No hay mano ganadora [Pasado] [Priv. Dead Man's Hand]
#2
Narrador / María Merlot



Dolor…
Desprecio…
Vergüenza…

Tantos sentimientos la embargaban que darle prioridad a uno resultaba imposible, ojala pudiera simplemente enterrarlos y olvidarse de estos. Las últimas semanas le recordaron algo que olvidó, que aunque estuviera rodeada de personas muy fuertes, ella no estaba a esos niveles. Nunca pudo defenderse, nunca pudo defender a otros, una decoración bonita, un objeto de placer… no servía para nada más. Cuando decidió quedarse con el sujeto de ojos fantasmales, fue por la promesa de libertad. Cada uno concebía la libertad de manera distinta, María aún no entendía ni el concepto… su vida misma, no tenía sentido… los únicos momentos de paz, los encontró en las celdas; algunas oscuras, húmedas, deprimentes, otras entre cojines de plumas y ostentación, lo que tenían en común todas: la soledad, que cuando la encerraban y limitaban, en su cabeza no significaba restricción, sino protección contra los que se hacían llamar sus “dueños”. Nadie entendía porque consideraba esos sitios parte de su idiosincrasia, porque eran su lugar seguro en el mundo, tampoco lo explicaba… su vida sólo giró alrededor de estas, y estas le consolaban, nunca le mintieron o hirieron, solo la protegían del cruel exterior.

Estos últimos días, logró descansar mejor porque su Unnie estaba evolucionando poco a poco. Cuando Maki D. Zenin despertó, María pudo respirar de nuevo. Si la Valkiria Besada por el Sol hubiera muerto por su culpa, jamás se lo hubiese perdonado; la semi sirena barajeo la idea del suicidio, la seguiría hasta el más allá, no volvería a dejar a su hermana sola, aunque eso significara… morir. Claro, tampoco podía quedarse cerca, no con el remordimiento carcomiendo cada centímetro de su cuerpo. Aunque no se separó de la cama mientras estuvo inconsciente, una vez que abrió aquellos amarillentos ojos, María desapareció. No podía verla, no soportaría… lo que sabía iba a suceder: la recriminación, la decepción.

La culpa y el sentimiento de inutilidad construyo un muro alrededor de María Merlot.

También estaba el hecho, del que justo el día anterior, el 39 de Verano, se habían cumplido 6 años de la muerte de su papa adoptivo. Sus ojos aun continuaban rojos por las lagrimas derramadas ante su recuerdo, aquel bondadoso gyojin cangrejo que le dio un hogar, y que por su culpa... perdió la vida. Desde hacia semanas, o más bien, desde que sucedió lo que dejo a Maki herida, la semisirena dejo de ser ella, de arreglarse, de retocar su cabello teñido; no tenía ganas de arreglarse, o de escribir, solo pasaba las horas callada, o en las profundidades, nada habitual de ella el silencio que la rodeaba, la melancolía que la asesinaba lentamente. La ropa que se colocaba, eran solo pijamas, las que tenían formas de animales. 

La habitación y  cama de María, ahora pertenecían a la Valkiria. ¿Qué vería su Unnie? Los periódicos viejos, el cartel de Wanted de VaroGanchin, los libros de comercio amontonados y subrayados con muchos colores. Un escritorio con muchos papeles llenos de notas, otros a medio escribir con las aventuras y desvaríos de la sirena. Lo único que María no dejó, fue su diario personal, ese dónde escribió sus secretos… dónde solo ella tenía acceso.

Las estrellas brillaban, el cielo despejado brindaba una mejor noción de estas. Camino hasta dónde el gigante roncaba, y se subió hasta quedar en su cabeza, su cabello era un buen abrigo. Desde que cedió su habitación, o más bien, desde que Maki despertó, dormía en la cubierta con Thrym. Si la peliverde salía a tomar el sol, ella se iba al fondo del mar, María la evitaba, era evidente… pero porque la vergüenza, la culpa y…, en el fondo, el miedo al rechazo de su hermana, generaba que le faltara el aire… asfixiandola de una forma cruel y desesperante.

Esa noche se durmió tarde, así que cuando el sol salió por el horizonte, solo se puso una mano sobre los ojos y continuó durmiendo. Ignorando el ajetreo de la cocinera y el médico, hasta que este último fue directo a despertarlos.

Ashveil volvió…Odeth y yo lo encontramos en la playa. Esta moribundo y trajo consigo a una criatura extraña y amarilla.

La voz de Algodón de Azúcar la hizo despertar, antes que el gigante, quien tenia el sueño pesado. María siguió con la mirada al médico, y luego a la cocina. ¿Ash? ¿Su querido Capitán? y ¿Una criatura amarilla? ¿Sería posible? Su corazón latió con una emoción más propia de ella: La Alegría.

Los ojos de María se abrieron como plato, las palabras y sus significados adquirieron un sentido esperanzador. Dio un paso y luego otro, hasta que terminó corriendo en dirección a la cocina... Ahí estaban ambos, deshidratados, desvanecidos pero vivos, bien, en casa. Ashveil estaba siendo atendido por Hyakinthos, por ende su atención fue directa al Komashika, quien la miro con sus grandes ojos gritando por ayuda, ella entendía ese sentimiento — ¿Cara Melo? ¡Cara Melo! — primero lo dijo desconcertada, luego con una emoción que no sentía desde hacía semanas.

Corrio y abrazo por el cuello al cuadrúpedo, hundió su cara en la melena anaranjada — Lo siento, lo siento, lo siento… — se disculpó entre balbuceos, mientras las lágrimas dejaban sus ojos sin control; últimamente lloraba mucho, estaba sensible. También abandonó a su amigo en Whisky Peak, no pudo hacer nada cuando Thrym decidió venderlo por unos cuantos berrys… ella nunca podía hacer nada, era una inútil e incapaz, pero ahí estaba de nuevo su amigo naranjita — Lo siento… — le repitió, esas palabras habían estado atoradas en la garganta de María, quería decírselas a la Valkira, pero no tenía el valor de enfrentarla.

El animal le lamió la cara, limpiando las lágrimas. Ellos siempre se habían comunicado sin palabras, él parecía entender su corazón roto. Luego, cuando se separó de Cara Melo, pudo ver… al hombre que le prometió enseñarle sobre la libertad. Estaba vivo, estuvo a punto de abrir la boca para decirle algo pero la cerró, sus ojos fantasmales… antes cálidos, ahora parecían traspasarla de una manera… diferente, que le dio escalofríos — Fantasma…  ¿Trajiste nuevas historias? — le pregunto aleatoriamente, dedicándole una sonrisa suave. Sus pies no se movieron, no la llevaron hasta él — Llevaré a Cara Melo a otro sitio. Lo cuidaré allá, tenemos que ponernos al día. Yo me encargo de él, Algodón de Azúcar, yo puedo hacerlo… es mi amigo, puedo cuidar de él… — dijo, como si intentará convencerse a sí misma que era capaz de ayudar a un amigo, aunque en el fondo las evidencias decían que NO PODÍA.

Salió con el Komashika de la cocina, sintió una mirada penetrante en la nuca pero no volteo. Fue a la bodega, un sitio dónde nadie iba. Ahí le dio agua, y comida, manzanas, las favoritas de ambos. Con un pañuelo y agua lo limpio, en especial sus pezuñas. Se quedaría ahí todo el día, evitando a sus nakamas… y refugiándose en su peludo amigo que la veía con ojos inocentes y una leve mezcla de preocupación.



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RE: No hay mano ganadora [Pasado] [Priv. D.M.H.] - por Maria Merlot - 10-03-2026, 01:29 AM

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