14-03-2026, 06:47 PM
Dominar o ser dominada, era algo intrínseco en ella, no había medias tintas como colegas o iguales, para ella o era blanco o negro. Casi siempre era la dominante, nunca la dominada, a menos que ella deseara ceder el control para probar algún punto. De esta chica… rescatada de uno de los lugares más aborrecidos por ella, despertó algo que quizás estaba dormido. A pesar de las drogas, su boca húmeda de recibir sus besos, su cuello marcado por sus dientes clavados con pasión en él, sus tetas, o dios sus hermosas tetas rebotando de un lado a otro con los zarandeos de Maki, su vagina, ansiosa, tibia, suave y deliciosa, su sabor, a paraíso, a sueño cumplido y a tarea terminada.
Sus movimientos sensuales, precisos y delicados le provocaban golpearla, atraparla entre sus brazos y volverla su esclava. Los dedos de Maki exploraban el interior de ella para sacarle, arrancarle gemidos de placer contenido, ella misma jadeaba por el esfuerzo de complacerla y hacerla llegar al clímax mientras con su lengua le lamia por donde caía su boca intentando contener su carne dentro de ella. su sentimiento era depredatorio. Uno que, con algunos, muchos hombres no tenía.
Frotándose sudor con sudor, calor con calor, sus partes íntimas, sus labios mayores se abrían hasta tocarse y resbalarse entre sí, tratando de agarrarse de no perder el contacto que tanto placer le daba. Maki sentía que el paraíso había llegado y que su carne mezclada con esta mujer le dotaba de algo desconocido para ella… agarraba su cuello mientras ambas abiertas de piernas se unían en un abrazo sexual intenso y mientras el sudor salía despedido de ellas al chocar con fuerza en algunas embestidas. Sus labios le impregnaban en la mente un sentimiento de libertad, de pasión, rojos, gruñendo y gimiendo ante el tacto sexual de Maki, sentía que debía tocarlo con sus dedos, penetrando su boca, buscando su lengua mientras sus vaginas se frotaban y deleitaban una con otra.
La canción parecía algo que suavizaba las acciones de Maki, la centraban y la devolvían a ser quien era en verdad una artista, una señora de las letras que deseaba expresar todo lo que quería y no podía, cada palabra hablo de verdad, de amor, de pasión y de apego, aunque ella jamás se había apegado a nadie jamás o eso creía, sus ojos cerrados, sus manos gesticulando, su cuerpo desnudo, sus marcas visibles y esta mujer deseándola de igual forma le provocaba una humedad en su entrepierna que no sentía hace tiempo.
Sus ojos se clavaron en los de ella… hermosos como dos pozos de agua interminable, que no podrían sondear aunque se drenara la vida en ello. Misteriosa, sensual, sus dedos, sus manos blancas, puras e inmaculadas se movían en su interior y mientras, Maki lentamente, se ponía de pie, acercándose… sin quitar la vista de su rostro también comenzó a tocar sus partes privadas, hace mucho no se tocaba a ella misma, introduciendo sus dedos dentro, muy dentro, primero uno, después otro, tres… sus dedos pulgar y meñique fuera de ella, moviéndose entre sus piernas, sus ojo soñando con la penetración de sus almas, con el calor de sus miradas, movía sus dedos dentro de manera frenética mientras el caldo de su pasión humedecía su mano. Mientras soñaba con tocar nuevamente lo que ya había tocado, el cuerpo de la monja rebelde. De la “Santa”.
Se froto un pecho y pausando un poco su canción se lamio provocativamente el pezón derecho… endurecido, excitado, algo salado por el sudor que ella le había arrancado, sus gemidos comenzaron a alzarse otra vez. sus suspiros contenidos parecían coordinarse con los de la santa y Maki sentía desde hace mucho tiempo. La delicia del pecado y sentía que pronto perdería la compostura y el tino. El frotarse el pecho, los labios y mordérselos mientras veía a la otra tocarse era sublime, el vapor comenzaba a emerger de su propia boca excitada por la escena. Una tan caliente y pagana que seguro si alguien les descubría saldrían presas y excomulgadas de toda orden religiosa.
Su canción termino y la de ella empezó, cantando con su cuerpo retorciéndose por el dolor del placer consumado, Maki también, se paro de puntas de excitación y arqueo su espalda ahí de pie mientras recitaba una sarta de palabrerías paganas en un idioma ininteligible, uno de orgásmicas sensaciones. Al final sus talones cayeron al suelo y su mano húmedas poso con cansancio en su rodilla mientras su centro de gravedad caía bajo el peso del jadeo y el cansancio. —Si… ah ah ha… harg… vístete y largarte de mí vista… ahora… ha ha ha…— Le ordeno entre jadeos, era violenta, malhumorada, pero comprendía que esto no podía pasar. No podía dejar que los impulsos le dominasen tan fácilmente. Se volteo a sus ropas, y en cambio miro mejor el closet… había múltiples ropas todas de mujer. Pero también había algunas de hombre. Ahí aun respirando con dificultad tomo una camisa blanca y un par de pantalones y comenzó a vestirse en silencio… medio volteando a mirar a la mujer que había poseído y le había poseído. —Vamos vamos… puedes irte… eres libre… — Dijo deteniéndose mientras se ajustaba el pantalón… su camisa abierta aun mostraba parte de sus tetas perladas por el sudor de la acción.
