Ella me agarró de la mano para detenerme. Está claro que yo entiendo que quieras agarrarme. Soy un adonis, pero tenemos que controlarnos un poco, soy de carne, si me tocas mucho tendrás que hacerte cargo después amiga. Claro que me detuve, sería grosero no hacerlo. Entonces lo entendí claramente, ella realmente quiere tocarme, pero cuando me repitió las palabras supe que algo se me había pasado. —No, yo no Bai.— A lo mejor es por que llevo mi pecho en el aire ella quería ver como es. Negué con la cabeza y me llevé la mano al pecho con una especie de sensación fantasma de su mano de gran tamaño sobre mi. Entonces vi sus brazos llenos de tatuajes. ciertamente le quedan muy bien y me hizo tragar seco solo verlos.
Creo que no había notado que comenzó a hacer calor, no como para abrumar, pero para hacerme reflexionar un instante. Miré a otro lado y luego volví a verla. —Yo Heras.— Luego de eso una conversación silenciosa, de gestos, ella continuó respondiendome que no podría volar y eso era una lastima, sus alas blancas son muy bonitas, no son como las alas pequeñas de color blanco que se me han cruzado en alguna oportunidad. Me señalo directamente el pecho, el lado tatuado y luego señalé mis brazos, las zonas tatuadas y luego las zonas tatuadas de ella. Tras eso un pulgar en alto. —Bien, bonito, bien.— No tengo que ocultarlo, me gustan mucho los tatuajes y la presentación de ellos casualizada la hacía un poco más tranquila.
Yo a ella la voy a ayudar, ella necesita que la ayude y yo seré quien esté para ella. La situación del agarre cambió con sutileza, si bien su agarre fue diestro el mío fue ágil. No busqué agarrar su muñeca, fuí a su mano y claro como alguien que es claramente más pequeño caminé con ella a mi lado. Con naturalidad, con la confianza suficiente como para ir con ella a mi lado sin sentirme pequeño. Esto a mi no me achicopala en absoluto. Claro que sus palabras me hacen voltear hacia ella pero me señalo al oído para que esté claro que con mi negativa es que… —No te entiendo. Pero vamos, yo te ayudaré.—
Mis pasos que son claramente más pequeños tienen que ser más para ella y es curioso porque normalmente estoy en la posición del grande y ahora soy el pequeño. Como estamos en pleno puerto pues caminó directamente a donde se que nos pueden ayudar. La llevo de mi mano al lugar donde he conocido más gente, una taberna, entraré con este mujerón grandote de mi mano y eso no solo me va a dar aura, me llevará donde podemos encontrar a algún experto. Siempre hay lobos de mar que han viajado por todo el mundo.
Claro nuestra llegada es imposible que no llamáramos la atención, pero si es lo que me encanta a mi. Salvo que hubiera marines. Estoy totalmente claro a quién le voy a preguntar y voy donde hay un tipo de un gordo que claramente está dormido en la barra. Al ser tan temprano no hay demasiado movimiento y no hay rondas de cervezas gratis. Lo veo y la veo a ella para señalarlo.
Es el hombre que conozco que sabe más de mujeres aquí en Karate, así con su aspecto de hombre de cervezas y tabernas tiene una habilidad única para conocer sobre mujeres, lo he visto irse a las habitaciones privadas con mujeres que a cualquiera le da envidia. —Scaterix!— Pateé el banco de inmediato. Se levantó sorprendido con su nariz roja y la cara adormilada. Se la sacudió y el sueño pensando que creía que era un cobrado.
—Yo te pagaré, yo te pagaré! Epa Heras. ¿Aquí tan temprano?— Su nariz roja señal de que en su cuerpo aún está afectado por el alcohol pero racional. —Vine con mi nueva amiga, es para que me digas si sabes que está hablando.— Se la mostré sin soltar su mano para que pudiera presentarse llevé mi mano hacia Scaterix y ahí es que la he soltado. No es que marque terreno, pero si la llevaba así no estaría perdida.
—¿Una amiga? Sería bueno que ella me hable.— Las miradas se buscaron a Bai a ver que nos tenía que compartir.
Creo que no había notado que comenzó a hacer calor, no como para abrumar, pero para hacerme reflexionar un instante. Miré a otro lado y luego volví a verla. —Yo Heras.— Luego de eso una conversación silenciosa, de gestos, ella continuó respondiendome que no podría volar y eso era una lastima, sus alas blancas son muy bonitas, no son como las alas pequeñas de color blanco que se me han cruzado en alguna oportunidad. Me señalo directamente el pecho, el lado tatuado y luego señalé mis brazos, las zonas tatuadas y luego las zonas tatuadas de ella. Tras eso un pulgar en alto. —Bien, bonito, bien.— No tengo que ocultarlo, me gustan mucho los tatuajes y la presentación de ellos casualizada la hacía un poco más tranquila.
Yo a ella la voy a ayudar, ella necesita que la ayude y yo seré quien esté para ella. La situación del agarre cambió con sutileza, si bien su agarre fue diestro el mío fue ágil. No busqué agarrar su muñeca, fuí a su mano y claro como alguien que es claramente más pequeño caminé con ella a mi lado. Con naturalidad, con la confianza suficiente como para ir con ella a mi lado sin sentirme pequeño. Esto a mi no me achicopala en absoluto. Claro que sus palabras me hacen voltear hacia ella pero me señalo al oído para que esté claro que con mi negativa es que… —No te entiendo. Pero vamos, yo te ayudaré.—
Mis pasos que son claramente más pequeños tienen que ser más para ella y es curioso porque normalmente estoy en la posición del grande y ahora soy el pequeño. Como estamos en pleno puerto pues caminó directamente a donde se que nos pueden ayudar. La llevo de mi mano al lugar donde he conocido más gente, una taberna, entraré con este mujerón grandote de mi mano y eso no solo me va a dar aura, me llevará donde podemos encontrar a algún experto. Siempre hay lobos de mar que han viajado por todo el mundo.
Claro nuestra llegada es imposible que no llamáramos la atención, pero si es lo que me encanta a mi. Salvo que hubiera marines. Estoy totalmente claro a quién le voy a preguntar y voy donde hay un tipo de un gordo que claramente está dormido en la barra. Al ser tan temprano no hay demasiado movimiento y no hay rondas de cervezas gratis. Lo veo y la veo a ella para señalarlo.
Scaterix
Es el hombre que conozco que sabe más de mujeres aquí en Karate, así con su aspecto de hombre de cervezas y tabernas tiene una habilidad única para conocer sobre mujeres, lo he visto irse a las habitaciones privadas con mujeres que a cualquiera le da envidia. —Scaterix!— Pateé el banco de inmediato. Se levantó sorprendido con su nariz roja y la cara adormilada. Se la sacudió y el sueño pensando que creía que era un cobrado.
—Yo te pagaré, yo te pagaré! Epa Heras. ¿Aquí tan temprano?— Su nariz roja señal de que en su cuerpo aún está afectado por el alcohol pero racional. —Vine con mi nueva amiga, es para que me digas si sabes que está hablando.— Se la mostré sin soltar su mano para que pudiera presentarse llevé mi mano hacia Scaterix y ahí es que la he soltado. No es que marque terreno, pero si la llevaba así no estaría perdida.
—¿Una amiga? Sería bueno que ella me hable.— Las miradas se buscaron a Bai a ver que nos tenía que compartir.
