13-03-2026, 05:56 AM
Un sonido ocupaba el espacio de mis oídos sensibles a detectar el minimo movimiento de las hebras del cesped al rozar entre ellas por el viento, o el escuchar del bombeo que se escuchaba debajo del pecho y las costillas de la gran mujer, por lo que me llegué a preguntar si su corazón, aquel órgano que las monjas me enseñaron en sus aburridas clases, era igual de inmenso que su tamaño. Lo que también era inmenso en ella… eran sus pechugas morenas y con pezones de color hermoso, daban tantas ganas de comerlas, sin embargo, mi boca estaba ocupada en la ajena, chocaba y chupaba sus labios hasta dejarlos completamente húmedos con mi baba, y me gustaba babear, me gustaba dejarla mojada al pasarle la lengua por encima y luego se la metía dentro de su boca para juguetear con la suya.
Estaba excitada, para nada preocupada en ningun otro pensamiento que no fuese divertirme con esta hermosa mujer. Aunque me gustaba lo rudo, por ahora quería tan solo ser acariciada como un animal herido y abandonado, pero no era nada de eso. Disfrutaba divertirme combinando las emociones afectivas, y eso a veces puede confundir, incluso a mi, pero esta vez estaba segura de lo que quería y tal vez quería pasar el rato para no sentirme tan sola, ya que siempre estoy sola. Pero por ahora estaba comoda que con ella, por más que no nos entendiéramos con las palabras, podíamos hacer algo para comunicarnos… con el físico. Tenía muchas que decirle, pero opté por dejar de intentar hablarle.
Mientras seguía dandole besos sin entender nada de lo que podría haberme dicho, los cuerpo desnudos, al menos el mío y la mitad de ella lo estaba, se tocaban, el calor se sentía abrazador, mis mejillas se acaloraban, se ponían rojas, podía estar horas y horas besando, y más si me abrazaba y me apretaba así… contra ella. Eso recordaba que ella me había mordido suavemente cuando le daba la espalda, y cuando en este encuentro esperaba darle lo que ella quisiera, solo que… empezaba a dudar, a tener miedo. Por otro lado agradecía que sus lindas alas nos envolvieran, manteniendo nuestra intimidad en secreto.
No pensaba mucho en lo bonita o deseable que era, porque suelo pensar que soy tan solo un desastre andante al que no debería nadie porque quedarse o elegir, indiscutiblemente, era un desastre y a la vez deseada, eso era una contradicción de la que no podía entender y de la que no podía controlar, dando la sensación de que empezaba a creer en el destino, un destino predestinado en el que no merezco nada. Por lo que no suelo pensar en una pareja, pero si esto se volvía más serio físicamente, podría preguntarle algo… pero, no, no era el momento, seguía siendo joven para decidirlo.
Mis pensamientos no ayudaban por lo que cuando seguía siendo abrazada y besada, mis manos que la agarraban a ella, bajaron, acariciando primero su cuello, su clavícula, hasta que toqué sus grandes pechos de los que deseaba tener solo para mi, ahora… mis dedos rozaron suavemente su piel, con movimientos circulares. Podía notar que sus pechos no cabían en mis manos, cuando podía se los apretaba con suavidad y a veces subía la presión y se me escapaban, se me resbalaban por nuestro sudor mezclándose. Entre tanto recorridos en sus blandas masas, los dedos se encontraron con sus pezones y los toquetee, los masajeé hasta que estuviesen duros, parados, asi podía apretárselos más.
Mi cuerpo encima del suyo, tan pequeño, tan frágil y no creí que alguien se fijara en mi o desearía satisfacer tan rápido mis deseos. Sí, eso quería, alguien que me diera un ratito de su tiempo para poder comerme hasta dejarme sin existencia. Borrarme del mapa. ¿Ella que será lo que quiere? ¿Qué sentirá? Mis ojos los abri de a poco, los tenía encerrados, observando el rostro ajeno mientras nuestras bocas se disfrutaban y sus manos me tenían firme para no escaparme. Los labios estaban hinchados y rosados de tantos besos, me separé para decirle —Cógeme— No lo iba a entender, entonces una de mis manos que estaba tocándola, se dirigió a su muñeca, la acaricié para tomar su mano y guiarla a tocar mi trasero.
Estaba excitada, para nada preocupada en ningun otro pensamiento que no fuese divertirme con esta hermosa mujer. Aunque me gustaba lo rudo, por ahora quería tan solo ser acariciada como un animal herido y abandonado, pero no era nada de eso. Disfrutaba divertirme combinando las emociones afectivas, y eso a veces puede confundir, incluso a mi, pero esta vez estaba segura de lo que quería y tal vez quería pasar el rato para no sentirme tan sola, ya que siempre estoy sola. Pero por ahora estaba comoda que con ella, por más que no nos entendiéramos con las palabras, podíamos hacer algo para comunicarnos… con el físico. Tenía muchas que decirle, pero opté por dejar de intentar hablarle.
Mientras seguía dandole besos sin entender nada de lo que podría haberme dicho, los cuerpo desnudos, al menos el mío y la mitad de ella lo estaba, se tocaban, el calor se sentía abrazador, mis mejillas se acaloraban, se ponían rojas, podía estar horas y horas besando, y más si me abrazaba y me apretaba así… contra ella. Eso recordaba que ella me había mordido suavemente cuando le daba la espalda, y cuando en este encuentro esperaba darle lo que ella quisiera, solo que… empezaba a dudar, a tener miedo. Por otro lado agradecía que sus lindas alas nos envolvieran, manteniendo nuestra intimidad en secreto.
No pensaba mucho en lo bonita o deseable que era, porque suelo pensar que soy tan solo un desastre andante al que no debería nadie porque quedarse o elegir, indiscutiblemente, era un desastre y a la vez deseada, eso era una contradicción de la que no podía entender y de la que no podía controlar, dando la sensación de que empezaba a creer en el destino, un destino predestinado en el que no merezco nada. Por lo que no suelo pensar en una pareja, pero si esto se volvía más serio físicamente, podría preguntarle algo… pero, no, no era el momento, seguía siendo joven para decidirlo.
Mis pensamientos no ayudaban por lo que cuando seguía siendo abrazada y besada, mis manos que la agarraban a ella, bajaron, acariciando primero su cuello, su clavícula, hasta que toqué sus grandes pechos de los que deseaba tener solo para mi, ahora… mis dedos rozaron suavemente su piel, con movimientos circulares. Podía notar que sus pechos no cabían en mis manos, cuando podía se los apretaba con suavidad y a veces subía la presión y se me escapaban, se me resbalaban por nuestro sudor mezclándose. Entre tanto recorridos en sus blandas masas, los dedos se encontraron con sus pezones y los toquetee, los masajeé hasta que estuviesen duros, parados, asi podía apretárselos más.
Mi cuerpo encima del suyo, tan pequeño, tan frágil y no creí que alguien se fijara en mi o desearía satisfacer tan rápido mis deseos. Sí, eso quería, alguien que me diera un ratito de su tiempo para poder comerme hasta dejarme sin existencia. Borrarme del mapa. ¿Ella que será lo que quiere? ¿Qué sentirá? Mis ojos los abri de a poco, los tenía encerrados, observando el rostro ajeno mientras nuestras bocas se disfrutaban y sus manos me tenían firme para no escaparme. Los labios estaban hinchados y rosados de tantos besos, me separé para decirle —Cógeme— No lo iba a entender, entonces una de mis manos que estaba tocándola, se dirigió a su muñeca, la acaricié para tomar su mano y guiarla a tocar mi trasero.
