10-03-2026, 12:42 AM
La confesión de Seraphine sobre su memoria hizo que Yuuki se detuviera un instante. Aquella seriedad neutra se suavizó por un segundo, transformándose en una mirada de pura empatía. No era lástima, puesto que Yuuki no era de las que sentía lástima, sino comprensión; era ese instinto de protección que le afloraba cada vez que veía una grieta en alguien que consideraba "suya" por esa noche. Y su mirada podía dejar ver lo que sentía en esa misma noche cuando se quedó viendo a Seraphine luego de oírla.
—Oh, tesoro... no te fuerces. Si el pasado quiere jugar a las escondidas, deja que se quede ahí. Lo que importa es que hoy estás aquí, comiendo rico y con tus manos bien vendadas, ciertamente —le dedicó una sonrisa reconfortante antes de retomar el paso hacia la penumbra de los árboles—. Y si estos amantes no quieren ser encontrados, pues... les daremos nuestra bendición, les pediremos una propina por las molestias a los de la fiesta y los dejaremos a los otros dos en su nido de amor. Pero mi instinto me dice que aquí en Samba las despedidas no suelen ser tan silenciosas. Y menos con esos dos.
Al escuchar que la gigante peliazul sabía manejar el arco, Yuuki soltó una risita sonora y bastante curiosa.
—¡JRAH JRAH JRAH JRAH!
Se agarraba la cabeza y el pelo mientras reía, aunque sus ojos no dejaban de escanear las sombras, pues no se tenía permitido bajar la guardia aunque estuviera en una conversación amena y con alguien a quien encontraba agradable para sí misma. También, el hecho de que Seraphine fuera una guerrera capaz le quitaba un peso de encima; ahora no solo era una "hija" a la que cuidar, sino una compañera de armas.
—¿Arco y flecha? ¡Vaya! Me encantaría ver eso en acción. Hacemos buena pareja entonces: con tu arco y mi Quicksilver, no creo que se nos vayan a acercar buscando pleito... —comentó, acariciando el mango de su arma con la punta de sus dedos, que tamborileaban en un ritmo ascendente sobre este.
Siguieron caminando y pronto llegaron al borde de la arboleda, donde la luz de la hoguera del caserío ya era solo un resplandor lejano. Desde allí se veía bastante bien el área circundante. Y aunque no encontraron a los novios a primera vista, Yuuki se detuvo frente a un pequeño desnivel y, con un movimiento grácil, extendió sus alas blancas. No eran las más grandes, pero bajo la luz de la luna tenían un brillo nacarado casi místico.
—¿Querías ver cómo planeo? Mira esto, Seraphine. ¡Es mi truco favorito para entrar con estilo! Y creo que también lo puedo usar para rastrear un poco desde el aire...
Yuuki dio un salto hacia el vacío del pequeño risco, batiendo sus alas con fuerza para ganar impulso inicial. No voló hacia arriba, pero el aire atrapó sus plumas y la mantuvo suspendida en un planeo elegante, trazando una curva perfecta sobre los arbustos antes de aterrizar suavemente unos metros más adelante, con las botas apenas haciendo ruido sobre la tierra. Se giró hacia la Skypean, haciendo una pequeña reverencia de escenario.
—¡Tachán! No es un vuelo real, pero sirve para que no se me ensucie la ropa, ¿verdad? —dijo recuperando el tono bromista, aunque rápidamente bajó la voz al notar un movimiento extraño entre las ramas más adelante—. Hmmm... ¿Sientes eso? O mejor dicho, ¿Lo ves? Parece que realmente no estamos solas aquí. Mantente cerca, Sera. Si ves algo moverse entre las sombras del mirador, no dudes en tensar esa cuerda.
Se agachó un poco, ocultándose tras el tronco de un árbol viejo, esperando a que su alta compañera se posicionara. Sus dedos seguían tamborileando sobre el revólver, pero esta vez con un ritmo de anticipación.