Sus movimientos sensuales, precisos y delicados le provocaban golpearla, atraparla entre sus brazos y volverla su esclava. Los dedos de Maki exploraban el interior de ella para sacarle, arrancarle gemidos de placer contenido, ella misma jadeaba por el esfuerzo de complacerla y hacerla llegar al clímax mientras con su lengua le lamia por donde caía su boca intentando contener su carne dentro de ella. su sentimiento era depredatorio. Uno que, con algunos, muchos hombres no tenía.
Frotándose sudor con sudor, calor con calor, sus partes íntimas, sus labios mayores se abrían hasta tocarse y resbalarse entre sí, tratando de agarrarse de no perder el contacto que tanto placer le daba. Maki sentía que el paraíso había llegado y que su carne mezclada con esta mujer le dotaba de algo desconocido para ella… agarraba su cuello mientras ambas abiertas de piernas se unían en un abrazo sexual intenso y mientras el sudor salía despedido de ellas al chocar con fuerza en algunas embestidas. Sus labios le impregnaban en la mente un sentimiento de libertad, de pasión, rojos, gruñendo y gimiendo ante el tacto sexual de Maki, sentía que debía tocarlo con sus dedos, penetrando su boca, buscando su lengua mientras sus vaginas se frotaban y deleitaban una con otra.
La canción parecía algo que suavizaba las acciones de Maki, la centraban y la devolvían a ser quien era en verdad una artista, una señora de las letras que deseaba expresar todo lo que quería y no podía, cada palabra hablo de verdad, de amor, de pasión y de apego, aunque ella jamás se había apegado a nadie jamás o eso creía, sus ojos cerrados, sus manos gesticulando, su cuerpo desnudo, sus marcas visibles y esta mujer deseándola de igual forma le provocaba una humedad en su entrepierna que no sentía hace tiempo.
Sus ojos se clavaron en los de ella… hermosos como dos pozos de agua interminable, que no podrían sondear aunque se drenara la vida en ello. Misteriosa, sensual, sus dedos, sus manos blancas, puras e inmaculadas se movían en su interior y mientras, Maki lentamente, se ponía de pie, acercándose… sin quitar la vista de su rostro también comenzó a tocar sus partes privadas, hace mucho no se tocaba a ella misma, introduciendo sus dedos dentro, muy dentro, primero uno, después otro, tres… sus dedos pulgar y meñique fuera de ella, moviéndose entre sus piernas, sus ojo soñando con la penetración de sus almas, con el calor de sus miradas, movía sus dedos dentro de manera frenética mientras el caldo de su pasión humedecía su mano. Mientras soñaba con tocar nuevamente lo que ya había tocado, el cuerpo de la monja rebelde. De la “Santa”.
Se froto un pecho y pausando un poco su canción se lamio provocativamente el pezón derecho… endurecido, excitado, algo salado por el sudor que ella le había arrancado, sus gemidos comenzaron a alzarse otra vez. sus suspiros contenidos parecían coordinarse con los de la santa y Maki sentía desde hace mucho tiempo. La delicia del pecado y sentía que pronto perdería la compostura y el tino. El frotarse el pecho, los labios y mordérselos mientras veía a la otra tocarse era sublime, el vapor comenzaba a emerger de su propia boca excitada por la escena. Una tan caliente y pagana que seguro si alguien les descubría saldrían presas y excomulgadas de toda orden religiosa.
Su canción termino y la de ella empezó, cantando con su cuerpo retorciéndose por el dolor del placer consumado, Maki también, se paro de puntas de excitación y arqueo su espalda ahí de pie mientras recitaba una sarta de palabrerías paganas en un idioma ininteligible, uno de orgásmicas sensaciones. Al final sus talones cayeron al suelo y su mano húmedas poso con cansancio en su rodilla mientras su centro de gravedad caía bajo el peso del jadeo y el cansancio. —Si… ah ah ha… harg… vístete y largarte de mí vista… ahora… ha ha ha…— Le ordeno entre jadeos, era violenta, malhumorada, pero comprendía que esto no podía pasar. No podía dejar que los impulsos le dominasen tan fácilmente. Se volteo a sus ropas, y en cambio miro mejor el closet… había múltiples ropas todas de mujer. Pero también había algunas de hombre. Ahí aun respirando con dificultad tomo una camisa blanca y un par de pantalones y comenzó a vestirse en silencio… medio volteando a mirar a la mujer que había poseído y le había poseído. —Vamos vamos… puedes irte… eres libre… — Dijo deteniéndose mientras se ajustaba el pantalón… su camisa abierta aun mostraba parte de sus tetas perladas por el sudor de la acción.

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