12-03-2026, 02:14 AM
"Y por medio de ésta elegía, se encomienda tu alma al descanso."
Primavera del Año 4 - El algún cementerio de Baquella
Había algo en los ritos fúnebres que cautivaban al joven que reposaba su mentón sobre la pala que había usado momentos atrás para ayudar a enterrar la fosa donde había depositado el ataúd que había construido con su padre y, por supuesto, donde había puesto a descansar a aquel a quien había maquillado y cuidado con tal de que su cuerpo se mantuviese brillante en su despedida. Suspiró escuchando las palabras de aquel que oficiaba la ceremonia. Podía ver la tristeza, la solemnidad, cada entierro era igual. Los respetaba, y entendía que su oficio era necesario porque alguien debía cuidar tras la vida a aquellos que en vida cuidaron. O al menos eso sería ser la norma.
Los criminales también tenían entierros, los malhechores también. Podías dimensionar la virtud de alguien en vida quizás por cómo actuaban aquellos que le daban la última despedida, o si quiera si alguien se presentaba ¿Cuántos sepelios vacíos había presenciado? Bastantes.
Suspiró entonces usando un pañuelo para secarse el sudor de la frente. Era una mañana de primavera, el mediodía estaba en su apogeo. El trabajo había terminado para él, quien ahora se disponía a juntar sus cosas y marcharse cuando notó que algunas lapidas de madera estaban torcidas, desgastadas por el tiempo. Inspiró profundamente, era inaceptable el deterioro. Entendía que aquellos enterrados con lápidas más humildes tenían menos recursos, pero todos merecían la misma dignidad en la muerte.
Tenía tiempo antes de volver a su hogar, por lo que clavo su pala en la tierra del cementerio y se dirigió hacia la lápida preparando las herramientas de su cinturón. Martillo, gubia y cincel. Los clavos también estaban a mano ¿Tenía papel de lija? Revisó antes de tomar un pequeño rollo envuelto, sería suficiente.
Se arrodilló frente a la lápida, y con cuidado comenzó a realizar el mantenimiento de la misma. Ahora ignoraba el calor, ignoraba todo que no fuese su labor pues así tuviese quince años más de la mitad de su vida se había llamado un sepulturero de vocación. — Vas a volver a estar firme, y bonita en un santiamén... Si puedo te voy a barnizar un poco... —Hablaba solo para sumar agravio a su situación, con tierra en las rodillas de los pantalones de su traje y su camisa de algodón arremangada, absorto en su labor.
![[Imagen: xNGUFie.png]](https://i.imgur.com/xNGUFie.png)
