12-03-2026, 04:50 AM
Little Garden es una buena isla. Si meses antes le hubieran preguntado si sería de su agrado pasar unas semanas en una isla, completamente, selvática y salvaje, se habría reído en la cara del atrevido que hiciera la pregunta y respondería con un rotundo “no”, pero…cambiar de opiniones es de humanos ¿No es así?
El médico, vestido con ropas que encajaban más en una sala de emergencias que en una playa, aunque sin zapatos que separaran la piel de la planta de sus pies de la arena húmeda, se detuvo en las cercanías del barco cuando vio al gigante pelirrojo intentar deshacer los nudos que él mismo había hecho antes.
Lo habría ayudado en otro momento, pero cuando dispuso a que sus pasos lo llevaran hacia el pelirrojo, el fuerte viento que meció las copas de los inmensos árboles y que sacudió su cabello rosa con violencia, hizo que la naturaleza reverberara con vehemencia. No podía ignorarla.
El canto del viento parecía más bien como una respiración de la jungla. Eso le recordó al médico lo vivo que estaba aquel lugar. Una zona tan pura, tan virgen, casi sin mancha humana. El paraíso para cualquier investigador y botánico, también para los zoólogos. Un laboratorio natural que no quería dejar atrás. Tantas plantas por investigar, tantas otras por descubrir.
Entonces sus pies no se movieron hacia el barco, si no a esa zona en donde la playa se empieza a separar del bosque, en ese lugar en donde la vegetación ya es más espesa. No se alejó como para no ver el barco, solo caminó en ese borde que parecía dividir dos mundos muy distintos uno del otro: uno marino, otro terrestre. Ambos alimentándose del otro, una simbiosis perfecta.
Su andar se detuvo cuando, en su línea de visión, apareció una planta que creía no haber visto en sus paseos por la costa. Se extendía desde la base de la raíz de un árbol más grande, hasta el elevado tronco y se perdía allá en lo alto, a donde su visión no alcanzaba a llegar. Era de un verde casi brillante por lo encendido que le pareció y, sus hojas, caían como gotas gruesas de lluvia que se legaban a desprenderse de una liana, además, tenía unos frutos amarillentos que, a simple vista, no podía distinguir si eran venenosos, comestibles o curativos.
Un insecto enorme, casi del tamaño de él, se acercó en ese momento. Lo ignoró y voló hasta posarse sobre el tronco del árbol más grueso y, luego, sus patas arrancaron de cuajo uno de aquellos frutos amarillentos. El animal lo llevó a su boca. Bien…al menos se iría de la isla sabiendo que los frutos eran comestibles, al menos para los insectos. Eso lo hizo reír y luego, chasquear la lengua…sí no hubiera dejado su libreta de notas en el barco, podría haber dibujado todo enseguida. Ahora tendría que hacer un esfuerzo para mantener en su mente esa visión, aunque, siendo de su línea de estudio, sería más fácil de recordar.
Por un momento, estuvo tan absorto en aquella planta y el insecto, que ignoró tanto las acciones de sus compañeros que ni siquiera notó cuando el gigante, valiéndose de su propia fuerza, maniobró el barco como si fuera un juguete hasta que estuvo en el agua, aunque, fue gracias a eso que pudo regresar a la realidad.
El “splash” de la madera sobre el mar y, luego, el ancla cayendo para sostener el barco, hizo que se girara para ver lo que acababa de ocurrir. Ahí fue consciente de que estaba estorbando más que ayudando. Ahora necesitaban más manos, pues la de sus difuntos compañeros eran ahora solo un adorno en el despacho que alguna vez perteneció al capitán, al hombre que los unió.
Bajó su mirada, fijándose en sus propias manos enguantadas con latex blanco… ¿Por qué había salido del barco vistiendo así? Claro, porque antes de salir, abruptamente, cuando el gigante le avisó que movería el barco, estuvo en su habitación —ahora solo suya—, experimentando con algunas plantas que recogió el día anterior. Suspiró. Se acababa su paseo en el laboratorio natural.
—Tranquilo, Thrym…Creo que llevamos bastante en esta isla, hemos aprendido a defendernos de los bichos que nos quieren comer —. Respondió luego de que procesó las palabras que antes escuchó del pelirrojo. —De todos modos ¿Tantas ansias tienes por irte? Creí que en esta isla te sentías como en casa.
Cuando se acercó lo suficiente al barco notó el desánimo en el rostro de Merlot. Le provocó una sensación agria, no era normal verla así y no había variado mucho de actitud desde que ocurrió…bueno, lo que hizo que ahora solo fueran cuatro en el barco…cinco si contaban a la criatura amarilla cuyo nombre se le olvidaba.
—¿Merlot…necesitas…? —Tarde, vio a Maki saltando hacia la cubierta y a Merlot siguiéndola para luego subir hasta el carajo. Él, en cambio, se quedó un rato más en la playa, apreciando la arena volcánica bajo sus pies.
—Supongo que no está en discusión quedarse por más tiempo —. Susurró antes de imitar a Maki y dar un ágil salto que lo hizo sostenerse de una cuerda que luego usó para impulsarse para llegar a cubierta. Aún quedaban cosas que preparar arriba para zarpar. Debían revisar las velas, los aparejos y ver que todo estuviera en su lugar.
Escuchó la voz de Maki, el ánimo fingido. Parecía que ninguna de las chicas estaban en su mejor momento. Podía entender el porqué, solo…no podía compartirlo como era debido. Sus lazos nunca fueron tan fuertes, aun así, intentó ponerse en el lugar de ambas y, de paso, seguirle el juego a la peliverde.
—Y…hablando de Drum… ¿Alguien sabe cómo se supone que es esa isla? Es nuestro siguiente destino y quiero saber que se supone que debemos esperar… ¿Creen que esta vez habrá civilización? —Preguntó mientras se movía para revisar los aparejos. Su frágil memoria aun tenía el conocimiento para saber que hacer antes de zarpar.
Botiquín de ropa
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