09-03-2026, 04:54 PM
La respuesta del hombre es suficiente para que Uker agache la mirada y de otro sorbo a su bebida, para luego, con una expresión tranquila y neutral, volver a hablar. - Entiendo, lo siento por eso de igual manera -. No parecía ser sincero, así como tampoco parecía que eso no le hubiera afectado. Ella y su pareja los habían molestado, mentiría si dijera que no había pensado en darles una paliza y acabar con todo, pero la buena fe del anciano lo hacía preguntarse si debería haberse medido.
La más pequeña le tenía miedo, Uker la observó con cansancio en sus ojos, agotado de ver esas miradas. Por su sola presencia podía generarlas, pero también lo hacían sus palabras, cosa que le dolía bastante. No era alguien malvado, al menos no quería serlo, pero pese a eso se había formado una fama de asesino y peligroso que no creía poderse quitar de encima. Se vio a sí mismo reflejado en esa mujer, un niño pequeño de 12 años asustado y llorando mientras un marine le apuntaba con su arma y terminaba de jalar el gatillo. Desvió su mirada mientras los demás hablaban, directo hacia la bebida en su mano, mientras la que estaba libre fue directamente al hombro contrario, justo donde una cicatriz casi circular se encontraba.
¿Se había convertido en lo mismo que ellos?
La palabra “tonto” fue lo que lo hizo levantar la mirada, observando al medico que ahora le daba ordenes. No le importaba eso, no planeaba dañarlos, y sabía que el propio Kiyoshi estaba al tanto de eso, pero al menos sirvió para tranquilizar a la muchacha.
Esa palabra se quedó flotando en su mente un rato más.
El cocinero observa al hombre mientras responde a su anterior pregunta. No se trata de un guerrero, o al menos no uno orgulloso de serlo, simplemente es un hombre que conoce sus responsabilidades y hace todo lo posible por cumplirlas. No pudo evitar que eso le recordara a su maestro, tal vez incluso le hubiera dicho las mismas palabras si él le preguntaba porque era tan fuerte. - Entiendo. Lamento mucho mi comportamiento entonces, espero sepan disculparme -. Agachó la cabeza, un pequeño gesto buscando un perdón leve por parte de esa familia a la que había molestado con sus palabras.
Las preguntas de Kiyoshi no cesaron, aunque el hombre de mechón blanco no parecía importarle que hablaran sobre él. Si el hombre quisiese capturarlo ya lo habría hecho cuando estaba al borde de la muerte, ahora no sería una presa tan sencilla y confiaba en su habilidad para pelear incluso sin sus armas. Lo que sí le sorprendió fue la siguiente pregunta, dirigida a él, tanto que lo hizo alzar una ceja mientras miraba a Kiyoshi en silencio, como si la pregunta se respondiera sola. - Sea quien sea, si se mete en mi camino va a terminar cortado -. Eso respondía a la pregunta, pero quiso continuar su explicación. - No temo dañar a quien sea, pero siempre y cuando se haya metido conmigo o quiera impedirme alcanzar mi meta -. Dio un sorbo al chocolate antes de continuar. - Pero ellos hicieron todo lo contrario. Me dieron ayuda, ropa y bebida en cuanto yo mismo me tiré a las garras de la muerte, así que por ahora no tengo porque hacerles daño -.
Pese a haberle molestado su propia actitud de antes, se mantuvo a la defensiva incluso ahora. Ya no se trata de un lugar donde pudiera aspirar a no dañar a otros, había aprendido que en este mar no se iba a encontrar con buenas personas muy seguido.
La conversación fue interrumpida cuando el otro patinador salió de la habitación. Uker no buscó prestarle atención, pero notó como el tipo cojeaba y se quejaba de su pierna, justo la que antes el mismo cocinero le había hundido en el agua helada. Lo vio acercarse a la chimenea y poner su pie lastimado cerca del fuego, una acción ante la cual el tipo con el mechón blanco suspiró y reaccionó. - Oye, quita ese pie de ahí -. Vio como el hombre se giraba a responderle, pero Uker habló más rápido. - Si intentas curar la falta de calor de una extremidad poniéndola junto a una fuente de calor extrema, lo único que conseguirás será perder el pie -.
Sin mucho cariño ni apuro, tomó la toalla que antes ocupaba para secarse el cabello y la lanzó al rostro del otro hombre. - Cúbrela con un paño tibio y aléjala del fuego, tampoco frotes la zona -. Ahora que lo notaba, parecía Kiyoshi hablando así, tanto que lo busco con la mirada para confirmar que no estaba equivocado. Había tenido que sufrir las inclemencias del clima desde que escapó de su isla, asediado por vivir en las calles de una isla que se vio azotada por bandas piratas y criminales. Aprender a hacer fuego, cocinar ratas o animales que encontrara, aprender a cazar y robar, así como ganarse algunas cicatrices en el proceso. Tuvo que vivir con todo eso y, pese a su actitud, no podía soportar que alguien maltratara su cuerpo si él sabía cómo debían ser las cosas.
