08-03-2026, 10:31 PM
Elara sintió que sus alas daban un sacudón tan fuerte que casi golpean la pared. Cuando Cassian empezó a acariciar la base de sus plumas con esa lentitud tan tortuosa, un gemido muy agudo y muy bajito se le escapó de entre los labios sin que pudiera evitarlo. — ¡A-ah...! ¡Nee~! — soltó ella, escondiendo la cara con más fuerza en el hueco de su cuello. Sentía que sus chispas azules estaban descontroladas, saltando de sus hombros hacia la piel de Cassian como si quisieran marcarlo también.
Estaba totalmente a su merced, sintiendo cada centímetro de esos brazos que la rodeaban como un muro de piedra caliente. Pero de repente, mientras él le prometía ser su cárcel y su guardián, una imagen cruzó por su cabeza de forma muy rápida y muy nítida: los ojos verdes de Dharma y su risa tranquila. Elara apretó los párpados con fuerza, sintiéndose la chica más terrible del mundo. ¿Cómo podía estar disfrutando tanto de los mimos de Cassian y a la vez extrañar la presencia del otro? ¡Era un lío muy grande, nee~!
— Es usted... muy tramposo, señor Cassian... — balbuceó ella, con la respiración entrecortada y el corazón martilleando tan fuerte que seguro él podía sentirlo perfectamente. — Me dice cosas tan bonitas que... que me hacen sentir que mis alas son de papel. ¡Nee~! No se aprenda mi ritmo, que va muy rápido y me da mucha vergüenza... — admitió con una honestidad que casi le dolía.
Sentir que él imitaba su muletilla con tanta ternura la hizo soltar una risita tonta, una risita que terminó en otro suspiro suave cuando notó sus frentes unidas. Sus sentidos aumentados captaron el aroma a mar y a guerrero de Cassian, envolviéndola en una nube de la que no quería salir, aunque su mente siguiera dando vueltas como un remolino loco entre dos orillas. Se sentía muy pequeña, muy protegida, pero también muy pecaminosa por tener el corazón dividido de esa forma tan extraña.
— No me voy a mover... lo prometo, nee~ — susurró finalmente, dejando que su cuerpo se relajara por completo contra el suyo, aceptando ese calor que la consumía. — Pero si mi corazón va así de loco... es porque usted lo tiene atrapado, y no sé si quiero que lo suelte nunca. — añadió con un hilo de voz, dejando que sus dedos se enredaran tímidamente en la ropa de Cassian, entregándose a ese vicio del que él hablaba mientras intentaba alejar el recuerdo de Dharma de su cabecita mareada.
Estaba totalmente a su merced, sintiendo cada centímetro de esos brazos que la rodeaban como un muro de piedra caliente. Pero de repente, mientras él le prometía ser su cárcel y su guardián, una imagen cruzó por su cabeza de forma muy rápida y muy nítida: los ojos verdes de Dharma y su risa tranquila. Elara apretó los párpados con fuerza, sintiéndose la chica más terrible del mundo. ¿Cómo podía estar disfrutando tanto de los mimos de Cassian y a la vez extrañar la presencia del otro? ¡Era un lío muy grande, nee~!
— Es usted... muy tramposo, señor Cassian... — balbuceó ella, con la respiración entrecortada y el corazón martilleando tan fuerte que seguro él podía sentirlo perfectamente. — Me dice cosas tan bonitas que... que me hacen sentir que mis alas son de papel. ¡Nee~! No se aprenda mi ritmo, que va muy rápido y me da mucha vergüenza... — admitió con una honestidad que casi le dolía.
Sentir que él imitaba su muletilla con tanta ternura la hizo soltar una risita tonta, una risita que terminó en otro suspiro suave cuando notó sus frentes unidas. Sus sentidos aumentados captaron el aroma a mar y a guerrero de Cassian, envolviéndola en una nube de la que no quería salir, aunque su mente siguiera dando vueltas como un remolino loco entre dos orillas. Se sentía muy pequeña, muy protegida, pero también muy pecaminosa por tener el corazón dividido de esa forma tan extraña.
— No me voy a mover... lo prometo, nee~ — susurró finalmente, dejando que su cuerpo se relajara por completo contra el suyo, aceptando ese calor que la consumía. — Pero si mi corazón va así de loco... es porque usted lo tiene atrapado, y no sé si quiero que lo suelte nunca. — añadió con un hilo de voz, dejando que sus dedos se enredaran tímidamente en la ropa de Cassian, entregándose a ese vicio del que él hablaba mientras intentaba alejar el recuerdo de Dharma de su cabecita mareada.
