10-03-2026, 04:57 PM
Era claro que era un patán. Y uno peligroso. Pero también estaba guapísimo y se comportaba a la altura de su posición; y tampoco había caído del todo en la trampa de las caderas. Ahora estaba pidiendo un intercambio y ella no tenía nada pra negociar más que ella misma... y era obvio que él lo sabía. Abusivo. Patán. Tramposo. Sucio. Y todo lo malo que podía pensar de él. Pero así también con su último comentario, se le antojaba. ¿Tezca era su nombre? Iba a ser interesante conocerlo.
—Ciertamente... —Se sentó finalmente en la cama y cruzó las piernas. Luego se inclinó un poco hacia adelante y puso ambas manos a los lados, apoyándose sobre las palmas y mantuvo sus alas bien plegadas detrás mientras levantaba su cara hacia Tezca y le sonreía de manera juguetona.
Sus ojos lo repasaron nuevamente de arriba a abajo con intensidad. Era muy buena observando y se fijaba en los detalles que podia encontrar en aquél hombre. Desde su cabello casi perfecto a la piel tan limpia y hermosa. También examinaba su ropa y la forma en que la llevaba. Y por último, aquellos ojos azules que la hacían querer zambullirse en el mar que podia ser su mirada. Aclaró luego su garganta y siguió.
—Pero berries no es algo que cargue conmigo ahora mismo. Si es dinero lo que quieres, puedes ayudarme a volver a la taberna para reclamar el dinero que gané en las apuestas... pero no puedo garantizar que me lo entreguen. Al final me descubrieron haciendo trampa... o eso dicen ellos. —Se llevó el dedo índice de la mano derecha a su labio inferior y luego hizo una cara de inocente que se notaba demasiado pura para ser cierta—. ¿O hay algo más con lo que te pueda pagar por tus... ejem... servicios?
Los dedos de la mano izquierda tamborileaban sobre la cama en un ritmo suave. Tap, tap, tap. Y ella ahora parecía estar como toda una damisela vulnerable e inocente frente a aquél patán. Aunque se había portado de cierta manera caballeroso y eso era mucho más de lo que otros hombres solían hacer con ella. También era por eso que continuaba con el juego del coqueteo.
Frotaba sus muslos el uno contra el otro mientras seguía sentada y a veces sacudía un poco el pecho, justificándolo con el mover de sus alas, a las que luego prestaba atención con sus manos, acomodando pluma por pluma y en completo silencio, simplemente dejando que el rubio la viera y decidiera lo que quisiera... al final no es que tuviera otra opción tampoco.
Fuera se seguían escuchando a los tipos buscándola. Eran bastante tercos. Y aunque las probabilidades de que la encontraran justo en la habitación aquella eran nulas, sí que era arriesgado salir.
—Ciertamente... —Se sentó finalmente en la cama y cruzó las piernas. Luego se inclinó un poco hacia adelante y puso ambas manos a los lados, apoyándose sobre las palmas y mantuvo sus alas bien plegadas detrás mientras levantaba su cara hacia Tezca y le sonreía de manera juguetona.
Sus ojos lo repasaron nuevamente de arriba a abajo con intensidad. Era muy buena observando y se fijaba en los detalles que podia encontrar en aquél hombre. Desde su cabello casi perfecto a la piel tan limpia y hermosa. También examinaba su ropa y la forma en que la llevaba. Y por último, aquellos ojos azules que la hacían querer zambullirse en el mar que podia ser su mirada. Aclaró luego su garganta y siguió.
—Pero berries no es algo que cargue conmigo ahora mismo. Si es dinero lo que quieres, puedes ayudarme a volver a la taberna para reclamar el dinero que gané en las apuestas... pero no puedo garantizar que me lo entreguen. Al final me descubrieron haciendo trampa... o eso dicen ellos. —Se llevó el dedo índice de la mano derecha a su labio inferior y luego hizo una cara de inocente que se notaba demasiado pura para ser cierta—. ¿O hay algo más con lo que te pueda pagar por tus... ejem... servicios?
Los dedos de la mano izquierda tamborileaban sobre la cama en un ritmo suave. Tap, tap, tap. Y ella ahora parecía estar como toda una damisela vulnerable e inocente frente a aquél patán. Aunque se había portado de cierta manera caballeroso y eso era mucho más de lo que otros hombres solían hacer con ella. También era por eso que continuaba con el juego del coqueteo.
Frotaba sus muslos el uno contra el otro mientras seguía sentada y a veces sacudía un poco el pecho, justificándolo con el mover de sus alas, a las que luego prestaba atención con sus manos, acomodando pluma por pluma y en completo silencio, simplemente dejando que el rubio la viera y decidiera lo que quisiera... al final no es que tuviera otra opción tampoco.
Fuera se seguían escuchando a los tipos buscándola. Eran bastante tercos. Y aunque las probabilidades de que la encontraran justo en la habitación aquella eran nulas, sí que era arriesgado salir.

![[Imagen: o32YH2T.png]](https://i.imgur.com/o32YH2T.png)