A menos que se tratase de un marine. Esos podían morirse congelados en algún lado si fuera por el cocinero.
La más pequeña le tenía miedo, Uker la observó con cansancio en sus ojos, agotado de ver esas miradas. Por su sola presencia podía generarlas, pero también lo hacían sus palabras, cosa que le dolía bastante. No era alguien malvado, al menos no quería serlo, pero pese a eso se había formado una fama de asesino y peligroso que no creía poderse quitar de encima. Se vio a sí mismo reflejado en esa mujer, un niño pequeño de 12 años asustado y llorando mientras un marine le apuntaba con su arma y terminaba de jalar el gatillo. Desvió su mirada mientras los demás hablaban, directo hacia la bebida en su mano, mientras la que estaba libre fue directamente al hombro contrario, justo donde una cicatriz casi circular se encontraba.
¿Se había convertido en lo mismo que ellos?
La palabra “tonto” fue lo que lo hizo levantar la mirada, observando al medico que ahora le daba ordenes. No le importaba eso, no planeaba dañarlos, y sabía que el propio Kiyoshi estaba al tanto de eso, pero al menos sirvió para tranquilizar a la muchacha.
“Peligroso”
Esa palabra se quedó flotando en su mente un rato más.
El cocinero observa al hombre mientras responde a su anterior pregunta. No se trata de un guerrero, o al menos no uno orgulloso de serlo, simplemente es un hombre que conoce sus responsabilidades y hace todo lo posible por cumplirlas. No pudo evitar que eso le recordara a su maestro, tal vez incluso le hubiera dicho las mismas palabras si él le preguntaba porque era tan fuerte. - Entiendo. Lamento mucho mi comportamiento entonces, espero sepan disculparme -. Agachó la cabeza, un pequeño gesto buscando un perdón leve por parte de esa familia a la que había molestado con sus palabras.
Las preguntas de Kiyoshi no cesaron, aunque el hombre de mechón blanco no parecía importarle que hablaran sobre él. Si el hombre quisiese capturarlo ya lo habría hecho cuando estaba al borde de la muerte, ahora no sería una presa tan sencilla y confiaba en su habilidad para pelear incluso sin sus armas. Lo que sí le sorprendió fue la siguiente pregunta, dirigida a él, tanto que lo hizo alzar una ceja mientras miraba a Kiyoshi en silencio, como si la pregunta se respondiera sola. - Sea quien sea, si se mete en mi camino va a terminar cortado -. Eso respondía a la pregunta, pero quiso continuar su explicación. - No temo dañar a quien sea, pero siempre y cuando se haya metido conmigo o quiera impedirme alcanzar mi meta -. Dio un sorbo al chocolate antes de continuar. - Pero ellos hicieron todo lo contrario. Me dieron ayuda, ropa y bebida en cuanto yo mismo me tiré a las garras de la muerte, así que por ahora no tengo porque hacerles daño -.
Pese a haberle molestado su propia actitud de antes, se mantuvo a la defensiva incluso ahora. Ya no se trata de un lugar donde pudiera aspirar a no dañar a otros, había aprendido que en este mar no se iba a encontrar con buenas personas muy seguido.
La conversación fue interrumpida cuando el otro patinador salió de la habitación. Uker no buscó prestarle atención, pero notó como el tipo cojeaba y se quejaba de su pierna, justo la que antes el mismo cocinero le había hundido en el agua helada. Lo vio acercarse a la chimenea y poner su pie lastimado cerca del fuego, una acción ante la cual el tipo con el mechón blanco suspiró y reaccionó. - Oye, quita ese pie de ahí -. Vio como el hombre se giraba a responderle, pero Uker habló más rápido. - Si intentas curar la falta de calor de una extremidad poniéndola junto a una fuente de calor extrema, lo único que conseguirás será perder el pie -.
Sin mucho cariño ni apuro, tomó la toalla que antes ocupaba para secarse el cabello y la lanzó al rostro del otro hombre. - Cúbrela con un paño tibio y aléjala del fuego, tampoco frotes la zona -. Ahora que lo notaba, parecía Kiyoshi hablando así, tanto que lo busco con la mirada para confirmar que no estaba equivocado. Había tenido que sufrir las inclemencias del clima desde que escapó de su isla, asediado por vivir en las calles de una isla que se vio azotada por bandas piratas y criminales. Aprender a hacer fuego, cocinar ratas o animales que encontrara, aprender a cazar y robar, así como ganarse algunas cicatrices en el proceso. Tuvo que vivir con todo eso y, pese a su actitud, no podía soportar que alguien maltratara su cuerpo si él sabía cómo debían ser las cosas.
A menos que se tratase de un marine. Esos podían morirse congelados en algún lado si fuera por el cocinero.
![[Imagen: 9m2pWO6.jpeg]](https://i.imgur.com/9m2pWO6.jpeg)
Si quieres perder el pie al menos que no sea por algo causado por mi, no me gusta que me culpen de cualquier cosa
