13-03-2026, 04:35 PM
Era experto en los típicos juegos de 'tira y afloja' surgidos cuando la química aflora entre dos personas, acostumbrado a leer los momentos donde resulta necesario frenar, y aún más atento a las pistas que indican una seguridad total al momento de seguir avanzando. Por ello, no dudó con el movimiento de Yuuki, pues si era su intención detener aquella interacción, no se habría alejado en dirección a la cama, ni tampoco se hubiese girado a verle, desatando el corset y dejándolo caer con toda la lentitud que le permitió la gravedad.
En ese punto, mentirse sería inaudito. Iba a tomarla, caer sobre sus labios, entrar en lo más íntimo, ya lo había decidido, y es que observar una perspectiva suelta de su camisa, el modo en que vuelve a dibujarse su figura cuando se sienta en el borde de la cama, aquel trasero apuntando en su dirección, lo llevaban al límite del auto-control, suspirando el anhelo, siendo consumido gradualmente por una expectativa que empezaba a parecer eterna.
—Creo que podría llevarte de todas formas. —insinuó, iniciando el lento acercamiento hacia la cama, cada paso tornándose una cruenta tortura. —Para mi entretenimiento personal. —un tenue susurro, audible para Yuuki, en el mismo tono de voz que empleó al momento de pronunciar su nombre. Hasegawa se relame, quitándose el calzado con sutileza, deleitado con el canto como si hubiese caído preso nuevamente en las garras de una sirena. La voz femenina guardaba encantos capaces de enloquecer hasta a las voluntades más férreas.
Su sumisión llegó envuelta en timidez, recostándose y esperando la llegada del albino. Automáticamente decidió que tenía demasiada ropa, ambos, en realidad, y no tardó en resolver su propia situación, bajando desde el pliegue superior los propios pantalones hasta el punto en que cayeron solos, escapándose sendos pies de la tela con tan sólo caminar. Aún sin sumergirse en aquel colchón, estiró los brazos, apreciando las vistas y también, la forma en que giró su rostro aún con los ojos cerrados, y así apoyó la primera rodilla en la cama, hundiéndose en la suavidad de dicha superficie. Luego, la segunda, y junto a ella un contacto firme sobre la cintura de la pelirrosa.
Sujetó el inicio de sus pantalones, desajustándolos, y le acomodó las piernas hacia arriba con una guía suave, pero sólida, retirándolos con un anhelo cuasi cautivador. Se moja los labios relamiéndolos, pero contrario a lo que podría imaginarse una vez los arroja hacia algún sitio que no llegó a observar, no pierde demasiado tiempo deleitándose con las vistas.
En el momento en que las piernas ajenas volvieron a estar extendidas en la cama, Shin colocó una rodilla a cada lado de la extremidad inferior derecha contraria, y así empezó a avanzar hasta quedar sobre Yuuki, su rostro a la altura del de ella, observando fijamente sus facciones, sintiendo la respiración agitada, suspirando sobre la nívea piel expuesta. Entonces, apoyándose en el colchón con su mano diestra, utilizó la que le quedó libre para iniciar un infernal descenso a la locura.
Los dedos del albino palparon con sutileza la tela de su ropa interior, roces eléctricos, pequeñas señales del poder que ella le estaba regalando. —¿Esta es tu estrategia para escaparte? —susurró, un tono de voz hipnótico —Es eficaz... —súbitamente cambió el foco de atención, dirigiendo el agarre de su mano a uno de los muslos de la mujer, aferrándose con ganas, casi que a punto de clavar las uñas. —Pero mírame. No me quiero perder un sólo detalle. —si obedecía, sería recompensada.
Al momento en que hicieron contacto visual, Shin se dejó caer con una velocidad digna de quien se siente en completo control. Yuuki a penas tendría tiempo de reaccionar, o siquiera de inhalar una bocanada de aire, pues el albino reclamó sus labios, besándola con una intensidad digna de quien quería romper la seguridad que le había mostrado, reduciéndola a una pasividad excitante. Borrarle la sonrisa de la cara hasta convertir su expresión en un arte que mezclara confusión y ternura. Aceptación y deseo.
Antes incluso de agigantar la intensidad del roce entre labios, o de probarla con su lengua, la mano libre del marine invadió el rincón más privado de quien en principio fue una sospechosa, buscando el estímulo debajo de la ropa interior, reclamando su derecho a poseerla, a tocarla, a obligarla a gemir. Comenzó con movimientos circulares, a un ritmo suave, tenso, transformando el beso en esa misma secuencia a algo superior, menos dulce. Probó la saliva de Yuuki, invadiéndola con su lengua, incrementando el ritmo al que se movían sus dedos, y como punto más alto de su tortura física, su oda a la expectación, introduciéndolos sin pedir permiso.
Fue en ese instante que rompió el beso, con la única intención de observarla a los ojos mientras la seguía estimulando, apoyando con suavidad la derecha en sus alas, regalándole caricias tan medidas que no tenían nada que ver con el modo en que la estaba tocando. —¿Esta fue tu idea desde el principio? —cuestionó, con una sonrisa soberbia, aún saboreando el cruce de labios.
