El médico brujo aún estaba bajo los efectos del alcohol, escuchando las palabras de aquella chica con un tono tan dulce como el canto de una sirena… tal vez demasiado parecido como para no levantar sospechas. Sin embargo, en ese momento Bones se encontraba relajado y desinhibido por todo lo que había bebido.
El moreno se quedó mirándola unos segundos.
Era, sin duda, una mujer de belleza admirable.
Cuando el público comenzó a aplaudir y Yuuki se levantó de su asiento, Bones recordó su nombre mientras observaba con calma el contoneo de sus caderas al caminar hacia el escenario. Cada paso parecía calculado para llamar la atención, y lo lograba sin el menor esfuerzo.
Sus alas tampoco pasaron desapercibidas para el médico brujo.
Aquella mujer poseía un atractivo bastante particular… llamativo incluso para alguien que había visto muchas cosas extrañas en su vida.
Justo cuando la banda comenzó a tocar aquella dulce tonada de jazz, lenta y rítmica, una voz de sentido común intentó abrirse paso entre los pensamientos de Bones. Era uno de los hombres que se había acercado a advertirle sobre la chica.
La música empezó con chasquidos de dedos.
Luego el contrabajo.
Después el piano.
Y la voz de Yuuki se deslizó por la taberna como humo espeso entre el alcohol y las conversaciones.
Bones mantuvo la mirada fija en el escenario mientras las palabras del hombre entraban por uno de sus oídos. Al parecer, la fama de la mujer llegaba al punto de que los visitantes recibían advertencias sobre ella.
Aquello no le molestaba en absoluto.
De hecho… lo divertía.
Después de todo, Bones siempre había sido tan curioso como un gato, y no tenía ningún problema en meterse en situaciones peligrosas si su curiosidad se lo pedía.
El comentario del hombre llegó claramente a sus oídos justo cuando los primeros acordes de la canción comenzaron a llenar la taberna. Sin embargo, el médico brujo no respondió de inmediato.
Su atención estaba en el escenario.
O, para ser más precisos, en la mujer que lo ocupaba.
La música de jazz se deslizaba entre el humo del lugar como un perfume denso y seductor. Los chasquidos de dedos marcaban el ritmo mientras el bajo y el piano acompañaban con suavidad.
En medio de todo eso estaba Yuuki.
Los ojos de Bones siguieron cada movimiento de sus caderas con la misma calma con la que un cirujano observa una operación delicada. No había prisa en su mirada, solo un análisis silencioso… y quizás un poco de diversión.
Entre sus dedos apareció una carta.
Nadie vio exactamente cuándo la sacó. Simplemente estaba ahí.
La carta giró lentamente entre sus dedos, pasando del índice al medio y luego al pulgar como si tuviera vida propia. Poco después apareció otra, deslizándose entre sus nudillos con la precisión elegante de un ilusionista.
El hombre que lo había advertido lo observó de reojo.
Bones ni siquiera lo miró.
Bajo su traje, el pequeño relicario colgaba contra su pecho. Su pulgar lo rozó brevemente, casi de forma inconsciente, como si verificara que seguía allí.
Entonces sonrió.
Una sonrisa tranquila… peligrosa.
Finalmente respondió al desconocido.
—Mi estimado amigo… si una mujer hermosa pudiera destruirme con una canción y una mirada, entonces mi reputación como hombre peligroso sería una terrible mentira.
La carta desapareció.
Otra apareció.
La hizo girar lentamente sobre la mesa antes de atraparla entre dos dedos. Luego inclinó levemente el sombrero mientras sus ojos regresaban al escenario.
Yuuki lo estaba mirando directamente.
Y no era una mirada tímida.
Bones apoyó el codo sobre la mesa con una elegancia casi teatral antes de hablar nuevamente, esta vez con un tono más bajo y divertido.
Giró.
Cayó.
Directo dentro de un vaso vacío sobre la mesa.
Bones ni siquiera miró el truco. Sus ojos seguían clavados en Yuuki.
Una ceja se levantó apenas.
Luego murmuró para sí mismo con calma:
—Aunque debo admitir… pocas pacientes han sabido llamar mi atención con tanta elegancia.
Tomó el vaso.
Sacó la carta.
El as de corazones.
En el escenario, la canción seguía creciendo.
Y algo en el ambiente dejaba claro que aquello ya no era solo un concurso de canto.
Era un juego.
Y Bones…
adoraba los juegos.
