14-03-2026, 04:48 PM
El muchacho de casi 16 años seguía con la rodilla hincada frente a la lápida ejerciendo el mayor de los cuidados a la misma con ayuda de su cincel y gubia. Había bordes ligeramente astillados, fibras que podían ser pulidas y algun que otro clavo que no estaría mal reemplazarlo. La humedad tropical de Baterilla solía hacer eso con los arreglos de madera, pero no era nada del otro mundo pues él era el indicado para devolverse la dignidad al santo sepulcro. Con el movimiento del cincel se escuchaba un ruido de raspaje casi rítmico, era preciso y meditabundo en su accionar casi parsimonioso. Pasó la palma por la superficie para comprobar si el pulimiento ya estaba en condiciones, y usó su martillo para remover los clavos en mal estado, reemplazándolos por unos propios que no tardó en asegurar con golpes firmes. No necesitaba hacerla a nuevo, solo mantenerla pero la atención al detalle lo era todo para él.
Un grito repentino lo sacó de su trance laboral. Giró la cabeza hacia un lado y vio a al niña que arremetía hacia su ubicación para finalmente desplomarse junto con la canasta. No alcanzó a comprender qué estaba pasando antes de que ella estuviese en el suelo, y sus efectos personales desperdigados en la cercanía. Eros ladeó la cabeza levemente hacia la izquierda, contemplando la escena sin moverse aún. La pequeña parecía estar en peligro real, solo era una pequeña con una herida superficial que se había llevado un susto. Inspiró con profundad, y suspiró lentamente. El llanto de la pequeña le daba ternura, y una de las debilidades del muchacho era la ternura despues de todo. No le dijo que parase, pues respetaba las emociones ajenas por encima de todo, en cambio decidió ocuparse de lo que podía controlar.
Con serenidad y sin mediar palabra se levantó mientras preparaba su pañuelo de tela para comenzar a juntar las cosas que estaban esparcidas por el suelo, dejándolas nuevamente una a una en la canasta que también recuperó tras quitarles el polvo con cuidadosos soplidos, y ayuda del pañuelo que traía consigo. Cada quien ayudaba como podía, se dijo a si mismo antes de depositar la canasta nuevamente frente a la pequeña en el suelo.
En su cabeza finalmente encontró los paralelismos correctos para explicar su previo accionar. —Si los panaderos se detuviesen no tendríamos pan para desayunar, si los músicos parasen no habría música con la que bailar... Si los sepultureros se detuviesen, nadie cuidaría el descanso de quienes amamos —Explicó el muchacho en respuesta a la petición, o la orden, inicial que había desencadenado esa serie de eventos desafortunados. Entonces sacudió su pañuelo, extendiéndolo hacia la pequeña por el lado que no había tenido polvo previamente. — Puedes limpiarte la raspadura con esto así no se ensucia, dolerá un poco más pero a la larga será lo mejor —Explicó. Le hablaba como si fuese una igual, pese a ser una pequeña, Eros respetaba a todos sin distinciones despues de todo.
— ¿Te sigue doliendo, o ya puedes hablar un poco? —Preguntó entonces alejándose para juntar sus herramientas una por una, volviendo las mismas al cinturón donde pertenecían.
Un grito repentino lo sacó de su trance laboral. Giró la cabeza hacia un lado y vio a al niña que arremetía hacia su ubicación para finalmente desplomarse junto con la canasta. No alcanzó a comprender qué estaba pasando antes de que ella estuviese en el suelo, y sus efectos personales desperdigados en la cercanía. Eros ladeó la cabeza levemente hacia la izquierda, contemplando la escena sin moverse aún. La pequeña parecía estar en peligro real, solo era una pequeña con una herida superficial que se había llevado un susto. Inspiró con profundad, y suspiró lentamente. El llanto de la pequeña le daba ternura, y una de las debilidades del muchacho era la ternura despues de todo. No le dijo que parase, pues respetaba las emociones ajenas por encima de todo, en cambio decidió ocuparse de lo que podía controlar.
Con serenidad y sin mediar palabra se levantó mientras preparaba su pañuelo de tela para comenzar a juntar las cosas que estaban esparcidas por el suelo, dejándolas nuevamente una a una en la canasta que también recuperó tras quitarles el polvo con cuidadosos soplidos, y ayuda del pañuelo que traía consigo. Cada quien ayudaba como podía, se dijo a si mismo antes de depositar la canasta nuevamente frente a la pequeña en el suelo.
En su cabeza finalmente encontró los paralelismos correctos para explicar su previo accionar. —Si los panaderos se detuviesen no tendríamos pan para desayunar, si los músicos parasen no habría música con la que bailar... Si los sepultureros se detuviesen, nadie cuidaría el descanso de quienes amamos —Explicó el muchacho en respuesta a la petición, o la orden, inicial que había desencadenado esa serie de eventos desafortunados. Entonces sacudió su pañuelo, extendiéndolo hacia la pequeña por el lado que no había tenido polvo previamente. — Puedes limpiarte la raspadura con esto así no se ensucia, dolerá un poco más pero a la larga será lo mejor —Explicó. Le hablaba como si fuese una igual, pese a ser una pequeña, Eros respetaba a todos sin distinciones despues de todo.
— ¿Te sigue doliendo, o ya puedes hablar un poco? —Preguntó entonces alejándose para juntar sus herramientas una por una, volviendo las mismas al cinturón donde pertenecían.
![[Imagen: xNGUFie.png]](https://i.imgur.com/xNGUFie.png)
