el mar en su pelo y su sonrisa fuera el sol que se refleja en el, siendo los zafiros de sus ojos el detalle que completa su rostro de mar.
Entre los escombros que navegaban con la corriente, hubo uno que llamo mi atencion, así que antes de que la señorita lo auyentase, la detuve.
-Espere señorita. Creo que encontré algo.- Deje que los escombros flotaran hacia mi y me aferre a ellos amortiguando el impacto con mis alas.
Se trataba de una caja flotando sobre un montón de maderos que le hacían de balsa. La Caja era similar a la de los suministros que había conseguido (robado) de aquella torre de piedra malgastada. Me subí en la improvisada balsa con algo de dificultad, ya que mis alas de pollo mojado me volvían más torpe, luego destape la cubierta de la caja haciendo un poco de palanca con un trozo de madera de los que flotaban junto a ella, lo cual no fue muy difícil.
En el interior de la caja había una cantidad variada de cosas, entre objetos de uso cotidiano y papeles maltrechos, todo empapado y dañado por el agua. ~Al parecer es una caja de suministros personales de alguno de los pasajeros~ .
Mis ojos luego captaron un pequeño par de objetos que hicieron que mi corazón se resquebrajara al tomarlos entre mis manos. Era un par de pequeños zapatos rojos junto a un marco roto con una foto en el, ya rota y maltrecha por el agua, pero aún reconocible. En la foto se veian los rostros de una pareja joven junto a su pequeña hija, y en uno de los bordes una fecha 27 de otoño del año 16.
Un nudo se formó en mi garganta mientras volvía a poner las cosas en su lugar y cerraba la caja. ~¿Por que?~ Era mi duda. Alguien habia provocado lo de aquella noche, alguien había matado a todas esas personas inocentes y nos había puesto en un estúpido juego, alguien tenía que pagar. Mi mirada se afilió por un segundo, para luego volver a relajarse al recordar a la dulce sirena que yacia nadando serca de mi.
-Prometo que encontrare a los culpables de esto y los haré pagar. Descansen en paz- Dije casi como un susurro mientras mantenía mi palma sobre la tapa de la caja.
Regrese mi atención a la señorita que estaba flotando en el agua no muy lejos de mi. Intente forzar una sonrisa para que no sospechara, al parecer a esta señorita le había afectado de alguna otra manera todo lo de esa noche, y no queria exponerla más a esos recuerdos dolorosos.
-Al parecer no había nada de utilidad- Mi sonrisa se volvió una más débil. -Tal vez no encontremos muchas cosas de utilidad haya abajo señorita. ¿Aún así quiere bajar conmigo a buscar?- me dirigi a ella insinuando en dejar la exploración del naufragio hasta aquí, pues lo que menos quería era verse apagar la sonrisa que tanto me había cautivado todo este tiempo.
-Si quiere, podemos hacer lo de saltar del risco y así aprovechamos para secarnos- Dije con un tono más alegre, no quería que la señorita notará lo que ocurria. Sólo me quedaba esperar su reacción, se que tal vez haya un par de cosas por ahí que tengan algo de valor, pero lo que ahora me importaba es no hacer desaparecer la sonrisa de esta señorita.
~Ya vendré yo luego a explorar por mi cuenta. Total, ya se donde se encuentra el barco gracias a la señorita~ Pensaba en una justificación para abandonar mi mision, solo por mi capricho de no entristecer a la medio sirena.