Una vez Yuuki dejo el escenario, Bones fue llamado a la tarima, comenzando a cantar la canción que tenia preparada junto a la banda que aun estaba en el escenario. Tambien jugando con las miradas complices de Yuuki, tentado a ver a donde le llevaba todo aquel juego.
El moreno se quedó mirándola unos segundos.
Era, sin duda, una mujer de belleza admirable.
Cuando el público comenzó a aplaudir y Yuuki se levantó de su asiento, Bones recordó su nombre mientras observaba con calma el contoneo de sus caderas al caminar hacia el escenario. Cada paso parecía calculado para llamar la atención, y lo lograba sin el menor esfuerzo.
Sus alas tampoco pasaron desapercibidas para el médico brujo.
Aquella mujer poseía un atractivo bastante particular… llamativo incluso para alguien que había visto muchas cosas extrañas en su vida.
Justo cuando la banda comenzó a tocar aquella dulce tonada de jazz, lenta y rítmica, una voz de sentido común intentó abrirse paso entre los pensamientos de Bones. Era uno de los hombres que se había acercado a advertirle sobre la chica.
La música empezó con chasquidos de dedos.
Luego el contrabajo.
Después el piano.
Y la voz de Yuuki se deslizó por la taberna como humo espeso entre el alcohol y las conversaciones.
Bones mantuvo la mirada fija en el escenario mientras las palabras del hombre entraban por uno de sus oídos. Al parecer, la fama de la mujer llegaba al punto de que los visitantes recibían advertencias sobre ella.
Aquello no le molestaba en absoluto.
De hecho… lo divertía.
Después de todo, Bones siempre había sido tan curioso como un gato, y no tenía ningún problema en meterse en situaciones peligrosas si su curiosidad se lo pedía.
El comentario del hombre llegó claramente a sus oídos justo cuando los primeros acordes de la canción comenzaron a llenar la taberna. Sin embargo, el médico brujo no respondió de inmediato.
Su atención estaba en el escenario.
O, para ser más precisos, en la mujer que lo ocupaba.
La música de jazz se deslizaba entre el humo del lugar como un perfume denso y seductor. Los chasquidos de dedos marcaban el ritmo mientras el bajo y el piano acompañaban con suavidad.
En medio de todo eso estaba Yuuki.
Los ojos de Bones siguieron cada movimiento de sus caderas con la misma calma con la que un cirujano observa una operación delicada. No había prisa en su mirada, solo un análisis silencioso… y quizás un poco de diversión.
Entre sus dedos apareció una carta.
Nadie vio exactamente cuándo la sacó. Simplemente estaba ahí.
La carta giró lentamente entre sus dedos, pasando del índice al medio y luego al pulgar como si tuviera vida propia. Poco después apareció otra, deslizándose entre sus nudillos con la precisión elegante de un ilusionista.
El hombre que lo había advertido lo observó de reojo.
Bones ni siquiera lo miró.
Bajo su traje, el pequeño relicario colgaba contra su pecho. Su pulgar lo rozó brevemente, casi de forma inconsciente, como si verificara que seguía allí.
Entonces sonrió.
Una sonrisa tranquila… peligrosa.
Finalmente respondió al desconocido.
—Mi estimado amigo… si una mujer hermosa pudiera destruirme con una canción y una mirada, entonces mi reputación como hombre peligroso sería una terrible mentira.
La carta desapareció.
Otra apareció.
La hizo girar lentamente sobre la mesa antes de atraparla entre dos dedos. Luego inclinó levemente el sombrero mientras sus ojos regresaban al escenario.
Yuuki lo estaba mirando directamente.
Y no era una mirada tímida.
Bones apoyó el codo sobre la mesa con una elegancia casi teatral antes de hablar nuevamente, esta vez con un tono más bajo y divertido.
Giró.
Cayó.
Directo dentro de un vaso vacío sobre la mesa.
Bones ni siquiera miró el truco. Sus ojos seguían clavados en Yuuki.
Una ceja se levantó apenas.
Luego murmuró para sí mismo con calma:
—Aunque debo admitir… pocas pacientes han sabido llamar mi atención con tanta elegancia.
Tomó el vaso.
Sacó la carta.
El as de corazones.
En el escenario, la canción seguía creciendo.
Y algo en el ambiente dejaba claro que aquello ya no era solo un concurso de canto.
Era un juego.
Y Bones…
adoraba los juegos.
Una vez Yuuki dejo el escenario, Bones fue llamado a la tarima, comenzando a cantar la canción que tenia preparada junto a la banda que aun estaba en el escenario. Tambien jugando con las miradas complices de Yuuki, tentado a ver a donde le llevaba todo aquel juego.