Al fondo, entre los árboles en un claro oculto, se veía que había cuatro personas, dos de ellas atadas y las otras dos llevando una un garrote y otra una lámpara. Yuuki entrecerró los ojos y se fue aproximando lentamente, infiltrándose en el lugar y esperando que Seraphine le cubriera.
—Oh, tesoro... no te fuerces. Si el pasado quiere jugar a las escondidas, deja que se quede ahí. Lo que importa es que hoy estás aquí, comiendo rico y con tus manos bien vendadas, ciertamente —le dedicó una sonrisa reconfortante antes de retomar el paso hacia la penumbra de los árboles—. Y si estos amantes no quieren ser encontrados, pues... les daremos nuestra bendición, les pediremos una propina por las molestias a los de la fiesta y los dejaremos a los otros dos en su nido de amor. Pero mi instinto me dice que aquí en Samba las despedidas no suelen ser tan silenciosas. Y menos con esos dos.
Al escuchar que la gigante peliazul sabía manejar el arco, Yuuki soltó una risita sonora y bastante curiosa.
—¡JRAH JRAH JRAH JRAH!
Se agarraba la cabeza y el pelo mientras reía, aunque sus ojos no dejaban de escanear las sombras, pues no se tenía permitido bajar la guardia aunque estuviera en una conversación amena y con alguien a quien encontraba agradable para sí misma. También, el hecho de que Seraphine fuera una guerrera capaz le quitaba un peso de encima; ahora no solo era una "hija" a la que cuidar, sino una compañera de armas.
—¿Arco y flecha? ¡Vaya! Me encantaría ver eso en acción. Hacemos buena pareja entonces: con tu arco y mi Quicksilver, no creo que se nos vayan a acercar buscando pleito... —comentó, acariciando el mango de su arma con la punta de sus dedos, que tamborileaban en un ritmo ascendente sobre este.
Siguieron caminando y pronto llegaron al borde de la arboleda, donde la luz de la hoguera del caserío ya era solo un resplandor lejano. Desde allí se veía bastante bien el área circundante. Y aunque no encontraron a los novios a primera vista, Yuuki se detuvo frente a un pequeño desnivel y, con un movimiento grácil, extendió sus alas blancas. No eran las más grandes, pero bajo la luz de la luna tenían un brillo nacarado casi místico.
—¿Querías ver cómo planeo? Mira esto, Seraphine. ¡Es mi truco favorito para entrar con estilo! Y creo que también lo puedo usar para rastrear un poco desde el aire...
Yuuki dio un salto hacia el vacío del pequeño risco, batiendo sus alas con fuerza para ganar impulso inicial. No voló hacia arriba, pero el aire atrapó sus plumas y la mantuvo suspendida en un planeo elegante, trazando una curva perfecta sobre los arbustos antes de aterrizar suavemente unos metros más adelante, con las botas apenas haciendo ruido sobre la tierra. Se giró hacia la Skypean, haciendo una pequeña reverencia de escenario.
—¡Tachán! No es un vuelo real, pero sirve para que no se me ensucie la ropa, ¿verdad? —dijo recuperando el tono bromista, aunque rápidamente bajó la voz al notar un movimiento extraño entre las ramas más adelante—. Hmmm... ¿Sientes eso? O mejor dicho, ¿Lo ves? Parece que realmente no estamos solas aquí. Mantente cerca, Sera. Si ves algo moverse entre las sombras del mirador, no dudes en tensar esa cuerda.
Se agachó un poco, ocultándose tras el tronco de un árbol viejo, esperando a que su alta compañera se posicionara. Sus dedos seguían tamborileando sobre el revólver, pero esta vez con un ritmo de anticipación.
Al fondo, entre los árboles en un claro oculto, se veía que había cuatro personas, dos de ellas atadas y las otras dos llevando una un garrote y otra una lámpara. Yuuki entrecerró los ojos y se fue aproximando lentamente, infiltrándose en el lugar y esperando que Seraphine le cubriera.

![[Imagen: o32YH2T.png]](https://i.imgur.com/o32YH2T.png)