14-03-2026, 09:37 PM
A muy duras penas contuve una risita ante la humildad de Uker. ¡Estaba tan mono cuando se sonrojaba! Por un momento iba a comentarle que entonces quizás demasiados secretos de Estado habían escapado a mis ojos ocultas en terribles recetas que me había encontrado durante mi vida, pero ya nos habíamos distraído bastante del trabajo, así que simplemente asentí ante su sugerencia de tomarme un descanso si lo necesitaba (cosa muy poco probable) y regresé a mis quehaceres.
Sin embargo, la llegada de Akura supuso una novedad de lo más interesante. Si ella no tenía muchos amigos, ¡quizás yo pudiera intentar serlo! Y el primer paso para intentar conseguirlo era preguntar por la que parecía su gran pasión: ¡la pintura! … O Uker. No pude evitar mirarla con genuino interés cuando dijo que le gusta dibujar a mi compañero.
―Ah, ¿sí~?
¿Será la típica admiración de una niña hacia su hermano mayor… o quizás uno de esos amores platónicos infantiles? Por suerte, ¡tenía tiempo de sobra para intentar averiguarlo! ¡Qué divertido!
―¡Tonterías! Estoy segura de que ya lo dibujas muy bien. Como mínimo, ¡muchísimo mejor de lo que lo haría yo! ―reí con suavidad al ritmo del movimiento de mi cola.
El olor de la comida iba llenando la habitación conforme pasaban los minutos, y mientras seguía con mis tareas supuse que, por lo que comentaba, para Akura dibujar debía ser el equivalente a cocinar para mí. Algo entretenido y relajante. ¡Y con su edad yo también tendía a preparar únicamente los platos que me salían bien! ¡Al final vamos a tener bastante en común!
―¡A ver, a ver! ―exclamé mientras bajaba levemente el fuego para que no se quemara nada mientras prestaba la mitad de mi atención a la niña―. Uuuh~, ¡son muy buenos, da hambre sólo de verlos! ¡Y los dibujos son un gran sistema para recordar muy bien los platos que has comido! ¿Te has planteado dibujar un menú de lo que vais comiendo a lo largo del día? ¡Podría ser muy divertido!
Pero, por supuesto, no iba a consentir que mi curiosidad fuera la única satisfecha el día de hoy. ¡Que quisiera saber algo de mí, era muy buena señal!
―¡Claro! Pregunta lo que quieras~.
¡Aaaaaaay! ¡Era tan mona cuando se ponía tímidaaaaaaaa!
Una risa cristalina escapó de mis labios sin que pudiera remediarlo.
―¡No te preocupes! Te prometo que no muerdo, ¡dime!
―¿Podría… tocar tus orejas?
Mi mirada se imantó a la de ella, ligeramente más abierta por la sorpresa, al tiempo que mis orejas se irguieron debido al interés. Apenas un segundo después, no me molesté en contener unas suaves carcajadas idénticas a las anteriores.
―¡Claro! Pero con una pequeñita condición ―expuse mientras iba poniendo en práctica el siguiente paso de la receta―. Me cuesta mucho mantener mi cabello limpio, especialmente por la zona de las orejas, que son bastante delicadas, pero si te lavas las manos con jabón y te las secas muy bien con una toalla o un paño limpio, te dejo tocarlas, ¿vale~? ―sonreí alegremente mientras me volvía hacia mi compañero, quien quizás no había escuchado la conversación―. Uker, ¿sabes dónde está el jabón y algún paño limpio para que Akura pueda lavarse las manos?
Sin embargo, la llegada de Akura supuso una novedad de lo más interesante. Si ella no tenía muchos amigos, ¡quizás yo pudiera intentar serlo! Y el primer paso para intentar conseguirlo era preguntar por la que parecía su gran pasión: ¡la pintura! … O Uker. No pude evitar mirarla con genuino interés cuando dijo que le gusta dibujar a mi compañero.
―Ah, ¿sí~?
¿Será la típica admiración de una niña hacia su hermano mayor… o quizás uno de esos amores platónicos infantiles? Por suerte, ¡tenía tiempo de sobra para intentar averiguarlo! ¡Qué divertido!
―¡Tonterías! Estoy segura de que ya lo dibujas muy bien. Como mínimo, ¡muchísimo mejor de lo que lo haría yo! ―reí con suavidad al ritmo del movimiento de mi cola.
El olor de la comida iba llenando la habitación conforme pasaban los minutos, y mientras seguía con mis tareas supuse que, por lo que comentaba, para Akura dibujar debía ser el equivalente a cocinar para mí. Algo entretenido y relajante. ¡Y con su edad yo también tendía a preparar únicamente los platos que me salían bien! ¡Al final vamos a tener bastante en común!
―¡A ver, a ver! ―exclamé mientras bajaba levemente el fuego para que no se quemara nada mientras prestaba la mitad de mi atención a la niña―. Uuuh~, ¡son muy buenos, da hambre sólo de verlos! ¡Y los dibujos son un gran sistema para recordar muy bien los platos que has comido! ¿Te has planteado dibujar un menú de lo que vais comiendo a lo largo del día? ¡Podría ser muy divertido!
Pero, por supuesto, no iba a consentir que mi curiosidad fuera la única satisfecha el día de hoy. ¡Que quisiera saber algo de mí, era muy buena señal!
―¡Claro! Pregunta lo que quieras~.
¡Aaaaaaay! ¡Era tan mona cuando se ponía tímidaaaaaaaa!
Una risa cristalina escapó de mis labios sin que pudiera remediarlo.
―¡No te preocupes! Te prometo que no muerdo, ¡dime!
―¿Podría… tocar tus orejas?
Mi mirada se imantó a la de ella, ligeramente más abierta por la sorpresa, al tiempo que mis orejas se irguieron debido al interés. Apenas un segundo después, no me molesté en contener unas suaves carcajadas idénticas a las anteriores.
―¡Claro! Pero con una pequeñita condición ―expuse mientras iba poniendo en práctica el siguiente paso de la receta―. Me cuesta mucho mantener mi cabello limpio, especialmente por la zona de las orejas, que son bastante delicadas, pero si te lavas las manos con jabón y te las secas muy bien con una toalla o un paño limpio, te dejo tocarlas, ¿vale~? ―sonreí alegremente mientras me volvía hacia mi compañero, quien quizás no había escuchado la conversación―. Uker, ¿sabes dónde está el jabón y algún paño limpio para que Akura pueda lavarse las manos?
