09-03-2026, 12:01 PM
Su boca encima de la piel fue una sorpresa, ¿habrá entendido que le estaba dando el cuerpo para alimentarse? ¿Se alimentaba de humanos? Uy no, no era comida, el cuerpo no se estaba ofreciendo para ser ese tipo de alimento. Me puso nerviosa por lo que la respuesta fue brusca… porque creí que me de defendía de… bueno, no lo sé. Pero… eso causó, por otro lado, una pequeña sensación de satisfacción, causaba calor en el interior, y mientras aun parecía procesar qué ocurrió, si era peligro real o solo un juego que se me escapaba de las manitas.
La inmensa mujer que está arriba se trataba de alguien demasiado adorable, ni siquiera se defendió, por lo que eso… me hizo sentir un fuerte hambre que hizo que le pasara la lengua sobre su piel para saborearla. Mis labios rozaban contra ella y con movimientos suaves hacía como que me la comía. Despertaba en mi curiosidad su naturaleza. Sin embargo, de repente el peso de su cuerpo se sintió más ligero, y es que ella se estaba separando, dejando su cuerpo descansar a un lado, retirando su peso que hacia unos segundos estaba sobre mi culo.
—Espera… espera… ¿no me vas a comer? Creí que… pensé… mmm… no sé si te dejaría— Acaricié mis manos y la sonrisa se hizo pequeña. La hermosa carita de la castaña, con la otra mitad de su pelo nevado, parece estar muy pensativa. Sus ojos estaban encima y aunque no le entendía, no decía nada ya. Me acerqué a ella, gateando sobre el cesped hasta llegar a su cuerpo moreno, puse entonces mis manos sobre ella para acariciar lentamente su bonita figura, explorando más de ella. Después me subí a su cuerpo, acomodando mi peso y quedar sentada sobre su estómago.
Aun me había quedado cierta delicia por lo que pasó, sin embargo, parecia que la hermosa mujer estaba en otro lado, era dificil de leerla, de entenderla. Vi su pechera, su pieza de armadura que le ayudé a soltarse un poco —Oye… ¿quieres ver algo? usa tus alas para que esto quede entre nosotras…— Le mostré mis manos. Las moví como si fuesen alas. —yo… no… llevo… ningún arma— Con una buena técnica, deslicé la tunica hacia arriba y me la quite completamente. El cuerpo desnudo hacia contraste con el ajeno, era pequeño, blanco, con pechos medianos.
Despues quité su pechera, liberando su torso hasta encontrarme con sus hermosos, firmes pechos. Ay… me puse nerviosa y la piel reacciono enseguida por su lindo cuerpo y por el aire fresco de la colina, por lo que me recosté sobre ella, quedando nuestros pechos pegados, tocándose, buscando compartir el calor que se perdía de repente… El contacto lo sentía rico, bonito. Lentamente acerqué el rostro hasta el suyo, la acaricie con la nariz, roce suavemente mi mejilla con la suya y mi respiración chocaba con la suya hasta que mis labios fueron a buscar los suyos plantándole un pequeño beso. Después de ese le di otro y otro.
La inmensa mujer que está arriba se trataba de alguien demasiado adorable, ni siquiera se defendió, por lo que eso… me hizo sentir un fuerte hambre que hizo que le pasara la lengua sobre su piel para saborearla. Mis labios rozaban contra ella y con movimientos suaves hacía como que me la comía. Despertaba en mi curiosidad su naturaleza. Sin embargo, de repente el peso de su cuerpo se sintió más ligero, y es que ella se estaba separando, dejando su cuerpo descansar a un lado, retirando su peso que hacia unos segundos estaba sobre mi culo.
—Espera… espera… ¿no me vas a comer? Creí que… pensé… mmm… no sé si te dejaría— Acaricié mis manos y la sonrisa se hizo pequeña. La hermosa carita de la castaña, con la otra mitad de su pelo nevado, parece estar muy pensativa. Sus ojos estaban encima y aunque no le entendía, no decía nada ya. Me acerqué a ella, gateando sobre el cesped hasta llegar a su cuerpo moreno, puse entonces mis manos sobre ella para acariciar lentamente su bonita figura, explorando más de ella. Después me subí a su cuerpo, acomodando mi peso y quedar sentada sobre su estómago.
Aun me había quedado cierta delicia por lo que pasó, sin embargo, parecia que la hermosa mujer estaba en otro lado, era dificil de leerla, de entenderla. Vi su pechera, su pieza de armadura que le ayudé a soltarse un poco —Oye… ¿quieres ver algo? usa tus alas para que esto quede entre nosotras…— Le mostré mis manos. Las moví como si fuesen alas. —yo… no… llevo… ningún arma— Con una buena técnica, deslicé la tunica hacia arriba y me la quite completamente. El cuerpo desnudo hacia contraste con el ajeno, era pequeño, blanco, con pechos medianos.
Despues quité su pechera, liberando su torso hasta encontrarme con sus hermosos, firmes pechos. Ay… me puse nerviosa y la piel reacciono enseguida por su lindo cuerpo y por el aire fresco de la colina, por lo que me recosté sobre ella, quedando nuestros pechos pegados, tocándose, buscando compartir el calor que se perdía de repente… El contacto lo sentía rico, bonito. Lentamente acerqué el rostro hasta el suyo, la acaricie con la nariz, roce suavemente mi mejilla con la suya y mi respiración chocaba con la suya hasta que mis labios fueron a buscar los suyos plantándole un pequeño beso. Después de ese le di otro y otro.