—Cuidado con lo que deseas. —advirtió, mirándola fijamente, dispuesto a que pierda la cabeza.
En ese punto, mentirse sería inaudito. Iba a tomarla, caer sobre sus labios, entrar en lo más íntimo, ya lo había decidido, y es que observar una perspectiva suelta de su camisa, el modo en que vuelve a dibujarse su figura cuando se sienta en el borde de la cama, aquel trasero apuntando en su dirección, lo llevaban al límite del auto-control, suspirando el anhelo, siendo consumido gradualmente por una expectativa que empezaba a parecer eterna.
—Creo que podría llevarte de todas formas. —insinuó, iniciando el lento acercamiento hacia la cama, cada paso tornándose una cruenta tortura. —Para mi entretenimiento personal. —un tenue susurro, audible para Yuuki, en el mismo tono de voz que empleó al momento de pronunciar su nombre. Hasegawa se relame, quitándose el calzado con sutileza, deleitado con el canto como si hubiese caído preso nuevamente en las garras de una sirena. La voz femenina guardaba encantos capaces de enloquecer hasta a las voluntades más férreas.
Su sumisión llegó envuelta en timidez, recostándose y esperando la llegada del albino. Automáticamente decidió que tenía demasiada ropa, ambos, en realidad, y no tardó en resolver su propia situación, bajando desde el pliegue superior los propios pantalones hasta el punto en que cayeron solos, escapándose sendos pies de la tela con tan sólo caminar. Aún sin sumergirse en aquel colchón, estiró los brazos, apreciando las vistas y también, la forma en que giró su rostro aún con los ojos cerrados, y así apoyó la primera rodilla en la cama, hundiéndose en la suavidad de dicha superficie. Luego, la segunda, y junto a ella un contacto firme sobre la cintura de la pelirrosa.
Sujetó el inicio de sus pantalones, desajustándolos, y le acomodó las piernas hacia arriba con una guía suave, pero sólida, retirándolos con un anhelo cuasi cautivador. Se moja los labios relamiéndolos, pero contrario a lo que podría imaginarse una vez los arroja hacia algún sitio que no llegó a observar, no pierde demasiado tiempo deleitándose con las vistas.
En el momento en que las piernas ajenas volvieron a estar extendidas en la cama, Shin colocó una rodilla a cada lado de la extremidad inferior derecha contraria, y así empezó a avanzar hasta quedar sobre Yuuki, su rostro a la altura del de ella, observando fijamente sus facciones, sintiendo la respiración agitada, suspirando sobre la nívea piel expuesta. Entonces, apoyándose en el colchón con su mano diestra, utilizó la que le quedó libre para iniciar un infernal descenso a la locura.
Los dedos del albino palparon con sutileza la tela de su ropa interior, roces eléctricos, pequeñas señales del poder que ella le estaba regalando. —¿Esta es tu estrategia para escaparte? —susurró, un tono de voz hipnótico —Es eficaz... —súbitamente cambió el foco de atención, dirigiendo el agarre de su mano a uno de los muslos de la mujer, aferrándose con ganas, casi que a punto de clavar las uñas. —Pero mírame. No me quiero perder un sólo detalle. —si obedecía, sería recompensada.
Al momento en que hicieron contacto visual, Shin se dejó caer con una velocidad digna de quien se siente en completo control. Yuuki a penas tendría tiempo de reaccionar, o siquiera de inhalar una bocanada de aire, pues el albino reclamó sus labios, besándola con una intensidad digna de quien quería romper la seguridad que le había mostrado, reduciéndola a una pasividad excitante. Borrarle la sonrisa de la cara hasta convertir su expresión en un arte que mezclara confusión y ternura. Aceptación y deseo.
Antes incluso de agigantar la intensidad del roce entre labios, o de probarla con su lengua, la mano libre del marine invadió el rincón más privado de quien en principio fue una sospechosa, buscando el estímulo debajo de la ropa interior, reclamando su derecho a poseerla, a tocarla, a obligarla a gemir. Comenzó con movimientos circulares, a un ritmo suave, tenso, transformando el beso en esa misma secuencia a algo superior, menos dulce. Probó la saliva de Yuuki, invadiéndola con su lengua, incrementando el ritmo al que se movían sus dedos, y como punto más alto de su tortura física, su oda a la expectación, introduciéndolos sin pedir permiso.
Fue en ese instante que rompió el beso, con la única intención de observarla a los ojos mientras la seguía estimulando, apoyando con suavidad la derecha en sus alas, regalándole caricias tan medidas que no tenían nada que ver con el modo en que la estaba tocando. —¿Esta fue tu idea desde el principio? —cuestionó, con una sonrisa soberbia, aún saboreando el cruce de labios.
—Cuidado con lo que deseas. —advirtió, mirándola fijamente, dispuesto a que pierda la cabeza.
![[Imagen: vEBNZb3.png]](https://i.imgur.com/vEBNZb3.png)
