12-03-2026, 04:05 AM
Estar feliz, es una buena respuesta, una que le sacó un bufido que no expresó cansancio, sino la tranquilidad de un peso que ya no está ahí. No quiso ser quien se lleva el trozo de felicidad sin compartir con otros o ser aquella que solo siente la dicha de las cosas. — Aun me acuerdo cuando nos separamos — porque se suponía que irían con destinos separados, caminos que seguramente pediría a Dios que volviera a juntar, pero no hay necesidad de plegaria o petición, todo ha sido de otra manera.
Su declaración la obligó a ahogar un sonido de risa dentro de los labios, es arrastrar un gesto por la sorpresa y lo inesperado. Su mano golpeó su rostro tapando la boca, mientras la garganta se aclaró, solo para volver a la seriedad que el lugar le pide — Sudar extraño, está bien... no te quiero decir que lo sospechaba, pero no podía asegurarlo — porque ha notado el cambio al dormir juntos y cuando mordió la fruta, pero no existió comentario, como si esperara pacientemente que la verdad decidiera salir cuando se encontrase lista. No deseó arrancarla antes de tiempo, porque cada paso que han dado ha sido con prisa, como si la vida se fuese a arrancar.
—No lo veo — primero observó su propia mano, con ese color que han llamado rosa. Como las flores, como las nubes cuando se despiden del sol — Perdón — sonrió con suavidad, en un gesto que mostró pena, pero no la suficiente como para no voltearse para encontrarse con una energía desbordante.
La propuesta ajena la obligó a ladear ligeramente el rostro, porque suena a una propuesta extraña, cualquiera que decidiera pasar por ahí, seguramente se sorprendería — ¿Estás seguro que está bien que haga esto? — no es que dude de sus intenciones, pero el no saber es tan peligroso como el conocer e intentarlo de todas maneras, después de todo ¿No llegan a la misma respuesta? Es el resultado de los incautos.
Aun así lo hizo. Lo probó, en un gesto corto que no mostró inseguridad. La reacción no fue más que chasquear la lengua inicialmente, porque no sabe a sudor, a pesar de no haberlo probado en infinitas ocasiones ¡No es que sea un sabor agradable! Aun así, es distinto.
Esto no es natural, no es lo que debería ser. Pero cada cosa que hacen es así ¿No?
Fue una incomodidad lo que apareció. Es una sensación extraña que formó una mueca en el rostro, una molestia, que incrementa con los segundos, porque la advertencia ha llegado tarde — Si te sientes tan mal ¿Por qué lo pruebas? — no es un regaño, porque termina en una risa, es una pregunta que sale sin pensarlo mucho ¡¿Por qué hace eso?! Quién querría lastimarse sin razón, solo un desquiciado lo haría. Y aunque sea así, no sintió ni una pizca de miedo por la situación, solo preocupación por el pelirrojo.
—Suena a que estás loco, un día te lastimarás de verdad — su mano se alzó ligeramente y se posó en la mejilla ajena, para bajar al mentón, con el buen ánimo peleándose con la incomodidad del cuerpo — Deberías preguntarle a alguien que sepa de esas cosas. Debe ser tu fruta la que hace eso, porque ya son muchas casualidades... aunque también oí algo curioso el otro día — como suenan las famosas armas al disparar, pero con mucha más fuerza e impulso. — Me imaginé que lo hiciste tú, sonó como… ya sabes, como boom, pero muy fuerte ¡Muchísimo! — no se parece al sonido, por lo tanto se cruzó de brazos unos segundos, como si quisiera recordar, hasta que finalmente sale un sonido de sus labios.
No se parece al estallido, pero tampoco es tan simple como una palabra. Cualquiera habría pensado que podría controlar el sonido que sale de su garganta, como lo hace al cantar ¡Pero no es lo mismo! Y el momento lo demostró.
—No soy buena imitando cosas — se rió, balanceando el cuerpo ligeramente para atrás, intentando alejar la vergüenza que le ha pintado el rostro — Prefiero cuando todo es auténtico.
Su declaración la obligó a ahogar un sonido de risa dentro de los labios, es arrastrar un gesto por la sorpresa y lo inesperado. Su mano golpeó su rostro tapando la boca, mientras la garganta se aclaró, solo para volver a la seriedad que el lugar le pide — Sudar extraño, está bien... no te quiero decir que lo sospechaba, pero no podía asegurarlo — porque ha notado el cambio al dormir juntos y cuando mordió la fruta, pero no existió comentario, como si esperara pacientemente que la verdad decidiera salir cuando se encontrase lista. No deseó arrancarla antes de tiempo, porque cada paso que han dado ha sido con prisa, como si la vida se fuese a arrancar.
—No lo veo — primero observó su propia mano, con ese color que han llamado rosa. Como las flores, como las nubes cuando se despiden del sol — Perdón — sonrió con suavidad, en un gesto que mostró pena, pero no la suficiente como para no voltearse para encontrarse con una energía desbordante.
La propuesta ajena la obligó a ladear ligeramente el rostro, porque suena a una propuesta extraña, cualquiera que decidiera pasar por ahí, seguramente se sorprendería — ¿Estás seguro que está bien que haga esto? — no es que dude de sus intenciones, pero el no saber es tan peligroso como el conocer e intentarlo de todas maneras, después de todo ¿No llegan a la misma respuesta? Es el resultado de los incautos.
Aun así lo hizo. Lo probó, en un gesto corto que no mostró inseguridad. La reacción no fue más que chasquear la lengua inicialmente, porque no sabe a sudor, a pesar de no haberlo probado en infinitas ocasiones ¡No es que sea un sabor agradable! Aun así, es distinto.
Esto no es natural, no es lo que debería ser. Pero cada cosa que hacen es así ¿No?
Fue una incomodidad lo que apareció. Es una sensación extraña que formó una mueca en el rostro, una molestia, que incrementa con los segundos, porque la advertencia ha llegado tarde — Si te sientes tan mal ¿Por qué lo pruebas? — no es un regaño, porque termina en una risa, es una pregunta que sale sin pensarlo mucho ¡¿Por qué hace eso?! Quién querría lastimarse sin razón, solo un desquiciado lo haría. Y aunque sea así, no sintió ni una pizca de miedo por la situación, solo preocupación por el pelirrojo.
—Suena a que estás loco, un día te lastimarás de verdad — su mano se alzó ligeramente y se posó en la mejilla ajena, para bajar al mentón, con el buen ánimo peleándose con la incomodidad del cuerpo — Deberías preguntarle a alguien que sepa de esas cosas. Debe ser tu fruta la que hace eso, porque ya son muchas casualidades... aunque también oí algo curioso el otro día — como suenan las famosas armas al disparar, pero con mucha más fuerza e impulso. — Me imaginé que lo hiciste tú, sonó como… ya sabes, como boom, pero muy fuerte ¡Muchísimo! — no se parece al sonido, por lo tanto se cruzó de brazos unos segundos, como si quisiera recordar, hasta que finalmente sale un sonido de sus labios.
No se parece al estallido, pero tampoco es tan simple como una palabra. Cualquiera habría pensado que podría controlar el sonido que sale de su garganta, como lo hace al cantar ¡Pero no es lo mismo! Y el momento lo demostró.
—No soy buena imitando cosas — se rió, balanceando el cuerpo ligeramente para atrás, intentando alejar la vergüenza que le ha pintado el rostro — Prefiero cuando todo es auténtico.
Único.
Porque el eco nunca será más fuerte que el grito.
Porque el eco nunca será más fuerte que el grito.
ପ(๑ˊᗜˋ๑)ଓ BBBBBBBB
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